| Haití: de la historia a la
actualidad Raymundo Gómez Navia
Enviado especial de la AIN
Puerto Principe, 22 ene.- Haití ocupa la parte occidental de
la isla de La Española, compartida con República Dominicana. Es el tercer país en
extensión del Caribe.
Territorio montañoso, las dos terceras partes de sus tierras
tienen una elevación superior al 20 por ciento sobre el nivel del mar.
Resulta una de las naciones más pobres del mundo y la mayor
parte de las granjas agrícolas son pequeñas explotaciones familiares donde se cultiva
para el consumo maíz, papa, judía, arroz, bananos, etc. La pesca es extremadamente
artesanal.
Hasta aquí lo que aparece en cualquier sitio de acceso
informativo sobre este país caribeño, pero se obvia, ex profeso, su historia, de gran
trascendencia en estos momentos de la Humanidad.
Haití fue ocupada por Francia en el siglo XVII y en 1749
fundaron Puerto Príncipe e influyeron en la forma de construcción.
Negros africanos fueron conducidos hasta aquí como fuerza de
trabajo para las plantaciones cañeras y cafetaleras galas.
El nueve de octubre de 1779, unos 800 voluntarios de la
entonces conocida como Saint Dominique, entre quienes estaban los que años después
encabezarían la lucha de independencia haitiana, participaron en la Batalla de Savannah,
Georgia, por la liberación de las Trece Colonias, hoy Estados Unidos.
Tras la toma de la Bastilla, los aires de libertad de la
nueva República francesa llegaron hasta los oídos de los negros esclavos, determinados a
hacer valedera su libertad.
Una ceremonia de vodu el 14 de agosto de 1790, en el sitio
conocido como Bwa Kayman, fue lugar y momento que marcó el inicio de la lucha hacia la
liberación de la esclavitud.
Marcados con las contradicciones propias de la época y el
lugar, transcurrieron trece años de batalla de los negros esclavos, descalzos, apenas
armados de sus herramientas de trabajo (machetes, coas, palos), guiados por negros libres
y mulatos participantes en ejércitos en Francia y otros lugares.
Alexander Petion, Toussaint Loverture, Jean Jacques
Dessalines fueron insignes patriotas que encabezaron la lucha que derrotó al mejor
ejército del momento, dirigido por Napoleón Bonaparte.
El primero de enero de 1804 Dessalines proclamó la primera
Constitución haitiana. Acontecía así un hecho único en la historia de la Humanidad: la
Revolución triunfante de esclavos y la primera República negra, que abrieron el camino
de independencia de los sojuzgados pueblos de América Latina y del Caribe.
Todas las potencias coloniales del momento bloquearon a la
destruida economía haitiana tras la Revolución.
Contradicciones internas generaron enfrentamientos y
retrocesos en el desarrollo de la República. Las masas campesinas y estratos más pobres
de la población se opusieron al nivel injusto de distribución de la tierra y de la
riqueza social.
En 1915 Estados Unidos utilizó la tensa situación interna
como pretexto para su invasión a Haití.
Inmediatamente las principales compañías norteamericanas se
posesionaron de las mejores tierras y espacios para la explotación de una incipiente
industria.
Allí permanecieron los marines yanquis hasta 1944,19 años
durante los cuales las riquezas del país pasaron a los consorcios estadounidenses.
Al año siguiente de la salida, la lucha se agudiza. Se
suprimen las libertades y la juventud se rebela, con jóvenes comunistas al frente como
Jacques Stephen Alexis, y organizan huelgas.
Los distintos gobiernos de EE.UU aplicaron en Haití en todos
esos años su dominio a distancia.
Así lo hicieron con los Duvalier, padre e hijo, desde que el
primero asumió el poder en 1954 y el segundo le continuó, a su muerte, hasta 1986.
Luego respaldaron a militares haitianos formados en sus
escuelas, quienes ejecutaron golpes de estado y derrocamientos de civiles elegidos en
comicios.
Para colmo de desfachatez política, el gobierno de George W.
Bush secuestró al presidente Jean Bertrand Aristide en el 2004 y lo sacaron a la fuerza
hacia Sudáfrica. Después dieron paso a una operación de sustitución de la presencia
física de sus tropas por otras de las Naciones Unidas, bajo el nombre de Mision de la ONU
para el Restablecimiento de Haiti, que lleva ya mas de nueve años en el territorio.
Ahora, tras el sismo sufrido por la capital haitiana y sus
alrededores, el imperio retoma su presencia en suelo haitiano y caribeño para, como han
proclamado, prevenir las alteraciones del orden por parte de pobladores hambrientos y
sedientos.
Esos "hambrientos y sedientos" solo preguntan:
¿Para que tropas militares de asalto aerotransportadas?
¿Para que tantas armas, tanquetas, logística de guerra?
¿Por qué impedir el aterrizaje en nuestro aeropuerto de la
ayuda humanitaria de nuestros hermanos de las islas del Caribe?
¿Por qué se retienen en nuestro aeropuerto miles de
toneladas de ayuda humanitaria llegada desde diversas partes del mundo?
¿Por qué lo poco que se esta distribuyendo, con aparatoso
despliegue de prensa y televisión, no se hace mas organizadamente, y prácticamente se
les lanzan a las masas los productos, por demás, con una gran bandera norteamericana,
para provocar el forcejeo de los necesitados?
Los más aguzados se responden ellos mismos: "Están
calentando los calderos para meter vivo al pollo".
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