Por
Alejandro Martínez²
Para
algunas personas los lunares no son más que manchas que adornan, deslucen, y hasta
resultan dañinas para su salud. Para otras, son elementos místicos cuya gama increíble
de significados contienen según su ubicación, cantidad, tamaño, forma o
color las características y futuro de cada ser humano. La ciencia, por suerte,
tienes otros criterios acerca del tema.
Los nevos pigmentados o nevos melanocíticos, como se
les denomina científicamente a los lunares, son formaciones benignas únicas o múltiples
que contienen células provistas de coloración, localizadas en las capas más
superficiales de la piel, o en la unión de estas, según explica la especialista en
Dermatología, Ana Herminia Casas García, en entrevista concedida a José A. de la Osa,
periodista de Granma.
Agrega que las células generadoras del pigmento de la
piel, los melanocitos, proceden de una estructura embrionaria, que una vez formadas,
emigran hacia la piel. O sea, que el desarrollo anormal del melanocito al nivel de la
epidermis crea acumulaciones de células névicas dispuestas en nidos, que a la postre
forman los nevos. Y aunque no es del todo preciso, la exposición de la piel a la luz
solar, también pudiera influir en el surgimiento de los lunares.
Los nevos no tienen un momento fijo para su aparición,
puesto que podemos encontrarlos desde el nacimiento o durante los primeros años de vida,
aunque pueden aumentar en número y forma durante las dos o tres décadas siguientes.
Asimismo, con el paso de los años tienden a aplanarse y desvanecerse, hasta que
desaparecen completamente cuando la persona ha rebasado los 60 años de edad.
Tampoco presentan un lugar específico de
localización, ya que además de encontrarlos frecuentemente en el tronco, extremidades,
palmas, plantas y cuero cabelludo, no es del todo descabellado verlos en lugares como los
labios, el interior de la boca, la parte blanca de los ojos, debajo de las uñas y hasta
en los genitales.
Por lo general, los nevos pigmentados tienen diferentes
formas, según su localización en
las distintas
capas de la piel, ya sea como manchas oscuras; abultados de color café, negro, marrón o
del mismo color de la piel; y los denominados científicamente léntigos, que son lunares
diminutos, planos, y cuyo color varía desde el carmelita hasta el negro.
También existe el nevo pigmentado congénito (nevo
gigante), poco frecuente y ubicado generalmente en el tronco, el cual se caracteriza por
la presencia de una gran mancha de color oscuro provista de pelos, acompañada en
ocasiones de otras manchas más oscuras y de menor tamaño, explica la doctora Casas
García.
El ABCD de los lunares
Como nada es color de rosa, los nevos también tienen
su lado negativo, y pueden llegar a sufrir complicaciones por foliculitis y traumatismos
locales. De esta manera, clínicamente aparecen aumentados de tamaño (sobre todo
asimétricos), presentan cambios de color, escamas, costras, picazón, ulceración,
hemorragia, dolor y pigmentaciones satélites. Las personas con este tipo de síntomas son
propensas a desarrollar melanomas malignos.
Para vigilar este tipo de afectaciones en la piel es
recomendable que la persona realice periódicamente un autoexamen de los nevos, empleando
para ello la regla del abecedario, o sea, el ABCD de los lunares. Con ello podrá evaluar
la asimetría, los bordes, el color y el diámetro de la lesión en cuestión como aparece
en la imagen.

Ante la presencia de algunas de estas características, se recomienda acudir
inmediatamente ante un especialista en dermatología para una correcta evaluación y su
posible tratamiento. El dermatólogo, ante una posible lesión, efectuará una biopsia con
parte del nevo para su posterior extirpación. Para aquellas personas que sienten terror
ante la idea de una cirugía, la misma se realiza bajo los efectos de la anestesia y sin
riesgo alguno para la vida.
Retomando la regla del ABCD, se pueden desmentir
ciertas creencias populares, particularmente dos de ellas. Una, que concibe malignos a los
lunares con pelos, siendo esta una característica más de los nevos, la cual
no guarda relación con su benignidad o malignidad, sino que simplemente unos
tienen pelos y otros no.
La otra creencia es la referida al roce constante a que
están expuestos los nevos ubicados en las palmas de las manos y las plantas de los pies,
lo cual llega a convertirlos en malignos. Teoría equivocada, ya que estos se autoexaminan
y controlan como si estuvieran en otras partes del cuerpo.
También están exentas de peligro dos preocupaciones
fundamentales, relacionadas con la estética de la persona, como son el afeitado o
depilación, y el maquillaje, sobre estas lesiones pigmentadas de la piel, que en
ocasiones pueden resultar desagradables a la vista.