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En las palmeras hay belleza, alimento y fe

Por: Margarita Carmona

palmera1.jpg (4173 bytes)Quizá por esa altura considerable que alcanzan, por lo variado de sus atributos o porque son casi invencibles ante la fuerza de la naturaleza, las palmeras viven en prácticamente todos los rincones del planeta y en cada sitio, las rodea una leyenda.

Es posible que el nombre genérico de esta planta se origine en el griego palamé, que significa ‘’palma de la mano’’, y se identifica también con los poderes de la mano: fuerza, habilidad, destreza, poder; aunque extendiendo más allá el significado, pasa a violencia, instrumento, medio, obra.

Otra posibilidad la brinda el latín, lengua en la que la palabra palmae, extiende también su significado a la mano y su palma por lo que no fue casual que los romanos utilizaran a la palmera como símbolo de victoria.

Hay tantos tipos y variedades de palmeras que existe incluso la Asociación Internacional de Palmeras (Internacional Palm Society) que tiene más de dos mil miembros en 80 países y sus intenciones son, dar a conocer todo cuando rodea a estas bellezas espigadas y protegerlas.

Para muchos pueblos las palmeras, sean del tipo que sean, significan trabajo y comida, de muchas de ellas es posible extraer aceite, alimento de sus frutos y cogollos, alcohol, madera, fibras para confeccionar útiles y los penachos se convierten en techos.

En su simpático libro ‘’El antropólogo inocente’’ el británico Nigel Barley narra – porque lo vio y lo vivió- entre otros muchos temas, los usos tan diversos que dan a las palmeras ‘’borassus’, los nigerianos del grupo étnico dowayo.

Además de usar su fruto en rituales en los santuarios para el ganado, de la palma ‘’borassus’’ extraen los dowayos un fruto parecido al coco y que consumen de dos formas: la colocan en el agua hasta que germina y se comen los brotes que son parecidos al apio, o utilizan la pulpa que termina siendo de color anaranjado y tiene sabor a melocotón.

 

Las palmeras están presentes en rituales religiosos de las más variadas tendencias. Existe aún la tradición de colgar tras las puertas ramos hechos sus hojas, previamente bendecidos por un sacerdote católico el Domingo de Ramos.

 

Pero esta historia viene de muy lejos, ya que los antiguos egipcios, caldeos y babilonios utilizaban la figura de la palma en los palos más o menos ornamentados que aparecen en los monumentos funerarios, porque este árbol era además en estas tres culturas, sagrado.

 

Al igual que los africanos dowayos también los antiguas civilizaciones aprendieron a usar todo de la palmera: los frutos, sus fibras que convertían en pienso para el ganado, con los restos hacían carbón, de las llamadas ‘’pencas’’ tejían cestos y de sus varios tipos de frutos, preparaban sucedáneos del pan, del vino, del vinagre y de la miel, componentes con los que confeccionaban unas tortas riquísimas.

En África son muchos los pueblos que tienen a la palmera como el gran símbolo de la fecundidad; el hecho singular de la existencia de palmeras macho y palmeras hembra, la gran esbeltez del árbol, los racimos de dátiles, su extrema dulzura, la grandiosidad y belleza han contribuido a la divinización del árbol, alrededor del cual se realiza una serie de ritos de carácter religioso.

También los actuales alemanes y varios países eslavos mantienen más o menos viva la tradición de que los jóvenes varones persignan a las muchachas los lunes de Pascua, azotándolas con palmas bendecidas. El rito se invierte al día siguiente y son entonces ellas las perseguidoras.

Los rusos tienen otro modo de usar la palma en sus ritos religiosos, cuando regresan de la iglesia tras la misa del Domingo de Ramos, les pegan simbólicamente a lo que se quedaron en la casa. Todos estos pueblos mencionados cuelgan luego sus hojas detrás de la puerta principal, para proteger el hogar de los granizos, los rayos y las tormentas.

En Cuba los católicos también guardan el llamado ‘’guano bendito’’ en sus casas a partir de la Semana Santa, pero en la religión afrocubana, la palmera aparece además, ligada precisamente a quien entre los orishas mayores figura como dueño del trueno y del rayo: Shangó.

Es Shangó dentro del panteón Yoruba uno de sus orishas más fuertes, considerado incluso ‘’rey de reyes’’ porque es el dueño también de la justicia, la virilidad, la danza y el fuego: un guerrero a quien se le rinde culto no por casualidad bajo un árbol conocido como ceiba o una palmera.

La ceiba y la palmera no se parecen en nada, salvo que ambas son árboles. En tanto la primera puede alcanzar alturas imponentes, un tronco robusto y ramas frondosas, la palmera es alta, larga y de tronco mediano, sin embargo resiste como roca los embates del viento.

Tanto es así que a pesar de la esbeltez de su figura, a la palmera, sobre todo a la palma real, que tanto abunda en Cuba y que aparece incluso en el escudo nacional, se le compara con la fuerza y la dignidad cuando se dice: ‘’es como la palmera, se dobla, pero no se parte’’.

 

 

 

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