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Pan verde caído de un   árbol  
Por: Margarita Carmona

16egarbol.jpg (3717 bytes)Hace unos tres mil años, alguien se tomó la molestia de llevar desde las Islas Malucas y Filipinas algunas semillas de Artocarpus altilis y distribuirlas por los lugares por donde anduvo. Con el tiempo, otros hicieron lo mismo y hoy crece en casi todas partes el mundo, con más o menos variaciones. Es el llamado árbol del pan. 

Normalmente este árbol mide entre 12 o 15 metros de altura, pero cuando llega a la adultez y si las condiciones le son propicias, alcanza los 21; raíces suyas han medido hasta 150 metros y el tronco  por lo general, 2 metros de diámetro.

Otras características de esta maravilla de la naturaleza son las flores, que dispuestas en ramilletes unisexuales son capaces en aparecer por miles en cada ejemplar, mientras que las hojas muy verdes y lustrosas le dan una imagen majestuosa.

Puede decirse que del árbol del pan sirve todo. La madera blanda y clara es usada con mucho éxito para fabricar muebles, construir canoas ligeras y en la Polinesia se hacen casas. Por fortuna, no aparece entre las especies amenazadas. 

La savia lechosa que emana del tronco se aprovecha como impermeabilizante  y en algunas zonas del Pacífico y del Caribe, las hojas del árbol forman parte de la medicina tradicional porque –aseguran- ayuda a aliviar la ciática.

Las raíces se emplean contra la diarrea y la disentería cuando se toman como infusión, pero maceradas tienen uso dermatológico y son efectivas para bajar la presión sanguínea y paliar el asma.

Pero el árbol del pan no se llama así porque sirva para hacer casas o quitar los ahogos, sino porque ha servido y sirve durante miles de años, como alimento.

Aquí en el área del Caribe, específicamente en las Antillas, la especie más conocida es la Artocarpus altilis, llamada  también ‘’árbol de Jack’’ y que se supone llegó a la zona gracias a las navegaciones europeas del siglo XVII, que trasladaron semillas desde los lejanos mares del sur, a Jamaica, San Vicente, Martinica y de paso, dejaron semillitas en el trayecto.

Debe haber sido necesariamente así, pues hoy se encuentra árbol del pan en sitios tan distantes entre sí como la Isla de Pascua, Tahití, Nueva Zelanda, Tonga, América Central, Sri Lanka y La Florida, en Estados Unidos, América del Sur, Madagascar y Latinoamérica.

No en todas partes al árbol lo vinculan con el tal Jack, un aventurero inglés que tuvo que ver mucho con desperdigar semillas por el mundo, también se dedicó a lo mismo Joseph Banks, pero ninguno lo hacía por amor romántico amor a la naturaleza.

Las bondades de sembrar el árbol del pan en medio mundo, al menos aquí, en este sitio caribeño y antillano, fue para garantizar una comida fácil y económica a los esclavos.

Cuenta la historia que en 1887 la Marina Real de Gran Bretaña ordenó la salida de la nave HMAB Boundy V y puso al frente de la expedición que iría desde Tahití a las Antillas a William Bligh, un individuo de carácter duro, cuyas arbitrariedades lograron sacar de sus casillas a los marineros.

El 26 de octubre de 1788 llegaron a Tahití y cargaron mil 15 ejemplares del árbol. De vuelta a Gran Bretaña empeoraron las relaciones a bordo y los marinos, amotinados, lanzaron las plantas al mar en señal de rebeldía contra Bligh a quien la carga importaba más que los hombres. Tuvo suerte, porque era cruel y antipático, pero no lo tiraron por la borda.

El fruto, verde por fuera y del tamaño de una toronja o melón pequeño se come asado, pero también de su pulpa cocinada puede producirse bizcochos, galletas y pan, muy rico por cierto en carbohidratos, almidón, vitaminas y minerales.  

Por si fuera poco, en el Pacífico y el Caribe usan las fibras del árbol cuerdas,  redes de pesca; las hojas por ser grandes y largas sirven de plato y las ‘’flores macho’’ quemadas, repelen a los peligrosos mosquitos que abundan en la región. 

Este, puede decirse es un árbol que ha viajado. Además del ya mencionado ‘’árbol del pan’’, su nombre en tongano es ‘’mei’’, en samoano y hawaiiano, ‘’ulu’’, en tahitiano, ‘’uru’’, en maorí, ‘’kuru’’ y en algunas partes de Centroamérica se le llama ‘’mazapán’’.

¿A quién se le ocurrió primero asar el fruto de esta planta? ¿Quien lo ralló y luego hizo galletas? Quien fuera nos legó hace unos tres mil años, una excelente herencia.

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