| Tango, burlón y
compadrito El tango, esa poesía cargada
de nostalgia con música de fondo, donde destaca como ninguno el bandoneón, fue declarado
la semana pasada por la Unesco Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Los orígenes de este arte danzario, que abarca también su
música y los textos de las canciones, tiene su origen a principios del siglo XX y es
atribuido a los inmigrantes europeos que -acordeón en mano- engrosaron sus versos con el
sabor del mundo que hallaron en Río de la Plata, donde se asentaron.
La propuesta para que la Organización de las Naciones Unidas
para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) incluyera al tango, música y danza
rioplatenses como un bien cultural, fue impulsada de forma conjunta por Argentina y
Uruguay, países que sin dudas fueron su primera cuna.
Pero sucede que el tango se baila en muchas partes del mundo
gracias a que, quienes lo conocen y aman se han dedicado a llevarlo, enseñarlo, cantarlo
y tocarlo.
En alguna medida, por la noche negra de las dictaduras
Latinoamericanas en la década de los años 60 y 70 del pasado siglo, el tango regresó a
Europa junto a los exiliados, a veces ni siquiera dentro de una maleta inexistente, pero
posado sí en el recuerdo y la añoranza.
La declaratoria del tango como bien cultural humano fue
recibida como un bálsamo para sus seguidores, sobre todo porque también a ellos y a su
arte les golpea la crisis económica y, quien lo diría, la pandemia de la gripe A.
Muchos de los miles de sitios de América Latina y también
de Europa donde esta danza se baila, enseña, o simplemente se escuchan sus canciones
viejas y nuevas tuvieron que cerrar.
Ruina a la vista, el olvido merodeando, hicieron recordar al
famoso tango "Yira- Yira", escrito prácticamente en lunfardo, la jerga nacida
de los barrios populares, y que dice:
Cuando la suerte qu es grela,
fayando y fayando
te largue parao;
cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao;
cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol;
cuando rajés los tamangos
buscando ese mango
que te haga morfar...
la indiferencia del mundo
-que es sordo y es mudo-
recién sentirás.
Verás que todo es mentira,
verás que nada es amor,
que al mundo nada le importa...
¡Yira!... ¡Yira!...
Las cifras hablaron: fuentes del sector vinculado a este arte
aseguraron que cerca del 80 por ciento del público que asiste a espectáculos
"tangueros" en Buenos Aires es extranjero, la mayoría europeo, y en julio, el
flujo turístico cayó en Argentina 39 por ciento.
A pesar de su dosis fuerte de pesimismo, su carga de amores
rotos, ahora tampoco por fortuna el tango va a desaparecer, porque al haberlo rescatado la
Unesco de una mala pasada de la memoria o de la economía, implica necesariamente una
inyección de perspectivas.
El Impulso para rescatarlo puede sacarse de otro tango
famoso, "El choclo", que con más optimismo dice:
Con este tango que es burlón y compadrito
se ató dos alas la ambición de mi suburbio;
con este tango nació el tango, y como un grito
salió del sórdido barrial buscando el cielo;
conjuro extraño de un amor hecho cadencia
que abrió caminos sin más ley que la esperanza,
mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia
llorando en la inocencia de un ritmo juguetón.
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