Raymundo
Gómez Navia
Puerto Príncipe, 25 ene (AIN) Hay que unificar los
esfuerzos para evitar que se produzca en Haití un desastre aún mayor. La ayuda
internacional a esta sufrida población debe fluir de manera conjunta con la ONU y en
cooperación con las autoridades haitianas.
La inmediata atención médica a los heridos y enfermos resulta la actual y más
urgente tarea, la cual precisa de la presencia de cirujanos, galenos de variadas
especialidades, enfermeras y técnicos de la salud en todos los centros hospitalarios y
puntos de atención sanitaria en funcionamiento ahora y otros por abrirse.
Igualmente es imprescindible y urgente el suministro de equipos y medicamentos
para esta etapa, incluidos antibióticos y sueros.
A la par de estas vitales acciones, se impone desarrollar la guerra contra
roedores, mosquitos y otros portadores de diversas enfermedades transmisibles.
La fumigación de todos los lugares con posibles focos de infestación aparece
también como imperiosa necesidad, por lo que técnicos y especialistas del control de
vectores devienen fuerza fundamental para actuar en todas las calles y lugares de esta
capital.
También se necesitan arquitectos, ingenieros y personal experimentado en
construcciones, para reconstruir las instalaciones hospitalarias y otras de primera
necesidad que puedan ser reactivadas.
Expertos internacionales afirman que como consecuencia del sismo en esta
capital, un 60 por ciento de las edificaciones ha sido totalmente destruido. Otro 30 por
ciento de las instalaciones en el territorio capitalino está seriamente dañado, y el
restante 10 por ciento tiene relativa estabilidad constructiva.
A los anteriores aspectos hay que unir la atención a las restantes necesidades
básicas de sobrevivencia de los cientos de miles de personas que han quedado sin hogar y
pernoctan en los espacios abiertos como parques, campos deportivos y calles.
La capital, construida a partir de 1749 por los franceses con una
infraestructura para una población que no rebasaba las 250 mil personas, en los últimos
doscientos años fue regularmente saturada por los miles y miles de personas que arribaban
a sus predios procedentes de otros departamentos, en busca de oportunidades de trabajo y
desarrollo humano.
Estadísticas confiables sitúan entre dos y medio, tres y hasta cuatro millones
los habitantes que residían en esta ciudad antes del sismo.
A los siglos de explotación colonial, invasiones, dictaduras... se unió ahora
la falta de alimentos básicos, agua, kerosene y carbón de madera y productos higiénicos
personales.
La distribución rápida, sistemática, organizada de los recursos que la
comunidad internacional está haciendo llegar hasta el aeropuerto internacional Toussaint
Loverture o por vía portuaria, es una demanda de la población conocedora del
almacenamiento de miles de toneladas que no llegan a sus manos.
Estas y no otras acciones es lo que necesita el pueblo de Haití tras los
embates de la Naturaleza.