| Formas de vida "distintas" Hace mucho, pero mucho tiempo, los
científicos, que son quienes más saben, nos convencieron de que la vida no podía darse
si no existían las condiciones mínimas para una supervivencia convencional, esto es
oxígeno, agua, sol, tierra, etc.
El tema salía a colación cada vez que alguien sospechaba o
soñaba, incluso, con la posibilidad de vida fuera de nuestro soleado, oxigenado y
maravilloso planeta. Todo anduvo sobre ruedas hasta que hace apenas unas décadas se supo
de la existencia de seres vivos capaces de vivir de forma "distinta".
Se trata de microorganismos que subsisten en medio de la
radiación nuclear, a temperaturas de más de 80º C o rondando el cero, ambientes
sulfurosos o alcalinos y para asombrarnos más, mientras que un avión se eleva a once
kilómetros en la estratosfera terrestre, ellos lo hacen a 20 y 41.
Que muchas teorías se hayan
desestabilizado con el hallazgo de estos seres no quiso decir que el mundo científico se
descompensara. Rápidamente los bautizaron como "extremófilos" y manos a la
obra, comenzaron no solo a estudiarlos, también a hallarles y ya las
encontraron aplicaciones prácticas para hacerlos sus aliados.
Antes de hablar de sus utilidades, es bueno señalar que
estos seres, que viven en los límites conocidos de la vida, han sido encontrados viviendo
tan campantes gracias al dióxido de carbono (CO2), el agua y el metano que les
proporcionan las fumarolas del volcán Socompa, en el tan árido desierto chileno de
Atacama.
Los "extremófilos" deben haber vivido allí
siempre, pero fue bastante recientemente que fueron descubiertos por un grupo de
científicos de la Universidad de Boulder, Colorado, Estados Unidos, quienes encontraron
una comunidad viva a cinco mil 800 metros de altura.
Uno de estos hombres de ciencia, Steve Schmidt, considera que
este mismo tipo de condiciones de vida pueden darse en Marte y, por ello, deduce, podrían
permitir el desarrollo de seres similares
En otros ambientes letales para los humanos, viven también
bacterias a los que los rayos ultravioletas (UV) no les hacen el menor daño; otros
habitan en sumideros a 20 metros de profundidad y son capaces de metabolizar compuestos de
azufre sin necesidad de luz y también los hay en los duros hielos polares y en la heces
fecales de los pingüinos.
Los "extremófilos" ponen también en aprietos a
los científicos que quieren definir qué es la vida y entender por ejemplo, cómo es
posible que los microorganismos de un túnel de Alaska, que estuvieron congelados durante
32 mil años, "volvieron a la vida" cuando se fue derritiendo el hielo.
Afortunadamente, la actual comunidad científica
internacional tiene herramientas materiales (y mucho más importante, la mente abierta
ante lo nuevo), así que el descubrimiento de modos de vida tan ajenos a los hasta
entonces conocidos no los sumerge en largas controversias verbales, ponen manos a la obra,
sabiamente rectifican la proa, y siguen adelante.
Estudiar a los "extremófilos" ayudará a entender
las posibilidades reales de vida dentro y fuera de la Tierra. También en los años 70, al
científico estadounidense Thomas Brock, tras hallar en una fuente termal del Parque
Nacional de Yellowstone la bacteria Thermus aquaticus, muy resistente al calor, le
permitió la creación de la técnica de reacción en cadena de la polimerasa (PCR),
fundamental para hacer copias del ADN.
Ya están insertados entonces estos seres en las
investigaciones biológicas y genéticas, que permiten detectar genes de cáncer, ayudan
en los análisis forenses, también están presentes en estudios químicos, en la
industria procesadora de alimentos por ser algunos capaces de vivir en extremos fríos y
llegan a influir en la química, la perfumería y hasta en los detergentes.
El término "extremófilo" fue utilizado por
primera vez en 1974, en un trabajo del investigador estadounidense R.D. MacElroy.
Un mundo se abre para el mundo con el hallazgo de estos
seres. Para los científicos y por supuesto para nosotros, los aficionados a saber un poco
de cada cosa, resultan fascinantes, porque tienen el mérito de ser distintos y la virtud
de dejarnos llenos de interrogantes y con muchas ansias de conocer un poco más. |