| Un arte de canto y baile, el
chamamé El chamamé es un género bailable de la música argentina, cuyo origen se
sitúa en las provincias de Corrientes y Misiones y aunque se extendió a otras zonas y
también a varios países, sigue siendo en esencia un hermoso canto a la alegría y a la
tristeza.
Sobre su nacimiento, algunos estudiosos ubican a esta unión
de canto y danza en la cultura guaraní, y de hecho, aseguran que la palabra
"chamamé" viene de la voz "ñe? mboe jeroky" que quiere
decir "cantos danzas", aunque también pudiera referirse al "amor de la
amada".
Se le sitúa dentro de Argentina en El Chaco, Entre Ríos,
Santa Fe y Rosario, donde a partir de la primera mitad de la década de 1940 se comenzó a
gestar un gran movimiento "chamamecero" que siguió extendiéndose y hoy abarca
a Buenos Aires, pero también a sus vecinos de Paraguay, Brasil, Bolivia y Chile.
Quienes siguen la línea de situar a esta modalidad
folclórica en la cultura guaraní, advierten que hay que remontarse al siglo XVII, a
orillas del río Uruguay para entender de dónde pudo surgir el chamamé, que hoy por hoy
ni remotamente está olvidado, aunque se interprete con sofisticados instrumentos
electroacústicos.
No por gusto se sospecha de los guaraníes puesto que
aportaron instrumentos que si bien se perdieron en el tiempo y de algunos sólo quedan sus
recuerdos en museos están ahí para patentizar su autoría.
Idearon, por ejemplo, la congoera, una flauta grande hecha
con hueso; el tururu o trompeta fabricada indistintamente de caña; también la mbaracá,
especie de guitarra cuya caja era de calabaza y tenía cinco cuerdas.
Por si fuera poco, porque era y es un pueblo de grandes dotes
musicales, los guaraníes crearon el guatapú, una bocina para atraer los peces; una
flauta parecida a la quena llamada mimby y el cordófono o arpa, actualmente utilizada
casi con exclusividad en la República del Paraguay.
Otros musicólogos aseguran que el origen del chamamé
pudiera estar muy centrado en el nordeste de Argentina, por ser este país el que más
contacto tuvo con los habitantes de las muchas colonias de europeos que se asentaron en
sus tierras.
A estos colonos llamados "alemanes del Volga", los
lugareños por error, les llamaban "rusos" (igual a la costumbre de
llamar en Cuba "gallego" a todo el que llegaba de España) y a su música le
denominaron "polka rusa" cuando al parecer era una modalidad de
"chotis".
En esta zona, aunque muy amplia geográficamente, según esta
línea de estudio la gente se apropió del ritmo y con el tiempo surgieron dos tipos de
chamameceros: el "hacedor" y el "poeta", el primero es aquel que
compone la música con su letra y el poeta, quien escribe solamente las letras.
Un reconocido chamamecero argentino, el sacerdote Julián
Zeni, expresó poéticamente en preguntas la disyuntiva: "¿De qué pasado remoto?
¿De dónde esta fuerza lenta? ¿De qué sepultado imperio? ¿Qué se va agarrando al
suelo? ¿De qué pueblos incendiados? ¿De dónde esta gallardía, le viene este
sortilegio?"
El chamamé, baile que se acompaña también de cantos, está
hecho para que las parejas enlazadas puedan lucir sus habilidades por medio de zapateos
briosos o lentos, pero todos elegantes.
Cada movimiento del cuerpo, sea realizado en pleno campo o
ciudad, transmite detalles de una cultura muy remota y, porqué no, también leyendas que
aunque se pierdan, trastoquen o muten, forman parte de este mundo nuestro que no quiere ni
debe perder ni una gota de su propia historia. |