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de Fidel Castro: La ley de la selva Otros artículos de Fidel Castro
Especial para Cubadebate
2008-10-11
El comercio dentro de la sociedad y entre los países es el
intercambio de bienes y servicios que producen los seres humanos. Los dueños de los
medios de producción se apropian de las ganancias. Ellos dirigen, como clase, el estado
capitalista y se ufanan de ser los impulsores del desarrollo y el bienestar social a
través del mercado, al cual se rinde culto como dios infalible.
Dentro de cada país es la competencia entre los más fuertes
y los más débiles, los de más vigor físico, los que se alimentan mejor, los que
aprendieron a leer y escribir, los que fueron a las escuelas, los que acumulan más
experiencia, más relaciones sociales, más recursos, y los que carecen de esas ventajas
dentro de la sociedad.
Entre países, los que tienen mejor clima, más tierra
cultivable, más agua, más recursos naturales en el espacio en que les tocó vivir cuando
no existen más territorios que conquistar, los que dominan las tecnologías, los que
poseen más desarrollo y manejan infinitos recursos mediáticos, y los que, por el
contrario, no disfrutan ninguna de estas prerrogativas. Son las diferencias a veces
abismales entre las que se califican como naciones ricas o pobres.
Es la ley de la selva.
Las diferencias entre las etnias no existen en cuanto se
refiere a las facultades mentales del ser humano. Es algo más que probado
científicamente. La sociedad actual no fue la forma natural en que evolucionó la vida
humana; ha sido una creación del hombre ya mentalmente desarrollado, sin la cual no se
puede concebir su propia existencia. Lo que se plantea es, por tanto, si el ser humano
podrá sobrevivir al privilegio de poseer una inteligencia creadora.
El sistema capitalista desarrollado, cuyo máximo exponente
es el país de naturaleza privilegiada adonde el hombre blanco europeo llevó sus ideas,
sus sueños y sus ambiciones, se encuentra hoy en plena crisis. No es la habitual cada
cierto número de años, ni siquiera la traumática de los años treinta, sino la peor de
todas desde que el mundo siguió ese modelo de crecimiento y desarrollo.
La actual crisis del sistema capitalista desarrollado se
produce cuando el imperio está próximo a cambiar de jefatura en las elecciones que
tendrán lugar dentro de veinticinco días; era lo único que faltaba por ver.
Los candidatos de los dos partidos que deciden en esas
elecciones, tratan de persuadir a los desconcertados votantes ?muchos de los cuales no se
han preocupado nunca por votar? de que ellos, como aspirantes a la Presidencia, son
capaces de garantizar el bienestar y el consumismo de lo que califican como un pueblo de
capas medias, sin el menor propósito de verdaderos cambios en lo que consideran el más
perfecto sistema económico que ha conocido el mundo; un mundo que, por supuesto, en la
mentalidad de cada uno de ellos, es menos importante que la felicidad de trescientos y
tantos millones de habitantes de una población que no llega al cinco por ciento de los
habitantes del planeta. La suerte del otro noventa y cinco por ciento de los seres
humanos, la guerra y la paz, la atmósfera respirable o no, dependerá en gran parte de
las decisiones del jefe institucional del imperio, si es que ese cargo constitucional
tiene o no poder real en la época de las armas nucleares y los escudos espaciales
manejados por computadoras en circunstancias tales que los segundos son decisivos y los
principios éticos tienen cada vez menos vigencia. No puede, sin embargo, ignorarse el
papel más o menos nefasto que corresponde a un presidente de ese país.
En Estados Unidos existe un profundo racismo, y la mente de
millones de blancos no se reconcilia con la idea de que una persona negra con la esposa y
los niños ocupen la Casa Blanca, que se llama así: Blanca.
De puro milagro el candidato demócrata no ha sufrido la
suerte de Martin Luther King, Malcolm X y otros, que albergaron sueños de igualdad y
justicia en década recientes. Tiene además el hábito de mirar al adversario con
serenidad y reírse de los aprietos dialécticos de un oponente que mira hacia el vacío.
Por otro lado, el candidato republicano, que cultiva su fama
de hombre belicoso, fue uno de los peores alumnos de su curso en West Point. No sabía
nada de Matemáticas, según confiesa, y es de suponer que mucho menos de las complicadas
ciencias económicas. Sin duda, su adversario lo supera en inteligencia y serenidad.
Lo que más abunda en McCain son los años, y su salud no es
en lo absoluto segura.
Menciono estos datos para señalar la eventual posibilidad
?si algo ocurriera con la salud del candidato republicano, si lo eligen? de que la señora
del rifle e inexperta ex gobernadora de Alaska fuese Presidenta de Estados Unidos. Se
observa que no sabe nada de nada.
Meditando sobre la deuda pública actual de Estados Unidos
que el presidente Bush descarga sobre las nuevas generaciones en ese país ?diez mil
doscientos sesenta y seis millones de millones?, se me ocurrió calcular el tiempo que
tardaría un hombre para contar la deuda que aquél prácticamente ha duplicado en ocho
años.
Suponiendo ocho horas de trabajo neto diario sin perder un
segundo, al ritmo rápido de cien billetes de un dólar por minuto, 300 días de trabajo
al año, un hombre tardaría setecientos diez mil millones de años para contar esa suma.
No encontré otra forma gráfica de imaginarme el volumen de
esa suma de dinero que se menciona casi diariamente en estos días.
El gobierno de Estados Unidos, para evitar un pánico
generalizado, declara que garantizará depósitos de ahorristas que no rebasen los 250 mil
dólares; administrará bancos y cifras de dinero que Lenin, con ábacos, no habría
imaginado contabilizar.
Podemos preguntarnos ahora qué aporte hará la
administración Bush al socialismo. Pero no nos hagamos ilusiones. Cuando el
funcionamiento de los bancos se normalice, los imperialistas se las devolverán a las
empresas privadas, como hizo algún que otro país en este hemisferio. El pueblo paga
siempre las cuentas.
El capitalismo tiende a reproducirse en cualquier sistema
social, porque parte del egoísmo y los instintos del hombre.
A la sociedad humana no le queda otra alternativa que superar
esa contradicción, porque de otra forma no podría sobrevivir.
En este momento, el mar de dinero que les lanzan a las
finanzas mundiales los bancos centrales de los países capitalistas desarrollados está
golpeando fuertemente a las bolsas de los países que tratan de superar el subdesarrollo
económico y acuden a esas instituciones. Cuba no posee bolsa de valores. Sin duda
surgirán formas de financiamiento más racionales, más socialistas.
La crisis actual y las brutales medidas del gobierno de
Estados Unidos para salvarse traerán más inflación, más devaluación de las monedas
nacionales, más pérdidas dolorosas de los mercados, menores precios para las mercancías
de exportación, más intercambio desigual. Pero traerán también a los pueblos más
conocimiento de la verdad, más conciencia, más rebeldía y más revoluciones.
Veremos ahora cómo se desarrolla la crisis y qué ocurre en
Estados Unidos dentro de veinticinco días.
Fidel Castro Ruz
Octubre 11 de 2008
6 y 15 p.m.
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