De la
vida y el mundo
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las palmeras hay belleza, alimento y fe
Por: Margarita Carmona
Quizá por esa altura
considerable que alcanzan, por lo variado de sus atributos o porque son casi invencibles
ante la fuerza de la naturaleza, las palmeras viven en prácticamente todos los rincones
del planeta y en cada sitio, las rodea una leyenda.
Es posible que el nombre genérico de esta planta se origine
en el griego palamé, que significa palma de la mano, y se
identifica también con los poderes de la mano: fuerza, habilidad, destreza, poder; aunque
extendiendo más allá el significado, pasa a violencia, instrumento, medio, obra.
Otra posibilidad la brinda el latín, lengua en la que la palabra palmae,
extiende también su significado a la mano y su palma por lo que no fue casual que los
romanos utilizaran a la palmera como símbolo de victoria.
Hay tantos tipos y variedades de palmeras que existe incluso
la Asociación Internacional de Palmeras (Internacional Palm Society) que tiene
más de dos mil miembros en 80 países y sus intenciones son, dar a conocer todo cuando
rodea a estas bellezas espigadas y protegerlas.
Para muchos pueblos las palmeras, sean del tipo que sean,
significan trabajo y comida, de muchas de ellas es posible extraer aceite, alimento de sus
frutos y cogollos, alcohol, madera, fibras para confeccionar útiles y los penachos se
convierten en techos.
En su simpático libro El antropólogo inocente el
británico Nigel Barley narra porque lo vio y lo vivió- entre otros muchos temas,
los usos tan diversos que dan a las palmeras borassus, los nigerianos
del grupo étnico dowayo.
Además de usar su fruto en rituales en los santuarios para
el ganado, de la palma borassus extraen los dowayos un fruto
parecido al coco y que consumen de dos formas: la colocan en el agua hasta que germina y
se comen los brotes que son parecidos al apio, o utilizan la pulpa que termina siendo de
color anaranjado y tiene sabor a melocotón.
Las palmeras están presentes en rituales religiosos de las
más variadas tendencias. Existe aún la tradición de colgar tras las puertas ramos
hechos sus hojas, previamente bendecidos por un sacerdote católico el Domingo de Ramos.
Pero esta historia viene de muy lejos, ya que los antiguos
egipcios, caldeos y babilonios utilizaban la figura de la palma en los palos más o menos
ornamentados que aparecen en los monumentos funerarios, porque este árbol era además en
estas tres culturas, sagrado.
Al igual que los africanos dowayos también los antiguas
civilizaciones aprendieron a usar todo de la palmera: los frutos, sus fibras que
convertían en pienso para el ganado, con los restos hacían carbón, de las llamadas
pencas tejían cestos y de sus varios tipos de frutos, preparaban
sucedáneos del pan, del vino, del vinagre y de la miel, componentes
con los que confeccionaban unas tortas riquísimas.
En África son muchos los pueblos que tienen a la palmera
como el gran símbolo de la fecundidad; el hecho singular de la existencia de palmeras
macho y palmeras hembra, la gran esbeltez del árbol, los racimos de dátiles, su extrema
dulzura, la grandiosidad y belleza han contribuido a la divinización del árbol,
alrededor del cual se realiza una serie de ritos de carácter religioso.
También los actuales alemanes y varios países eslavos
mantienen más o menos viva la tradición de que los jóvenes varones persignan a las
muchachas los lunes de Pascua, azotándolas con palmas bendecidas. El rito se invierte al
día siguiente y son entonces ellas las perseguidoras.
Los rusos tienen otro modo de usar la palma en sus ritos
religiosos, cuando regresan de la iglesia tras la misa del Domingo de Ramos, les pegan
simbólicamente a lo que se quedaron en la casa. Todos estos pueblos mencionados cuelgan
luego sus hojas detrás de la puerta principal, para proteger el hogar de los granizos,
los rayos y las tormentas.
En Cuba los católicos también guardan el llamado
guano bendito en sus casas a partir de la Semana Santa, pero en la
religión afrocubana, la palmera aparece además, ligada precisamente a quien entre los
orishas mayores figura como dueño del trueno y del rayo: Shangó.
Es Shangó dentro del panteón Yoruba uno de sus orishas más
fuertes, considerado incluso rey de reyes porque es el dueño
también de la justicia, la virilidad, la danza y el fuego: un guerrero a quien se le
rinde culto no por casualidad bajo un árbol conocido como ceiba o una palmera.
La ceiba y la palmera no se parecen en nada, salvo que ambas
son árboles. En tanto la primera puede alcanzar alturas imponentes, un tronco robusto y
ramas frondosas, la palmera es alta, larga y de tronco mediano, sin embargo resiste como
roca los embates del viento.
Tanto es así que a pesar de la esbeltez de su figura, a la
palmera, sobre todo a la palma real, que tanto abunda en Cuba y que aparece incluso en el
escudo nacional, se le compara con la fuerza y la dignidad cuando se dice: es
como la palmera, se dobla, pero no se parte.
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