| Ahí
hay una farmacia Si un
lugar resulta fácil de encontrar en cualquier parte del mundo -se hable el idioma que se
hable y sean cuales sean las costumbres-, es la farmacia, una institución surgida casi al
mismo tiempo que las enfermedades y los médicos.
La farmacia, también conocidas como botica, se reconocen
indistintamente por una cruz roja, o verde, pero también por la figura de un mortero, la
llamada Copa de Higía o la Vara de Esculapio, símbolos todos que tienen una historia y
un porqué.
La copa de Higía es la figura más usada internacionalmente
y por decirlo así, la preferida en muchos países latinoamericanos, también en España y
Francia. Se trata de una copa o cáliz en el que está enroscada una serpiente.
El reptil se repite también en la Vara de Esculapio porque en muchas
culturas, la serpiente era la representación del poder confabulado con la magia, por esa
facilidad suya (misteriosa para los antiguos) de cambiar la piel.
En tanto la vara, provista de hojas es la imagen de los
remedios que da la naturaleza contra las enfermedades, la copa o cáliz son el lugar donde
se maceran las hierbas, se muelen las semillas, se crea en fin el medicamento sanador.
A lo que los romanos llamaban Vara de Esculapio, los griegos
denominaban de Asclepio, porque era su dios para la medicina, la curación, el
rejuvenecimiento y también la astrología.
La palabra farmacia viene del griego
farmakon, que significa medicamento y desde sus mismos orígenes estuvo siempre vinculada
al arte de la curación, por lo que el farmacéutico, ese responsable de preparar las
pócimas, jarabes y otros brebajes, era toda una personalidad.
No resulta pues extraño que la figura del farmacéutico o
boticario, junto al barbero, que también hacía las veces de médico, aparezca en la
literatura antigua dentro del grupo de los dignatarios importantes de un pueblo, en el que
no faltaban, por supuesto, el sacerdote, el alguacil o alcalde.
Curioso resulta el papel que entregan los médicos a los
pacientes y que todos creemos es una receta, porque en su lado superior izquierdo aparece
una letra R cortada por una línea que asemeja a la vez una X.
Prácticamente todos podemos jurar que la R significa
"receta", pero en realidad es una orden salida de la palabra latina
"recipe" que se traduce como "hágase", "sírvase",
"acéptese", es decir, era y es el mandato de los médicos para que el boticario
venda o prepare el fármaco.
Hoy la farmacia, un área fundamental dentro de las ciencias
médicas es considerada la rama de la salud que estudia la procedencia, naturaleza,
propiedades y preparación de medicamentos.
Los farmacéuticos comparten con los químicos y los médicos
la responsabilidad de sintetizar compuestos orgánicos con valor terapéutico y a partir
del elevado nivel científico que ya tienen, están capacitados para aconsejar a la
comunidad en materia de salud e higiene.
La era moderna, con sus avances arrolladores abrió un camino
fabuloso para el desarrollo de este mundo mágico de sustancias, compuestos y preparados,
y muy vinculadas a él se cuentan disciplinas afines con nombres tan sugestivos como
Farmacia Galénica, Farmacología, Biofarmacia, Farmacocinética, Farmacodinamia,
Fisicoquímica, Toxicología, Farmacotecnia o Química farmacéutica, entre otros
Pero no por caminar tan de prisa el mundo de las antiguas
boticas olvidó su historia; aún están aunque no siempre a la vista o quizás también
expuestos como recuerdo a modo de museo, los viejos y bellísimos frascos, las sustancias
exóticas, las probetas, tubos de ensayo y esos olores a hierbas y flores que sirven para
sanar.
También los símbolos que en forma de ramas retoñadas,
serpientes sabias, copas con morteros, cruces verdes o rojas, nos avisan: ahí está la
farmacia. |