2008-11-28
Lo había observado durante
las numerosas actividades que como Presidente de la Federación Rusa ha realizado durante
las últimas semanas, a partir de la agudización de la crisis financiera que azota al
mundo. La Federación Rusa es uno de los más poderosos Estados de la comunidad
internacional a pesar de la desintegración de la URSS.
En sus intervenciones, el Presidente ruso se caracteriza por la
precisión, claridad y brevedad de sus palabras. No hay tema que eluda, ni pregunta que
deje sin responder. Posee conocimientos amplios. Persuade a los oyentes. Quienes discrepan
lo respetan.
Expresó sus deseos de conversar conmigo durante su visita. Fue para
mí un honor, y tuve la seguridad de que sería un encuentro agradable.
Los últimos meses han sido de sorprendentes cambios y situaciones
nuevas. Los yanquis lanzaron sus acciones ilegales sobre Osetia del Sur y Abjazia,
dos países que no tienen nada que ver con Georgia, armada hasta los dientes por
los Estados Unidos, que alentaron y prepararon a los hombres y suministraron las armas
para atacar a las fuerzas rusas que legalmente estaban allí para evitar los
derramamientos de sangre que se estaban produciendo, un hecho reconocido por la comunidad
internacional y pendiente de solución. De la aventurera guerra de Iraq se movían, como
refuerzo de los atacantes, dos mil mercenarios georgianos al servicio de la infame guerra
de conquista yanqui en busca de petróleo.
La voz serena, pero firme de Medvedev, recién electo presidente de
la Federación Rusa, se hizo sentir con fuerza.
Otro cambio importante fue la elección del nuevo presidente de
Estados Unidos, Barack Obama, de piel negra, cansado de la carnicería implantada en Iraq
por Bush, y sobre todo disgustado con la forma errática con que este enfrentaba y
agudizaba la crisis financiera, cada vez más grave y potencialmente más peligrosa para
la economía de ese país y del mundo.
Los hechos tenían lugar simultáneamente con las elecciones
generales en Paraguay y el Referendo en Ecuador, ambos de gran trascendencia; las
elecciones regionales en Nicaragua, y de modo especial en Venezuela, que configuraban un
cuadro de creciente desacato al hegemonismo asfixiante del imperio. Coincidentes con tales
acontecimientos, se celebraron reuniones en Washington y Lima de los miembros del G-20 y
G-21. Los Presidentes de Rusia y de China, dos baluartes insoslayables del escenario
mundial, estaban presentes en ambas reuniones junto a los líderes de decenas de Estados
de los cinco continentes que participaron y con muchos de los cuales intercambiaron.
Al regresar de Perú después de su visita a Brasil, Medvedev viajó
a Venezuela, donde coincidió con la reunión del ALBA en Caracas, con cuyos
representantes de alto nivel se reunió para satisfacción de todos.
A su vez, un destacamento naval ruso arribaba a ese hermano país.
No es difícil comprender la importancia de la presencia en tales actividades del ilustre
visitante con el que me reuní en la mañana de hoy viernes.
Para mí era de sumo interés conocer sus impresiones acerca de los
acontecimientos señalados.
La reunión duró esta vez sólo una hora y 15 minutos. Llegó
acompañado por Ricardo Cabrisas, vicepresidente del gobierno cubano responsabilizado con
las negociaciones de Cuba con Rusia, China y Venezuela, los tres pilares más importantes
de nuestro intercambio comercial en estos momentos, que el poderoso imperio no ha podido
bloquear.
No dejé de abordar con él un solo punto esencial, desde nuestras
posiciones, respecto a Estados Unidos, donde no cabe la idea de que aceptemos la política
de garrote y zanahoria ni de que renunciemos a la devolución de hasta el último metro
cuadrado del territorio de Guantánamo ocupado por la fuerza en nuestro país.
Le reiteré nuestra política paciente y pacífica, pero sin
descuidar nunca nuestra capacidad defensiva frente a un potencial agresor. Ningún país
comprendería mejor esta política que Rusia, constantemente amenazada por el mismo
adversario de la paz.
De igual o mayor importancia todavía fue la expresión de nuestras
ideas sobre los graves problemas inmediatos en campos cruciales que hoy enfrentan los
pueblos, en su búsqueda de un mundo multipolar que garantice el desarrollo sostenido y
pacífico.
La agenda parece extensa, y sin embargo ambos intercambiamos
sobre estos temas, una buena prueba de que todavía, a pesar de su complejidad, los
problemas del mundo pueden ser abordados antes de que se vuelvan inmanejables.
Para mí el encuentro constituyó un gran estímulo. Quedé con un
alto concepto sobre la capacidad intelectual de Medvedev, que ya había imaginado en él.
Es el más joven entre los más importantes jefes de Estado del mundo, el que a su vez
abarca el más extenso territorio.
¡Con cuánta emoción escuchábamos en todas partes el himno ruso,
bajo cuyas notas el pueblo heroico de Rusia derramó la sangre de muchos millones de
hombres y mujeres, sin cuyo sacrificio no se habría obtenido la victoria sobre el
nazi-fascismo!
Fidel Castro Ruz
28 de noviembre de 2008
7 y 23 p.m.