| Los
crucigramas, terapia para la memoria Es muy posible que el origen
de los crucigramas se remonte más allá de los finales del siglo XIX, que es hasta ahora
su fecha oficialmente reconocida, y quien sabe si este entretenimiento tenga otra cuna que
no sea la inglesa, aunque para pensar que son más antiguos tenemos un problema: mucho
antes de esa data pocas personas sabían leer y escribir.
Y este es justamente el problema de los crucigramas, que hace
falta estar alfabetizados, por lo que debemos necesariamente pensar que fueron las
personas con acceso a la cultura quienes primero los cultivaron.
Sin embargo, varias fuentes indican que esos primeros
crucigramas aparecidos en la Inglaterra de los años finales del siglo XIX estaban
inspirados en los juegos de palabras de los acrósticos.
Se estima que la primera versión moderna de este entretenimiento apareció a
comienzos de 1900 de forma esporádica en algunos diarios que, con el tiempo, los
convirtieron en secciones fijas a pedido de los lectores, por la popularidad que
adquirieron y porque se empezó a entender que daban cultura.
En su presentación actual fueron desarrollados en Estados
Unidos y se sabe que comenzaron a aparecer de forma reiterada en diciembre de 1913, en el
suplemento dominical del diario New York World. Diez años después, ya el crucigrama era
punto fijo en ese diario estadounidense.
Han pasado los años y los crucigramas fueron tomando
protagonismo dentro de los diarios impresos y las revistas, muchas veces eran publicados
cerca de las tiras cómicas, la cartelera del cine o las contratapas de los diarios, y por
supuesto, hoy no faltan en la red digital.
Los crucigramas, comprobado está, aportan cultura e invitan
a la búsqueda de la palabra que ignoramos, aunque de vez en cuando hagamos el truco de
mirar las soluciones que aparecen publicadas para resolverlos o vayamos sigilosamente al
diccionario. Al final el resultado es que aprendemos.
Lo más novedoso de los crucigramas está vinculado, sin
embargo, a nuestra salud mental, porque los médicos, y sobre todo los geriatras, han
comprobado y recomiendan hacer crucigramas como una forma de mantener las neuronas
funcionando a la mayor capacidad posible.
Los más atrevidos pudieran incluso crear crucigramas, algo
que no resulta tan difícil si partimos, por ejemplo, de hacerlos sobre un mismo tema,
digamos, nombres de animales, de personas, de países, de frutas y de todo lo que la
imaginación nos permita.
Aseguran los especialistas que los crucigramas son algo más
que un pasatiempo, son una forma de ganar memoria, ejercitándola.
Sería muy sano entonces tomar este entretenimiento tan útil
como un aliado contra los achaques de los años, porque revive el interés por lo
desconocido y aporta sabiduría.
Los trucos recomendados son bien simples: si desconoce la
respuesta, siga a otra pregunta, si se abruma porque no logra hacerlo, guárdelo para otro
día. Aseguran los que han estudiado el tema que resulta sorprendente que, con el tiempo,
serán cada vez menos las casillas que deje en blanco.
No hace falta buscar un crucigrama complicado para empezar,
ni querer hacer el más grande del mundo, que por cierto, tiene más de 91 mil casillas.
En efecto, existe semejante enjambre de cuadritos, que se
llenan con los vocablos descritos por 28 mil definiciones, todas diferentes y sin
repeticiones. Según el Libro Guinness de los Récords, ese crucigrama, en inglés, mide
unos cuatro metros cuadrados e incluye un libro de cien páginas con las definiciones e
instrucciones de plegado. |