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De la vida y del mundo

Ciencia: un arte de paciencia y experiencia

El estudioso inglés Edward JennerLa palabra ‘’vacuna’’ viene del latín ‘’vacca’’ que quiere decir exactamente lo que suena: vaca, o para decirlo en términos más generales, ‘’vacuno’’.

Fue inspirado en este término y en el propio rumiante, que el 14 de mayo de 1796, - hace 212 años- , el estudioso inglés Edward Jenner extrajo virus purulento de una vaca granjera contaminada y lo inoculó en el brazo de un joven llamado James Phipps.

En ambos casos, fue un acto de la más pura valentía, porque el resultado hubiera podido ser fatal, pero afortunadamente para James la pústula que le salió luego de la vacunación sanó sola, y Jenner confirmó que las enfermedades podían curarse inoculando el germen del propio mal.

Por supuesto que el origen de esta idea no estaba en el aire, Edgard Jenner (1749-1823) había realizado largos estudios sobre la llamada viruela de las vacas, conocida en inglés como cow-pox.

La historia de la medicina señala que fue la viruela la primera enfermedad que el ser humano intentó prevenir inoculándose a sí mismo con el propio mal. Se cree que este sistema nació en la India o en China alrededor del año 200 a.n.e.

En la antigua China, a los pacientes que sufrían tipos leves de viruela se les recogían fragmentos de pústulas secas para molerlas hasta conseguir una mezcla con aspecto de polvo que luego se le introducía por la nariz, esperando que quedaran inmunizados.

Los éxitos en cifras del método no aparecen reflejados, pero al menos hay que reconocer el intento, y la idea no era ni remotamente descabellada.

 Lady Mary Wortley MontagueTal parece que también los antiguos turcos practicaban la costumbre de protegerse con fluidos tomados de casos ligeros de viruela y así lo hizo saber en 1718 la aristócrata inglesa Lady Mary Wortley Montague, (1689-1762) quien inoculó a sus propios hijos de esta manera.

El rostro de Lady Mary tenía las secuelas de la enfermedad que le costó la vida a su propio hermano.

Después de 185 años después que Jenner probara suerte con su vacuna, el químico y biólogo francés Luis Pasteur (1822-1895), tomó como base los estudios de su antecesor inglés, y comenzó a inyectar microorganismos debilitados en animales, descubriendo así una vacuna contra el cólera de las aves y el ántrax del ganado.

Si algo tiene que acompañar siempre a la ciencia, es la paciencia y ya en 1881 estaba listo Pasteur para comenzar su lucha contra la rabia, enfermedad viral y mortal que transmiten los animales (especialmente perros y gatos) al hombre a través de heridas por mordeduras.

Esta vez el héroe de la hazaña fue el joven Joseph Meister, quien mordido por un perro rabioso recibió el suero creado por Pasteur. También el final resultó feliz, el paciente se salvó y con él también el mundo, pues acababa de comprobarse la efectividad de la vacuna contra la rabia, un mal que aún en nuestros días, mata cada año a más de 55 mil personas en el mundo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que al menos en el continente americano los casos de muertes humanas por rabia han disminuido gracias a los programas de prevención nacionales, y porque realmente existe una conciencia más clara a nivel de la sociedad de que los animales, sobre todos los domésticos, deben estar vacunados.

En Cuba, los mecanismos de vacunación están creados y funcionan de manera casi natural: las personas saben que hay que vacunarse, las autoridades sanitarias tocan directamente las puertas y llevan los antídotos a los morosos o distraídos de forma gratuita.

La vacunación canina en la Isla se realiza a nivel de las policlínicas y el consultorio del médico de la familia también de forma gratuita y son estas entidades las responsables de asumir un caso de mordida animal hasta sus últimas consecuencias: vacuna preventiva y vigilancia epidemiológica sobre la persona y el animal agresor.

Es tan peligrosa la rabia animal que cada 28 de septiembre, acogido por las instituciones mundiales y nacionales de la salud, se celebra el Día Mundial de la Rabia.

El pasado año, 74 naciones apuntalaron sus campañas publicitarias, las vacunaciones masivas, desfiles de animales y conferencias públicas sobre el tema y para el actual período, fueron 180 los países los que asumieron el reto de prevenir y alertar contra un mal que sin la debida atención médica, no tiene vuelta atrás cuando ataca.

La rabia puede ser trasmitida también por los murciélagos y algunos roedores que viven en libertad. Contra ellos, es difícil actuar, pero no ocurre así con las mascotas que tenemos cerca.

Si en América los casos de mordeduras por canes se redujeron en un 90%, y la región camina hacia su total eliminación, no es lógico que por falta de cuidado o desidia choquemos de repente con un caso de rabia en nuestra familia.

Para evitar un desastre de esta magnitud tenemos los medios, y también el trabajo que con tanta pasión y paciencia comenzaron hace muchos siglos los antiguos chinos, indios, persas, y luego un inglés y un francés, muy altruistas y dos jovencitos corajudos que pusieron el brazo para vacunarse por primera vez en el mundo.

La aristócrata Mary Wortley Montague, víctima de la viruela inoculó a sus propios hijos.

 

 

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