Guantánamo, 13 sep (AIN) Entre los últimos en rendir tributo en Guantánamo
al Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, estuvo Ramón Tillán Calzada, un
cubano de 76 años que durante décadas ha servido incondicionalmente a la Revolución.
Fundador de los Órganos de la Seguridad del Estado, se siente
orgulloso de haber ejercido, casi en el atardecer de su vida, una responsabilidad que lo
mantuvo entrañablemente vinculado al recién desaparecido asaltante al Moncada,
expedicionario del Granma y fundador del III Frente Oriental Mario Muñoz Monroy..
Una vez desmovilizado del Ministerio del Interior, y luego de
ejercer por varios años como Presidente de la Sala de lo Penal del Tribunal Municipal
Popular de Guantánamo, Tillán fue elegido Presidente de la Asociación de Combatientes
de la Revolución Cubana (ACRC) en la más oriental provincia cubana.
Asegura que esa tarea de por sí honrosa y compleja, la ejerció
durante cuatro años con el estímulo adicional de que Almeida era el Presidente nacional
de la organización, y en varias ocasiones tuvo el privilegio de reunirse con él y
escuchar sus consejos y críticas.
Confiesa que esa fue una felicidad a la que nunca aspiró y una
experiencia que guarda como la más preciada de su vida.
Sus intervenciones eran lecciones magistrales, subraya el
guantanamero, en las que inevitablemente uno aprendía a ser modesto, a esforzarse más y
a tener confianza infinita en la Revolución.
Solo en un proceso político como el nuestro precisa-, puede
darse que un Héroe de la República de Cuba, Vicepresidente del Consejo de Estado, con un
historial de leyenda, converse con un subordinado y éste, lejos de sentirse distanciado
de su interlocutor, perciba una familiaridad sin límites.
Esa actitud suya, agrega el entrevistado, me permitió comprender
muchos años después por qué un revolucionario que había pasado por el Moncada, la
prisión, el exilio, el Granma y la Sierra Maestra, era capaz de escribir canciones y
poemas.