Fidel Rendón
La Habana, 27 oct (AIN) Testigo del impacto directo del criminal
bloqueo yanqui en la salud pública cubana es casi a diario el colectivo laboral del
Taller de Electrónica Médica de 23 y K, en el Vedado, en esta capital.
Ese centro está responsabilizado con el montaje, mantenimiento y
reparación de equipos y piezas de la inmensa mayoría de los policlínicos, hospitales e
institutos existentes en Ciudad de La Habana.
Cualquiera de sus 138 trabajadores, especialmente de sus 92
técnicos, tiene una historia que contar respecto a cómo en múltiples ocasiones no han
podido poner en explotación determinados medios o instrumental ya sea de óptica,
estomatología, laboratorio, de Rayos X, ultrasonidos o cirugía, por citar algunos.
Prohibiciones de las leyes norteamericanas de vender o suministrar a
Cuba ni siquiera una aspirina, les impiden acometer con más efectividad sus labores
cotidianas, a favor de la salud de decenas de miles de pacientes, tanto nacionales como de
otras naciones que son atendidos en instituciones de la Isla.
José Blanco Benítez, jefe técnico del Taller de Electrónica
Médica de 23 y K, señaló que los gasómetros provenientes de la firma Radiometers, o
los desfibriladores de la Phillips, no han podido ser adquiridos por Cuba dada la amenaza
del gobierno estadounidense para obstaculizarles a esas empresas la comercialización de
sus productos si intentan acercarse a la Isla.
Así sucede con muchas piezas y equipos, explica a la AIN el
especialista, quien subraya que ante tales limitaciones impuestas por el genocida bloqueo,
el colectivo de ese centro capitalino se ha crecido.
Muestra de ello está en su condición de Vanguardia Nacional del
Sindicato de Trabajadores de la Salud y de la Asociación Nacional de Innovadores y
Racionalizadores, además de ostentar premios relevantes algunos de sus técnicos.