Roberto Pérez Betancourt
Servicio Especial de la AIN
La negativa de la Corte Suprema de Estados Unidos a revisar el caso
de Los Cinco antiterroristas cubanos que cumplen injusta prisión, ha permitido constatar
verdades políticas que impulsan a duplicar la lucha social para convertir reveses en
victorias.
Tras casi 11 años de prisión inmerecida, Antonio Guerrero,
Fernando González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y René González siguen siendo
víctimas de la manipulación del poder mafioso-norteamericano, empeñado en prolongar su
sufrimiento y utilizarlo como medio de chantaje.
La primera enseñanza que se desprende de esa realidad es impedir
que la soberbia ejercida por el poder imperial nuble el razonamiento de quienes la
padecen.
Como acaban de subrayar en declaraciones públicas Alicia Jrapko,
Gloria La Riva y Andrés Gómez, importantes líderes de movimientos de solidaridad en
EE.UU., la movilización social y política activa en pro de la liberación de Los Cinco
es el arma fundamental para obligar a razonar a quienes siguen obsesionados en negar
justicia.
La Corte Suprema no ha hecho más que traducir la voluntad del
gobierno de Estados Unidos. ¿Quieren utilizar la libertad de Los Cinco como arma de
chantaje contra Cuba? ¿Pretenden acumular municiones para doblegar la entereza de
principios del gobierno y pueblo cubanos?
Quienes así piensan y actúan, obviamente no han aprendido las
lecciones de la historia. Por eso la negativa de la Corte Suprema, a pesar de todos los
avales imparciales de carácter jurídico y político con que contaba la revisión, es
prueba inequívoca de la mentira que encierra la división de poderes en la llamada
democracia burguesa: Puros fuegos artificiales.
De ahí hacia abajo, consideran a los demás seres humanos como
objetos manipulables en función siempre de sus intereses.
Ha sido así en el caso de Los Cinco y también en el de muchas
otras víctimas del poder imperial en todo el mundo.
Lo prueban, de hecho, cuando liberan a verdaderos espías dentro de
Estados Unidos, después de que fueron detectados, juzgados y sancionados, en atención
obvia a compromisos políticos con los patrocinadores del espionaje, en tanto Los Cinco, a
quienes nunca les han probado tales infundios, siguen sometidos a prisión inmerecida.
Como ha expresado Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento
cubano, la respuesta debe ser multiplicar la exigencia al gobierno encabezado por Barack
Obama para hacer lo que tiene que hacer: sencillamente poner en libertad a Cinco personas
que nunca debieron estar en prisión.
La injusticia manifiesta y probada ha de servir de combustible
impulsor de acciones sociales, políticas, públicas y multitudinarias en el corazón del
imperio.
Hay que salir a combatir con las ideas y la verdad como estandartes,
donde quiera que la sensibilidad de personas honestas comprenda que la solidaridad activa
es el arma fundamental para derrotar a la soberbia y convertir reveses en victorias, por
Los Cinco y por la dignidad de todos los seres humanos.