Roberto
Pérez Betancourt
Servicio Especial de la AIN
El líder cubano Fidel Castro alertó 12 años atrás que sobre
Haití se cernía un permanente huracán, aludió al calamitoso estado sanitario y
económico de ese país, y propuso un programa de ayuda conjunta con médicos cubanos y
aportes financieros de otras naciones, que aún aguarda por oídos receptivos.
En su discurso de clausura del V Congreso de los Comités de Defensa
de la Revolución (CDR), el 28 de septiembre de 1998, al analizar la situación que
afrontaba Haití tras el embate de un huracán, Fidel fue claro al exponer:
"Partiendo de la premisa de que el gobierno y el pueblo de
Haití aceptarían gustosos una importante y vital ayuda en ese campo, proponemos que si
un país como Canadá, que tiene estrechas relaciones con Haití, o un país como Francia,
que tiene estrechas relaciones históricas y culturales con Haití, o los países de la
Comunidad Económica Europea, que están integrándose y ya tienen el euro, o Japón,
ponen los medicamentos, nosotros estamos dispuestos a poner los médicos para ese
programa, todos los médicos que hagan falta, aunque haya que enviar una graduación
completa o el equivalente."
En años posteriores la hermana nación afrontaría otros graves
embates de la naturaleza, hasta el más reciente terremoto que ha causado un desastre de
proporciones inimaginables.
Situaciones dramáticas no le han faltado a los haitianos para
conmover la sensibilidad humana en naciones poderosas, que cuentan con recursos
abundantes, las que con ínfimo aporte podrían contribuir a que cada año no mueran los
25 mil niños haitianos que perecen por causas prevenibles.
Fidel recordaba que en Haití diariamente fallece tanta gente por
ausencia de atención sanitaria y otras calamidades sociales, como la que un ciclón
aniquila en su paso por allí.
"Un programa de salud --esto lo hemos hablado nosotros con
algunos dirigentes políticos que han visitado nuestro país-- podría salvar a 15 mil de
esos niños, y en un cálculo muy conservador, otras 10 mil vidas más de niños entre 5 y
15 años y de jóvenes y adultos pueden salvarse sin grandes gastos", subrayaba
Fidel, y a seguidas preguntaba:
"¿Por qué a partir de esta amarga experiencia, de este daño
que sufre ese país, que nos viene a recordar la larga tragedia de ese pueblo, no se le
ayuda en ese campo?"
Aunque en aquella ocasión no hubo respuesta de los grandes y
poderosos, la pequeña y bloqueada isla caribeña envió sus médicos, enfermeros y
paramédicos para librar la titánica batalla y allí los sorprendió ahora, junto al
pueblo haitiano, el terrible terremoto y ahí permanecen.
Desde hace años la contribución activa del personal médico y
otros técnicos cubanos de la salud ha sido permanente en Haití, con brigadas que han
afrontado todas las dificultades in situ, bajo huracanes y en tiempos normales, y que hoy
no dejan de laborar incansablemente para salvar vidas de entre los escombros.
Y en otro orden de temas, Fidel precisaba en 1998: "Haití no
necesita soldados, no necesita invasiones de soldados; lo que necesita Haití son
invasiones de médicos para empezar, lo que necesita Haití, además, son invasiones de
millones de dólares para su desarrollo. Eso no lo tenemos nosotros, pero lo tienen de
sobra los organismos internacionales: lo tiene el Banco Mundial, lo tienen las otras
instituciones y lo tiene Occidente, con capacidad suficiente para dar un ejemplo de
humanidad.
"Ese es el país que se encuentra entre los más pobres del
mundo y es el más pobre de América Latina, sin discusión: poco espacio, tierra
erosionada, montañas desforestadas, zonas pesqueras agotadas".
Ahora que un gran terremoto ha vuelto a poner al pueblo haitiano en
los cintillos de toda la prensa mundial, esta redescubre, como novedad, la miseria, el
desempleo, el atraso en general que prevalece allí. Es buena ocasión para que en la
conciencia mundial, Haití deje de significar solo estadísticas fatales y se convierta en
ocupación real de la humanidad.
En el actual minuto de tragedia, las palabras del máximo líder de
la Revolución cubana hace 12 años, vuelven a adquirir plena vigencia para recordar que
Haití no necesita limosnas, sino atención permanente y eficaz de la comunidad de
naciones desarrolladas, campo en el que Cuba es ejemplo de referencia.