De
la vida y el mundo Más
Botero: el arte del volumenPor:
Margarita Carmona
Nada de
damiselas enclenques o imágenes difusas, sino gordas fabulosas y caballos obesos, incluso
dolor a todo volumen, marcan un estilo que identifica la obra del colombiano Fernando
Botero Angulo.
Este hombre, considerado el artista Latinoamericano más
cotizado del mundo, nació el 19 de abril de 1932 en Medellín, una ciudad que pertenece
por hecho y derecho a esa vasta región colombiana que por cultura y geografía permite a
sus hijos llamarse paisas, una derivación del término paisano
Un tío suyo quiso que el pequeño Fernando fuera torero, su
respuesta fue pintar un toro y de hecho es esta acuarela su primera obra. Con apenas 16
años hizo una primera exposición en Medellín y partió de inmediato a Bogotá donde
participó en la Exposición de artistas Antioqueños con dos acuarelas.
Comenzaba
muy temprano para Botero un peregrinar por el camino de la incomprensión. Lo expulsan de
la escuela porque las ilustraciones que hace para el periódico El Colombiano
se consideran obscenas; en los años 60 chocará con un New York fascinado
por la abstracción y la pintura de este paisa ya era poética, pero muy directa.
Si quiero pintar una naranja, no la pongo frente
a mí. Prefiero comérmela y después la pinto, diría años más tarde.
Se instala en Bogotá en 1951, contacta con los más
importantes artistas locales, gana el premio del IX Salón de Artistas Colombianos y con
ese dinero marcha a Europa a enfrentarse en el madrileño Museo del Prado con la obra de
Goya, Velásquez y también por supuesto con los grandes artistas de Italia.
Luego de cinco años de ausencia,
regresa a Colombia, cargado con las ideas del mundo europeo, hace una exposición que fue
un fracaso, porque la moda en América era entonces la vanguardia francesa.
Será México, según sus biógrafos y propias confesiones,
el sitio que desde 1956 le ofrece la posibilidad de tomar al volumen como la forma de
expresión que hasta hoy le acompaña y también el punto donde el éxito se convierte
(también hasta hoy y para siempre) en compañero de viaje.
Regresa a su país, ese que según decía le gustaba mirarse
para adentro, y en1958 fue nombrado docente de la Escuela de Bellas Artes de la
Universidad Nacional de Colombia, ganó el segundo premio del X Salón de Artistas
Colombianos con su obra La alcoba nupcial y un año después expone en New York
Comienzo a trabajar como un poeta. Coloco los
colores y realizo la composición sobre la tela como un pintor. Termino mi trabajo como un
escultor, complaciéndome en acariciar las formas, son sus palabras.
Las enormes esculturas de Botero, mujeres enormes, caballos
fabulosos y hasta una Mona Lisa a los doce años, pasean los
museos del mundo y las avenidas y plazas más famosas, como los Campos Elíseos de París,
La Gran Avenida de New York, el Paseo de Recoletos de Madrid, la Plaza del comercio de
Lisboa, la de la Señoría en Florencia, Latinoamérica, su natal Medellín y hasta las
Pirámides de Egipto.
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Es el de Botero un arte para detener al
transeúnte no sólo por la magnitud de las piezas, sino porque resulta imposible hacer
oídos sordos a su llamado, y esa fue sin dudas su intención cuando en 2006 en Roma,
expuso |
| la crudeza a todo volumen de las torturas que
en la cárcel de Abu Ghraib perpetraban soldados estadounidenses contra tantos y tantos
iraquíes. |
Verdad que no fue el primero, ya el español
Francisco de Goya, había pintado su serie 'Los Desastres de la Guerra', Pablo Picasso, el
'Guernica', el ecuatoriano Oswaldo Guayasamín nos estremecía con el rostro del dolor, Y
Botero nos llama ahora a no perder la memoria, porque las guerras son siempre eso,
tragedias que los humanos provocan y otros humanos sufren.
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