La Administración del saliente e impopular Presidente
norteamericano George W. Bush se quedó sin argumentos en su cruzada anticubana y
totalmente aislada en la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU), que demandó este
miércoles por decimoséptima ocasión consecutiva el levantamiento incondicional del
bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba.
El foro universal, reunido en su habitual sede del llamado Palacio
de Cristal, de Nueva York, fue testigo otra vez de la soledad del Imperio norteamericano,
huérfano de razones éticas y morales, que justifiquen su cruel medida coercitiva, la
cual ha costado al pueblo cubano enormes sufrimientos humanos y pérdidas a su economía,
en casi 50 años, por más de 93 mil millones de dólares, equivalentes a más de 224 mil
millones de la devaluada divisa, al cambio actual.
La Comunidad Internacional resultó inequívoca en su decisión
sobre el tema, al ser respaldada la resolución cubana por 185 de los 192 Estados miembros
de las Naciones Unidas.
Solamente se opusieron al clamor mundial los propios Estados Unidos,
en un gesto más de su prepotencia y desprecio hacia el multilateralismo y el Derecho
Internacional, además de su fiel y sanguinario aliado medioriental, Israel, y las
dependientes Islas Palau.
Intentando desasociarse del humillante aislamiento y descrédito en
el asunto, Micronesia volvió a abstenerse, lo que fue imitado esta vez por Islas
Marshall, que el pasado año votó en contra, junto a Washington; mientras se ausentaron
en la votación el Iraq ocupado por las tropas de EE.UU. y el representante del
pronorteamericano Gobierno de El Salvador.
Es un hecho atroz, por el cual la Casa Blanca debe responder, que
siete de cada 10 cubanos hayan pasado toda su vida bajo esta política irracional, que
limita sus posibilidades de crecimiento espiritual y material, e intenta sin éxito poner
de rodillas a su Revolución.
Dicho comportamiento, como confirman ahora 17 resoluciones
consecutivas de la AGNU, es violatoria de los propósitos y principios de la Carta de la
ONU, de relaciones civilizadas entre Estados soberanos, además de la libertad de comercio
y navegación internacional consagrados en disímiles instrumentos internacionales.
La naturaleza extraterritorial de tan desfasada medida,
particularmente bajo la Administración del Presidente Bush, es también -en grado
significativamente creciente- lesiva a la soberanía de terceros Estados y a los intereses
legítimos de entidades y personas bajo la jurisdicción de estos.
W. Bush está a punto de hacer sus maletas y salir por la puerta
"trasera" de la Casa Blanca, entre otras razones por sus monumentales
desaciertos en la economía doméstica y su errática política internacional, como
deviene el caso del tema Cuba.
El mundo espera y exige una rectificación, y más temprano que
tarde Washington tendrá que oír la voz de la sensatez.