Marcos Alfonso
Servicio Especial de la AIN
Seis siglos, años más o menos, puede parecer data descomunal. En
América Latina significa apenas rosario de tratos injustos, guerras fratricidas,
engaños... forman parte, como en cierta ocasión calificara Gabriel García Márquez:
"(
), de las cosas extrañas que nos suceden a los latinoamericanos".
Cuba no aparece de espaldas a semejante realidad. Además de vivir
en propia carne todos los desconciertos venidos desde que Colón descubriera la ínsula.
Hace la friolera de medio siglo, nuevos desmanes se volcaron hacia la Antilla Mayor.
Cruel e inhumana. No puede calificarse de otra manera la política
que, con alevosía y ensañamiento, ha seguido el gobierno de los Estados Unidos contra la
Isla: el bloqueo económico, comercial y financiero.
Conflagración solapada para promover el caos entre la población
cubana: hambre, enfermedades, acceso denegado a los avances de la ciencia y la técnica...
todo arropado bajo mantos desprovistos de los más elementales asomos de legalidad y
legitimidad.
Desde los albores de la Revolución de enero de 1959 nada ha
cambiado el tiempo en relación con semejante política desplegada y acentuada durante la
decena de administraciones estadounidenses que se han sucedido en la Casa Blanca.
Todo lo contrario. Nuevos subterfugios como las denominadas leyes
Torricelli o Helms-Burton, han aparecido sobre el escenario agresivo en el empeño de
recrudecer y conducir hasta límites insospechados semejante engendro.
Durante 17 ocasiones consecutivas la Asamblea General de las
Naciones Unidas ha sancionado tamaña aberración política. El 29 de octubre del pasado
año se aprobó la Resolución 63/7, por 185 votos a favor y solo tres en contra. Este
miércoles la condena universal volverá a estremecer al mundo.
¿Cómo ha reaccionado el gobierno de EE.UU.?: mantiene sobre el
tapete todo el andamiaje criminal y recrudece los dispositivos políticos, administrativos
y de represión para el desarrollo más descarnado de esa guerra económica contra la
Isla.
Tal política no reposa en el diferendo bilateral Cuba--Estados
Unidos, no lo hace extensivo hacia terceras naciones, aún cuando esté en juego la
soberanía de estas. Entidades norteamericanas y europeas conocen bien de cerca el
maléfico engendro.
El lado más sensible del casi cincuentenario bloqueo radica en las
vidas humanas sesgadas o afectadas. Muchos cubanos de todas las edades, en particular
niños, no pueden acceder a nuevos medios de diagnóstico, tecnologías o medicamentos.
Entre mayo del 2008 y abril de este año, los daños directos al sector de la salud se
estiman en 25 millones de dólares.
No existe esfera de la sociedad cubana ajena a tal genocidio. Tanto
es así que, según estadísticas, el 50 por ciento o más de los nacidos en la Isla han
visto la luz sometidos a esa aberración de la política de Washington contra La Habana.
Pero como buenos latinoamericanos que han padecido a lo largo de la
vida los desmanes del Norte, proseguimos en el luengo batallar. Somos así, y nadie podrá
someternos. La próxima batalla está en la ONU, al doblar de la esquina.