Pan verde caído de un
árbol
Por: Margarita Carmona Hace
unos tres mil años, alguien se tomó la molestia de llevar desde las Islas Malucas y
Filipinas algunas semillas de Artocarpus altilis y distribuirlas por los lugares por donde
anduvo. Con el tiempo, otros hicieron lo mismo y hoy crece en casi todas partes el mundo,
con más o menos variaciones. Es el llamado árbol del pan.
Normalmente este árbol mide
entre 12 o 15 metros de altura, pero cuando llega a la adultez y si las condiciones le son
propicias, alcanza los 21; raíces suyas han medido hasta 150 metros y el tronco por lo general, 2 metros de diámetro.
Otras características de
esta maravilla de la naturaleza son las flores, que dispuestas en ramilletes unisexuales
son capaces en aparecer por miles en cada ejemplar, mientras que las hojas muy verdes y
lustrosas le dan una imagen majestuosa.
Puede decirse que del árbol
del pan sirve todo. La madera blanda y clara es usada con mucho éxito para fabricar
muebles, construir canoas ligeras y en la Polinesia se hacen casas. Por fortuna, no
aparece entre las especies amenazadas.
La savia lechosa que emana
del tronco se aprovecha como impermeabilizante y
en algunas zonas del Pacífico y del Caribe, las hojas del árbol forman parte de la
medicina tradicional porque aseguran- ayuda a aliviar la ciática.
Las raíces se emplean contra
la diarrea y la disentería cuando se toman como infusión, pero maceradas tienen uso
dermatológico y son efectivas para bajar la presión sanguínea y paliar el asma.
Pero el árbol del pan no se
llama así porque sirva para hacer casas o quitar los ahogos, sino porque ha servido y
sirve durante miles de años, como alimento.
Aquí en el área del Caribe,
específicamente en las Antillas, la especie más conocida es la Artocarpus altilis,
llamada también árbol de
Jack y que se supone llegó a la zona gracias a las navegaciones europeas del
siglo XVII, que trasladaron semillas desde los lejanos mares del sur, a Jamaica, San
Vicente, Martinica y de paso, dejaron semillitas en el trayecto.
Debe haber sido
necesariamente así, pues hoy se encuentra árbol del pan en sitios tan distantes entre
sí como la Isla de Pascua, Tahití, Nueva Zelanda, Tonga, América Central, Sri Lanka y
La Florida, en Estados Unidos, América del Sur, Madagascar y Latinoamérica.
No en todas partes al árbol
lo vinculan con el tal Jack, un aventurero inglés que tuvo que ver mucho con desperdigar
semillas por el mundo, también se dedicó a lo mismo Joseph Banks, pero ninguno lo hacía
por amor romántico amor a la naturaleza.
Las bondades de sembrar el
árbol del pan en medio mundo, al menos aquí, en este sitio caribeño y antillano, fue
para garantizar una comida fácil y económica a los esclavos.
Cuenta la historia que en
1887 la Marina Real de Gran Bretaña ordenó la salida de la nave HMAB Boundy V y puso al
frente de la expedición que iría desde Tahití a las Antillas a William Bligh, un
individuo de carácter duro, cuyas arbitrariedades lograron sacar de sus casillas a los
marineros.
El 26 de octubre de 1788
llegaron a Tahití y cargaron mil 15 ejemplares del árbol. De vuelta a Gran Bretaña
empeoraron las relaciones a bordo y los marinos, amotinados, lanzaron las plantas al mar
en señal de rebeldía contra Bligh a quien la carga importaba más que los hombres. Tuvo
suerte, porque era cruel y antipático, pero no lo tiraron por la borda.
El fruto, verde por fuera y
del tamaño de una toronja o melón pequeño se come asado, pero también de su pulpa
cocinada puede producirse bizcochos, galletas y pan, muy rico por cierto en carbohidratos,
almidón, vitaminas y minerales.
Por si fuera poco, en el
Pacífico y el Caribe usan las fibras del árbol cuerdas,
redes de pesca; las hojas por ser grandes y largas sirven de plato y las
flores macho quemadas, repelen a los peligrosos mosquitos que
abundan en la región.
Este, puede decirse es un
árbol que ha viajado. Además del ya mencionado árbol del pan,
su nombre en tongano es mei, en samoano y hawaiiano,
ulu, en tahitiano, uru, en maorí,
kuru y en algunas partes de Centroamérica se le llama
mazapán.
¿A quién se le ocurrió
primero asar el fruto de esta planta? ¿Quien lo ralló y luego hizo galletas? Quien fuera
nos legó hace unos tres mil años, una excelente herencia. |