Gerardo
Cabrera Prieto
Investigador del Instituto de Historia de Cuba
Servicio Especial de la AIN
El 20 de octubre de 1868, minutos después de haberse concretado la
toma de Bayamo por fuerzas insurrectas al mando de Carlos Manuel de Céspedes, era
entonada en ese territorio La Bayamesa.
Sin embargo, la historia y origen de esa pieza musical, que se
convertiría en el Himno Nacional cubano, se remonta a algún tiempo atrás.
La necesidad de su surgimiento fue planteada inicialmente en 1867,
en el contexto del proceso conspirativo que en el extremo oriental de la Isla llevaban a
cabo los inconformes con el régimen de dominación colonial impuesto por España.
En reunión que celebraron Pedro (Perucho) Figueredo, Francisco
Vicente Aguilera y Maceo Osorio, el 13 de agosto, surgió la idea de componer una pieza
musical, al estilo de La Marsellesa, en Francia, que contribuyera a enaltecer el ánimo de
los cubanos en el momento crucial de lanzarse a la lucha.
Inmediatamente, Perucho se dio a la tarea de componerla, cuyo
resultado fue una marcha guerrera a la que tituló La Bayamesa, y que con gran entusiasmo
tocó al piano en la siguiente reunión de los conspiradores.
La marcha fue ejecutada reiteradamente por Figueredo en los
sucesivos encuentros conspirativos, a fin de que fuera conocida por quienes se
incorporaban a los preparativos independentistas.
A Manuel Muñoz Cedeño, maestro de capilla de la iglesia mayor de
Bayamo, se le encomendó hacer la instrumentación para, al ser interpretada, pareciese
una marcha religiosa en los oficios del Corpus Christi.
De esa forma la música comenzó a ser tarareada con asiduidad por
todos los habitantes de la región y al producirse la acción de la toma de Bayamo, muchos
de los participantes ya la conocían.
Firmada la capitulación de la ciudad y ante el clamor popular que
lo solicitaba, Perucho dio a conocer (hace ahora 140 años) la letra de la citada
melodía, la cual inmediatamente fue entonada y llamada por muchos como Himno de Bayamo.
La letra del manuscrito completo es como sigue:
Al combate corred, bayameses/que la patria os contempla orgullosa/
no temáis una muerte gloriosa/ que morir por la patria es vivir./ En cadenas vivir, es
vivir/ en oprobio y afrenta sumidos/ del clarín escuchad el sonido/ ¡A las armas,
valientes, corred!/ No temáis los feroces iberos/ son cobardes cual todo tirano/ no
resisten al bravo cubano/ para siempre su imperio cayó./ ¡Cuba Libre! Ya España murió
su poder y su orgullo, do es ido/ del clarín escuchad el sonido/
¡A las armas, valientes, corred!/ Contemplad nuestras huestes triunfantes/ contemplad a
ellos caídos/ por cobardes huyeron vencidos/ por valientes sabremos triunfar./ ¡Cuba
Libre! Podemos gritar/ del cañón al terrible estampido/ del clarín escuchad el sonido/
¡A las armas, valientes, corred!
A pesar de que a lo largo de los años el Himno sufrió muchas
alteraciones y extranjerismos, finalmente logró establecerse la auténtica letra y
adecuar su interpretación en los actos oficiales.
De esa forma La Bayamesa, devenida en Himno de Bayamo y finalmente
en Himno Nacional, permitió a los cubanos disponer ayer, hoy y siempre, de una marcha que
convoca perennemente a la lucha y la cual recuerda que: ¡Morir por la patria es vivir!