| Mary, el paraguas y la
bestia Nadie duda la utilidad del paraguas,
tampoco lo incómodo que resulta mantenerlo a mano después que lo usamos, no olvidar
tampoco el detalle que las sombrillas tienen una facilidad sorprenderte para perderse. La
siguiente historia tiene que ver con una inglesa y un hipopótamo.
Mary Henrietta Kingsley nació el 13 de octubre de 1862 en
Kingsley, Inglaterra, era hija de un médico que viajaba por su trabajo y devino escritor
de éxito. Su madre en cambio, era inválida, por lo que la lógica de aquellos tiempos
indicaba que la joven debía quedarse en casa. Lo hizo, pero leyendo y escuchando
historias de lugares remotos.
A los 30 años se quedó sin ambos padres, heredó una renta
que la salvó de posibles penurias económicas y decidió visitar los lugares que su padre
hizo entre varios grupos humanos africanos.
En agosto de 1893 Mary llegó a Luanda, Angola, allí vivió
con los lugareños, quienes le enseñaron las habilidades necesarias para sobrevivir en la
jungla africana, y a menudo se adentraba sola en zonas peligrosas (con su paraguas).
En 1895 volvió a África para estudiar a los caníbales, se
desplazó por el agresivo río Ogooué, donde descubrió especies de peces, desconocidas
hasta entonces y como si fuera poco, escaló el Monte Camerún de cuatro mil cien metros
de altura, una ruta nunca hollada anteriormente por ningún europeo.
A Inglaterra llegaban las noticias de sus aventuras y
descubrimientos por lo que a su regreso a Londres en 1895, ya era famosa, dictó
conferencias y fue centro de la admiración de muchos y las críticas de otros tantos.
Mary Kingsley disgustó a la Iglesia de Inglaterra cuando
criticó a los misioneros por su empeño en cambiar a los africanos, defendió a los
pueblos autóctonos y pidió respeto para sus costumbres como la tan criticada poligamia.
Explicó por ejemplo: "furiosas masas de infamia,
degradación y destrucción se expanden por toda la costa nativa... la consecuencia
natural del abandono de una poligamia ordenada por una monogamia desordenada".
Argumentaba que "un hombre negro no es menos
desarrollado que un blanco", no consideraba a "los nativos como
inferiores... sino con un tipo de mentalidad diferente de la del hombre blanco
-un tipo de mentalidad, decía, muy aceptable, a su manera".
Estas ideas, dichas hace más de cien años y para colmo de la paciencia social de su
época, pronunciadas por una mujer, resultaban verdaderas bombas. Sus biógrafos aseguran
que narraba sus vivencias con total naturalidad. Ejemplo de su carácter, al fin aparece
ahora la historia de la sombrilla y la bestia.
Al narrar un viaje por un río en el África Occidental se
las tuvo que ver con un hipopótamo que hizo lo imposible por volcar su embarcación y
ésta fue su reacción y esta sus palabras: "Con mucha precaución me incliné y le
acaricié suavemente detrás de una oreja con la punta de mi paraguas. El animal me miró
perplejo y nos separamos en inmejorables condiciones: el monstruo se marchó dando
resoplidos. Por fin mi paraguas, después de cargar con él de Cambrigde a África, había
servido para algo, bien útil por cierto." |