| Mica, palabra corta pero con
enigmas De la vida y el mundo: Más
Encontrar mica no parece muy difícil,
pues aunque siempre van acompañadas de otros minerales y todos están medio ocultos entre
duras rocas, figuran entre los elementos más abundantes de la naturaleza.
En 2005, según la British Geological Survey, la India tenía
los mayores depósitos de mica del mundo; China era el mayor productor y le seguían
Estados Unidos, Corea del Sur y Canadá.
Se estima que aproximadamente 3, 8 por ciento de la corteza
terrestre lo componen estos minerales que pertenecen a un grupo numeroso de silicatos de
albúmina, hierro, calcio y magnesio.
Estos maravillosos regalos de la tierra son muy nobles en el
momento de convertirlas en delgadas láminas flexibles, poseen una resistencia inigualable
al calor, al agua y están dotadas de propiedades aislantes eléctricas y térmicas.
La industria moderna necesita la mica en aplicaciones de alta responsabilidad
como aislamiento de máquinas de alta tensión, de gran potencia, turbogeneradores,
motores eléctricos y algunos tipos de condensadores.
Debido a que la mica mantiene sus propiedades eléctricas
cuando se calienta a temperaturas superiores a los mil grados centígrados, se le
considera un material de la clase térmica alta.
Mica hay, obtenerla pura es otro tema. Ante todo hace falta
volar la roca, luego eliminar los minerales extraños, aportarle el calor y contentarse
aún hoy con un bajo rendimiento de explotación, cuya cifra oscila entre el
uno o dos por ciento (raramente se llega al 10%).
Hasta aquí, más o menos abreviada la historia de la mica.
La nota curiosa es otra y para eso hay que remontarse varios siglos atrás en el hoy
mundialmente famoso Valle de los Muertos, en el Teotihuacán mexicano, donde están las
pirámides del Sol y de la Luna.
Datos históricos bien fundamentados aseguran que Hernán
Cortés pasó casi de largo por el lugar que era, por esa época, una montonera de tierra
y vegetación silvestre, el mismo aspecto (tal vez algo más empeorado) que vio Leopoldo
Batres, un seguidor del general Porfirio Díaz, Presidente de México hasta 1911.
Pero Batres no era ni remotamente
adivino, tenía información para saber que allí había algo
más, y el 20 de marzo de 1906 mandó a limpiar el montículo para dejar al descubierto
las dos pirámides que los toltecas usaron entre otras cosas, como templos para adorar,
guardar secretos y quizás oro, aunque ellos, a este preciado mineral le daban poca
importancia.
En la Pirámide del Sol, de unos 70 metros de altura, la
Fundación Viking halló luego, a 300 metros bajo tierra, un cobertizo de techo de uralita
que cubre casi 28 metros cuadrados de suelo hecho con finas láminas de mica de apenas
seis centímetros de grosor.
Los arquitectos de Teotihuacan colocaron mica, ese mineral
aislante, flexible, a prueba de reacciones nucleares y protector excepcional bajo tierra
alrededor del siglo II antes de nuestra era. La primera pregunta es: ¿Para que? No se
sabe, pero se sigue investigando.
La segunda pregunta para no seguir con las interrogantes es:
¿De donde la sacaron, si en el lugar no hay mica?
La respuesta más cercana a este segundo misterio la dio el
propio ADN del mineral al señalar sin duda alguna, que necesariamente los antiguos
mexicanos la trajeron de una veta rocosa situada a más de tres mil kilómetros de
distancia, en el hoy Brasil.
Cómo se las ingeniaron los toltecas para trasladar casi 30
metros cuadrados de mica, es sin dudas otro enigma sin resolver, pero se sigue
investigando con la misma paciencia que tuvieron los que cargaron con esa delicada materia
hace 22 siglos y la pusieron bajo la Pirámide del Sol. |