| Viajar sobre rueditas Parece bastante seguro que el placer de deslizarse sobre la nieve quedó como
una asignatura pendiente y más de uno buscó la manera de hacerlo también en verano.
Así aparecieron los patines.
Se atribuye a un alemán, cuyo nombre se pierde en la
historia, la confección del primer par de patines por lo que es al lutier nacido en
Bélgica, Joseph Merlim, a quien se le da este honor por haber fabricado estos juguetes
deslizantes allá por 1735.
La primera patente de un patín sobre ruedas fue presentada
por M. Petitbled en Francia en 1819, y no pensemos que eran muy seguros, pues aunque
tenían ruedas de metal, madera o marfil, montadas bajo una base de madera, e iban sujetas
con correas a los zapatos, había que ser equilibrista para usarlos.
En primer lugar tenían un tamaño único, y como las ruedas
eran fijas, era imposible desplazarse por una línea curva, con lo cual, la caída casi,
casi, formaba parte del patinaje y muy pocos se atrevieron a usarlos.
En 1823, en Londres, Robert John Tyers patentó el
modelo "Rolito" que tenía cinco ruedas fijas en línea y fue éste el que más
confianza generó en el público. Fueron los alemanes quienes se llevaron las palmas
patinando. Estaban encantados aunque fuera cayéndose y volviéndose a parar.
Fue tal el entusiasmo alemán, que en 1840 apareció en las
cercanías de Berlín una taberna donde los bebedores de la excelente cerveza local eran
atendidos por muchachas sobre ruedas. Dos años después, la novedad llegó a Inglaterra y
Estados Unidos, donde se abrieron cientos de pistas de patinaje.
Pero se seguía patinando en línea recta, hasta que en 1863, en Estados
Unidos, James Leonard Plimpton colocó las ruedas bajo suspensiones de goma y así fue
posible maniobrar y lograr los primeros giros. Las caídas fueron menos, aunque siempre la
habilidad del patinador era vital.
Los actuales patines ya vienen con los zapatos puestos, son
muy ligeros, seguros y permiten tal cantidad de giros y acrobacias como las que no pudo
soñar nunca el lutier Merlim, ni tampoco los audaces que se encaramaron sobre ellos.
Entre otras cosas, porque en 1735 los patinadores como
era la costumbre de la época andaban el día entero enfundados en trajes, no era
bien visto estar sin sombrero y las damas, con sus vestidos largos y aún apretujadas en
afinadores de cinturas, tenían pocas posibilidades de maniobra.
Pero como siempre pasa, los pioneros son los pioneros, se
ganan los méritos a fuerza de voluntad aunque ese signifique hacer el ridículo en
público, dislocarse un tobillo o en el caso de aquellos años y de las mujeres en
particular, podría implicar ¡horror, qué vergüenza! mostrar las enaguas en
público. |