Por Raymundo Gómez Navia, enviado especial
Puerto Príncipe, 3 feb (AIN) Anuncios de nuevos movimientos
telúricos en Haití y de grados superiores en la escala de Richter, interrumpieron el
proceso de vuelta a la normalidad observado aquí y provocaron reacciones de alarma entre
la población de esta capital.
Ciudadanos que habían comenzado a retornar a las residencias de
mampostería, a 20 días del terremoto, en la noche de este martes se desplazaron en masa
hacia parques y terrenos de fútbol y otros, y durmieron al aire libre.
Las consecuencias del cataclismo son visibles: mas de 200 000
muertes, principales edificaciones públicas y viviendas derrumbadas, su memoria
histórica y cultural destruida (se habla de mas de trece mil obras de arte naif del Museo
de Arte, irrecuperables).
A ello se suma la desestabilización de su Gobierno, Senado y
Cámara de Diputados, la paralización de sus sistemas de educación y de otros servicios
públicos, entre otros males presentes en la capital y en su periferia.
Haiti, perteneciente a la isla denominada La Española, tiene a su
haber varios sismos, unos peores que otros, en los años 1751, 1770, 1842, 1935 y 1946. El
último más grande se remonta a 1751.
Según la definición, los movimientos sísmicos son consecuencia
directa de la composición geológica de la Tierra. Las distintas partes que componen su
superficie, conocidas como placas tectónicas, se mueven continuamente y chocan entre si
en diversas partes del globo terráqueo.
Se afirma en los medios geológicos, que en esta porción del
hemisferio, confluyen oblicuamente, en la posición que ocupa La Española, las placas de
Norteamérica y el Caribe.
Funcionan como puntos divisorios de ellas las conocidas como fallas
Septentrional y Enriquillo.
El día 12 de enero en Haití el epicentro del terremoto se situó,
según el Instituto Sismográfico de Estados Unidos, a unos diez kilómetros de
profundidad y a sólo tres kilómetros de la falla de Enriquillo
Un equipo de científicos encabezado por el profesor estadounidense
Paul Mann, de la Universidad de Texas, vaticino en el 2008 la aparición de este fenómeno
en La Española, tras analizar los datos existentes por la liberación de la tensión
telúrica acumulada desde el 1751 a la fecha.
Solo quince kilómetros separaron a Puerto Príncipe del epicentro
del terremoto, por lo cual fue elevado el grado destructivo y tan terribles sus
consecuencias.
Las subsiguientes réplicas, registradas en Puerto Príncipe y sus
alrededores de manera frecuente, con una intensidad entre los 4,4 y 5,9 grados, según el
Instituto Geológico de Estados Unidos, y que llego a 6,1 en la escala abierta de Richter,
el miércoles 20 de enero, han mantenido sobre ascuas a la población capitalina que se
encuentra viviendo en plazas, parques y calles, mientras en número creciente emigra hacia
otros Departamentos del país.