| El chicle es
antiguo, bueno y malo La historia del chicle, como el chicle
mismo, puede estirarse, inflarse y encogerse a gusto.
Existen cantidades impresionantes de información sobre la
gomita de mascar, aunque el sitio Wikipedia, por fortuna, aclara que algunos pueden ser
datos no confiables, (o leído de otro modo, son informaciones que pueden contener
"globos informativos" como el propio chicle).
Verdaderos o medio fantásticos, el caso es que mascar algo
que nos entretenga parece es una necesidad o costumbre muy antigua, tanto que hace unos
años, se encontró en Suecia el que sería el chicle más antiguo conocido hasta hoy: un
pedazo de resina de abedul, con nueve mil años de antigüedad.
Si esto es así, en plena
Edad de Piedra, alguien ya dejó sus dientes marcados en el posible primer chicle del
mundo y alguien desde ese día comenzó a ensuciar el planeta e inauguró la fea costumbre
de tirar su gomita para que otro venga a ponerle el pie encima.
Se asegura que también los antiguos griegos masticaban
resinas de un árbol llamado mastic, los mayas y aztecas utilizaban la sabia del Zapotillo
para limpiarse los dientes, los indios norteamericanos lo hacían con la resina del abeto,
a la que muchos años después los primeros colonos ingleses le agregaron cera de abejas.
Como suele ocurrir en muchos descubrimientos, que buscando
una cosa se encuentra otra, se atribuye al estadounidense Thomas Adamas, el hallazgo de la
resina del árbol Zapotillo que inicialmente serviría para fabricar neumáticos y
terminó en la boca de millones de personas, el chicle.
La resina que extrajo con mucho éxito y millones de dólares
en ganancias el señor Adams, salía de la savia de un árbol que los científicos
denominan Manilkara zapota, popularmente llamado Zapotillo y que es originario de México,
América Central y del Sur.
La palabra chicle viene del náhualt "chictli", esta savia tiene un sabor dulce
y aromático, pero ahora las gomitas se hacen con una base plástica neutra, acetato,
sorbitol y sabores que van desde la refrescante menta a las frutas más variadas y canela.
El haber hallado una forma de entretenerse masticando y de
paso ganar mucho, pero mucho dinero, despertó pasiones. La competencia hizo aportes y en
el año 1880, el también estadounidense William White fabricó la primera goma con sabor
a menta, a la que llamó "Yucatán", el médico Edward Beeman le agregó peptina
para ayudar a la digestión y el dentista Franhlin V. Canning en 1889 les adicionó una
cubierta de caramelo.
Facilitó la compra de los chicles una máquina que desde
1888 los vendía automáticamente, (fue un invento de Adams), pero el señor William
Wrigley en 1915 fue más lejos, ya que tuvo la original idea de reenviarle de regalo tres
pastillitas de menta a todas las personas que aparecían en las guías telefónicas de
todas las ciudades de los Estados Unidos. Rompió marca de ventas.
Hasta aquí más o menos sintetizada la historia del chicle,
pero ahora comienzan los pro y los contra, con algunas historias que involucran por
ejemplo a varios pacientes alemanes que en pleno año 2008 presentaban inexplicables
diarreas y tras mucho investigar, resultaron ser grandes consumidores de gomitas de
mascar.
Masticar constantemente también produce los llamados efectos
osmóticos, que estimulan la creación de saliva, aumentan los jugos gástricos e
intestinales y también la motilidad intestinal, como el caso de los pacientes alemanes,
quien habían acumulado a través del chicle mucho sorbitol, que es un laxante.
En el sitio digital MedicinaXXI.com apareció en enero de
este año un estudio del Instituto Wrigley Science donde se asegura que la acción de
masticar chicle sin azúcar aumenta el flujo sanguíneo cerebral y provoca un mayor
suministro de oxígeno que activa el estado de alerta y mejora la capacidad de
concentración.
El mismo estudio asegura que esta golosina sin azúcar ayuda
a la limpieza bucal, alivia el estrés, mejora el estado de ánimo y puede ser útil para
controlar el peso por sus dosis de entre 5 a 10 calorías por unidad.
Estar a favor o en contra del chicle es optativo, pero no lo
son estos dos detalles: si mastica chicle que sea con la boca cerrada y cuando termine con
él, invente algo original para botarlo, que no sea donde otro vaya a sentarse o a pisar.
(Solo los dueños de perros saben lo desesperante que resulta desprender de las patas del
animal una gomita que alguien tuvo en la boca, por muy limpia y sana que la tenga.)
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