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| Reflexiones de Fidel
Castro: EL G-20, EL G-21 Y EL G-192 2008-11-23
Como si no existiesen suficientes causas para
enloquecer, la proliferación de siglas con motivo de la crisis se multiplica de tal modo,
que nadie acaba de entenderlas. La primera fue la del G-20, grupo selecto que
en Washington pretendió representar a todos; la segunda, el grupo también selecto
de APEC que se reunió en Lima; ahí estaban presentes el país más rico, Estados Unidos,
en el número uno, con un PIB per cápita de 45 mil dólares por año, y el que ocupa
alrededor del número 100, la República Popular China, con 2 483, el mayor inversor
en Bonos del Tesoro de aquel país.
El G-192 es como el presidente Leonel Fernández, de la
República Dominicana, que no está en ninguno de los dos, denomina a tal grupo, aludiendo
a la cifra de miembros de las Naciones Unidas en una conferencia económica con la
participación de Joseph Stiglitz, Premio Nóbel de esa ciencia.
George Soros, gran magnate de origen húngaro
y ciudadano norteamericano inmensamente rico, escuchaba entre otras importantes
personalidades.
Es tarea de ajedrecistas desentrañar los argumentos de
tan diversos intereses nacionales y empresariales de los grupos G-20 y G-21.
Lo real es que, si un país del Tercer Mundo suscribe
a la vez acuerdos de libre comercio con ocho o diez países desarrollados o
emergentes, entre los cuales algunos se caracterizan por ser productores tradicionales de
mercancías abundantes y atractivas a bajo costo o productos industriales
sofisticados, como Estados Unidos, Canadá, Japón, Corea del Sur, etcétera, la naciente
industria de un país en desarrollo tendrá que competir con los sofisticados productos
que salen de la industria de los más desarrollados o de las manos laboriosas de sus
poderosos socios, uno de los cuales maneja a su antojo las finanzas mundiales. Les
correspondería sólo el papel de productores de materias primas baratas requeridas de
grandes inversiones que serán en todo caso propiedad extranjera con plenas garantías
contra veleidades nacionalizadoras. No les quedaría más que las manos extendidas
esperando el piadoso apoyo al desarrollo, y una eterna deuda a pagar con el sudor de sus
hijos. ¿No es acaso lo mismo que ha ocurrido hasta hoy?
Por
ello no vacilo en solidarizarme con la posición de Chávez, cuando afirma que no
está de acuerdo con la receta de Lima. Sobran razones. Observemos el desarrollo de
los acontecimientos, exigiendo derechos sin ponernos de rodillas.
Fidel Castro Ruz
Noviembre 23 de 2008
7 y 30 p.m.
(Tomado de Cubadebate)
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