Raymundo Gómez Navia
Puerto Príncipe, 18 ene (AIN) La situación causada por el sismo en
esta capital hace afirmar a expertos internacionales presentes aquí que un 60 por ciento
de las edificaciones han sido totalmente destruidas, declaro Ricardo García Nápoles,
embajador de Cuba en Haití.
En un intercambio con especialistas venezolanos llegados en ayuda
del pueblo haitiano, el diplomático cubano recibió la apreciación de ellos sobre el
terreno, que les permite asegurar que está seriamente dañado otro 30 por ciento de las
instalaciones en el territorio capitalino, y el restante 10 por ciento tiene una posición
de relativa estabilidad constructiva.
Esta capital sufrió el pasado martes 12 de enero los efectos de un
sismo de siete grados en la escala abierta de Richter, que ha provocado inconmensurables
daños en toda su infraestructura, residencias, edificios públicos y otros, así como
también una cifra de muertes imposible de cuantificar con exactitud.
Aún este domingo, a cinco días del siniestro, reposaban bajo los
escombros los cuerpos sin vida de los que no pudieron escapar al colapso de las
edificaciones, su inmensa mayoría construidas con bloques, argamasilla, cemento y otros
materiales, pero endebles ante un fenómeno natural como el acontecido.
El país no solo sufrió la destrucción de las edificaciones en la
capital y sus alrededores, sino que además, el funcionamiento desde el Gobierno central,
sus principales ministerios y otras entidades, se ha desestabilizado, por las pérdidas de
personal, documentos trascendentes y otros aspectos fundamentales.
La población de la capital empieza a salir del primer impacto
terrible del sismo, y se contemplan aislados puntos de venta de frutas, canutos de caña,
refrescos y otros artículos, así como de elaboración de alimentos ligeros, entre otros.
Se mantiene por el día un constante ir y venir de un lado para otro
de miles de personas que lo han perdido todo y buscan infructuosamente conocer el paradero
de parientes y amigos, o donde asearse, alimentarse o pernoctar.
Pero aún se mantienen bajo el golpe psicológico de una inmovilidad
general para su reacción en pasos que los lleven a restañar los daños.
Algunos equipos comienzan a retirar escombros, y camiones pesados a
cargarlos y transportarlos hacia otros lugares. Pero es insuficiente este proceso ante la
magnitud tan grande de la tarea por acometer.
En el retiro de escombros, de los cadáveres insepultos, de
apuntalamientos de lugares con peligro de nuevos derrumbes, junto con la atención a los
heridos y acciones de salud para evitar epidemias, es donde se concentran las necesidades
actuales de ayuda internacional a este pueblo.
Como se ha evidenciado sobre el terreno, no hay violencia ni
desorden en esta capital y sus alrededores, y su población permanece pasiva en los puntos
de refugio al aire libre en parques y terrenos deportivos, o, como se ve en numerosos
lugares, acampando con carpas improvisadas en los patios, aceras y calles, y no se atreven
a permanecer dentro de las viviendas que quedaron en pie.
Hay tranquilidad, y el panorama no muestra desesperación en los
haitianos de la capital, una clara señal hacia los que, en el mundo, están batiendo
banderas de militarizar a Puerto Príncipe ante la posibilidad de amenazas de desorden y
de vandalismo.
La ayuda alimentaria está llegando a un aeropuerto colapsado
también, pero que inexplicablemente se retiene en sus instalaciones sin que se organice
su adecuada y disciplinada distribución.
Como se afirmó en su momento por el Comandante en Jefe Fidel Castro
Ruz, nada se puede improvisar en Haití. La contribución del mundo a este pueblo no puede
ser de una naturaleza que pase por el envío de tropas militares, sino por el soporte en
oportunidades de desarrollo económico y social.