| La fama traicionera del
gato Es casi seguro que por sus
características, el gato tiene desde la antigüedad fama de traicionero, mal agradecido y
arrogante, pero si se trata de una gata, entonces puede (por puro machismo) llegar a ser
catalogada como una bruja malvada.
Según la mitología egipcia el Dios del Sol, "Ra",
harto de la rebelión de los hombres les envió a su hija Sekhnet, quien con forma de
leona furiosa, sanguinaria y antipática como "la mala de las
telenovelas" comenzó a aniquilar a los humanos.
"Ra" mandó entonces a la Tierra a su hijo Onuris (
el muchacho bueno), quien como guerrero al fin amansó a su hermana al punto de
convertirla en Bastet, una mujer devenida diosa de la maternidad, la danza y la música, y
claro, se le representó como una gata de cuello estilizado y buenita hasta el
aburrimiento.
De todas las razas gatunas que hoy existen, incluso
los que se supone no tienen ni gota de raza, el que más se parece a Bastet es el actual
gato de Abisinia, tan elegante como su tocayo de Angora y también como este, famoso por
su inteligencia, pelaje y por su cola peluda que da envidia.
El de Angora tiene orejas grandes y tiesas, la cabeza más
bien pequeña y los típicos "ojos de gato", es decir grandes, alargados y
oblicuos; sus colores varían desde el ámbar, cobre, verde, azul o dispares.
Evidentemente para ser un gato de categoría, hace
falta tener lo que tanto el de Abisinia, el de Angora o el Maine Coon tienen: perfil
perfecto, patas de atrás ligeramente más altas que las delanteras, detalle éste que les
proporciona cuando suben la cabeza y alargan el cuello, una imagen exquisita.
A las hembras, sean de la raza que sean, no les tocó la
suerte de algunos machos que cuando llegan a la adultez les crece un pelaje detrás de la
cabeza, que tal parece llevan un abrigo de piel.
Con todas estas características, el gatito doméstico, ese
medio arrabalero que cualquiera conoce o tiene en su casa, pudiera parecer que no tiene
historia ni pedigrí, pero no es así, estos simples felinos de hoy fueron en su momento
el centro de mitos, leyendas y objeto de grandes reverencias.
Se estima que el origen de los felinos se remonta a los doce
millones de años, pero fue hace unos cuatro mil años que los egipcios los domesticaron
para que combatieran a los ratones que se comían el trigo.
Como grandes navegantes que fueron, los fenicios los llevaron
a Italia, desde allí poblaron el resto de Europa y les tocó la mala suerte de ser
asociados al diablo en la Edad Media, época en que la pasaron pésimo, hasta que volvió
nuevamente a ser un animal casero y popular en todos los rincones del mundo a partir del
siglo XVIII.
Por poner un solo ejemplo, en la Italia actual los gatos son
una especie de mascotas públicas. Se les puede ver en las plazas y parques y no falta una
mano piadosa que se ocupe de ellos, pero remontando la historia, el esplendor de los
"mininos" fue el antiguo Egipto.
Elevados a la categoría de la diosa Bastet, las leyes
populares prohibían la exportación de gatos y los ciudadanos egipcios estaban obligados
a, si se encontraban algún ejemplar más allá de las fronteras de su país, llevarlo
consigo a la patria.
Ocasionar la muerte a un gato se castigaba con la pena
capital, aunque se hubiera producido de forma accidental. Cuando un gato doméstico
moría, los miembros de la familia se enlutaban y se rapaban las cejas en señal de dolor.
Como también los gatos pueden ser socialmente pobres o
ricos, los de las familias pudientes eran momificados y para demostrarlo, ahí está,
hallado en 1890, un cementerio egipcio de gatos en Berni Hassan, donde se llegó a contar
300 mil momias de gatitos embalsamados. |