| Mariana Pineda,
doble heroína Para los historiadores en general y para los españoles en particular, el
reinado de Fernando VII fue fatal.
Lo más reaccionario en el mundo de la política gobernó la
vida y se señala con justeza que la década de 1823 a 1833 fue tan oscura como para
llegar al colmo de dar garrote vil a la joven Mariana Pineda por bordar sobre una bandera
las palabras Ley, Justicia y Libertad.
A Mariana Pineda, nacida en Granada el 1 de septiembre de
1804 y condenada a muerte cuando apenas tenía 26 años, hay que ubicarla en el tiempo, en
la época del segundo reinado de Fernando VII, un hombre inicialmente amado por su pueblo,
pero que muy rápido se convirtió en el más redomado de los absolutistas.
Y absolutismo quiere decir eso mismo: absoluto, "yo o nadie",
"conmigo o contra mi", al punto de que además de ser conocido como el Rey
Felón, se ganó el derecho de ser uno de los monarcas del siglo XIX peor tratados por los
historiadores, aunque a esta alturas, ya ha aparecido alguna mano intentando maquillar
parte de su historia.
El caso fue que durante su estancia en el trono,
desaparecieron la prensa libre, las diputaciones y ayuntamientos constitucionales, se
cerraron las universidades, se restableció la anticuada organización gremial y fueron
devueltas las propiedades confiscadas a la Iglesia
En la última época de su reinado, la llamada Década
Ominosa (1823-1833), se reprimió con saña a los elementos liberales, muchos de sus
propias filas conspiraron contra él con las armas en la mano y fuera de España, se
producía la victoria una tras otra de las fuerzas que liberaban pueblos en América.
Este fue el mundo de Mariana Rafaela Gila Judas Tadea
Francisca de Paula Benita Bernarda Cecilia de Pineda Muñoz, hija de un capitán de navío
retirado, noble, nacido en Guatemala, y de una joven 30 años menor que él, de origen muy
humilde, lo cual les significó que nunca pudieran casarse por razones de diferencias
sociales y presiones familiares sobre él.
En 1803 muere Luisa, su hermana mayor, la madre rompe sus
relaciones con el padre y Mariana queda bajo su tutela, pero al año éste fallece y con
apenas dos años, queda al cuidado de un tío descrito como solterón, achacoso y ciego,
hasta que finalmente pasa a vivir con unos amigos de la familia, José de Mesa y Úrsula
de la Presa, que se convertirán en su familia y le proporcionarán una educación cuidada
según la época.
Rubia, de piel blanca y de ojos azules como era, Mariana, con
tan sólo 14 años conoce a un militar ya retirado y enfermo, Manuel Peralta Valte, firme
partidario del bando liberal y con él se casa para evitar las críticas, nace al año su
primer hijo, luego el segundo y queda viuda a los 18 años, pero muy comprometida con la
causa liberal.
Ya en 1822 la lucha entre liberales y absolutistas se
recrudece, las conspiraciones crecen pero son batidas a golpe de sangre, y allí está
Mariana, cómplice entre otras acciones de la huida de un primo suyo de prisión, sitio
adonde introdujo un hábito de monje y barbas postizas para salvar la vida de ese hombre
condenado a muerte.
Ayudó a presos, sirvió de enlace, conspiró, pero sin hasta
ese momento pruebas en su contra hasta que la indiscreción, el fanatismo o el miedo de
terceros la conducen a la cárcel.
En realidad a Mariana le encargaron bordar una bandera, pero
como no tenía esa habilidad, encargó el trabajo a una criada, amiga de un clérigo
liberal pero hija de un realista.
La joven alertó a su padre para que se pasara al bando de
los liberales porque al parecer al ver ya un símbolo creado, creyó en la
victoria inminente de los enemigos del rey. La delató sin querer, víctima del amor
filial y la inocencia.
Ya había pruebas en su contra, fue confinada a arresto
domiciliario, y posteriormente internada en un convento devenido cárcel para mujeres.
Un elemento importante juega en su vida Ramón Pedrosa y
Andrade, comisionado especial para las causas de conspiración contra la seguridad del
Estado, quien confundió las acciones libertarias de Mariana con un posible coqueteo
amoroso hacia su persona.
Joven, bonita, soltera y decidida parecieron elementos
suficientes para manejar el chantaje: una especie de te perdono la bandera, pero delatas a
los liberales.
Nunca una palabra indiscreta escapará de mis labios para
comprometer a nadie. Me sobra firmeza de ánimo para arrostrar el trance final. Prefiero
sin vacilar una muerte gloriosa a cubrirme de oprobio delatando a persona viviente, le
dijo al jefe de la siniestra policía del Rey.
El suyo fue un juicio lleno de irregularidades; Fernando VII
firmó su sentencia de muerte, que se cumplió en la plaza pública el 26 de mayo, donde
cada año Granada la recuerda como la heroína que fue.
El poeta Federico García Lorca la inmortalizó aún más en
su obra "Mariana Pineda, romance popular en tres estampas" y en 2006, la Unión
Europea le puso su nombre a la entrada principal del Parlamento Europeo.
Y qué menos se podía hacer, Mariana, la heroína dos veces,
castigada por libertaria y por mujer. |