Joaquín Rivery Tur
Servicio Especial de la AIN
La más deleznable de las acciones es buscar ventajas de cualquier
tipo de la desgracia ajena, sobre todo con los niños. En Estados Unidos parece haber
rebrotado este tipo de mentalidades que no se preocupan por ninguna cosa salvo sus
intereses.
Los diez norteamericanos sorprendidos cuando secuestraban de Haití
hacia República Dominicana a 33 infantes entre dos y 12 años, ahora se deshacen en
explicaciones de sus "nobles" propósitos y su supuesto interés en ofrecer una
vida mejor a los niños que sacaban ilegalmente de la nación caribeña sin autorizaciones
ni documentación alguna.
Uno se pregunta a cuáles recursos o promesas echaron mano para
lograr que una mujer de nombre Magonie les cediera a sus cinco retoños.
"Se los di al pastor (que encabezaba el grupo) para que les
diera una vida mejor, pero ahora me siento arrepentida", dijo la mujer.
La operación del secuestro de los infantes estuvo coordinada por
cinco hombres y otras tantas mujeres, todos norteamericanos.
La ministra haitiana de Cultura y Comunicaciones, Marie Laurence
Jocelyn Lassec, explicó que las autoridades del país son conscientes de que tras el
terremoto han existido muchos intentos de robos de menores y, debido a eso, han reforzado
la vigilancia en las fronteras y en el aeropuerto de la capital pues, según datos de
UNICEF (Fondo de Naciones Unidas para la Infancia), se ha llegado a pagar hasta 25 mil
dólares por un niño haitiano.
Los comerciantes de menores aprovechan el hecho de los miles de
huérfanos deambulando por las calles de Puerto Príncipe, amén de que muchos padres no
pueden cuidar como deben a sus hijos.
El caso recién descubierto vuelve a poner el dedo sobre la llaga de
las lacras de la sociedad estadounidense, donde están presentes la propaganda de la
violencia, el lucro y la impiedad.