| Cenizas volcánicas:
atentado a la vida Los
volcanes antes de hacer erupción, además de vapor de agua lanzan toneladas de cenizas
que pueden recorrer y elevarse varios kilómetros.
La ceniza de los volcanes está formada por partículas de
roca y mineral, algunas de menos de dos milímetros y otras, las más peligrosas, casi
microscópicas. Se les conoce también como cristobalitas.
A estas diminutas materias que salen expulsadas antes de la
erupción de lava y material incandescente, se les denomina piroclasto y al salir al aire
se convierten en fragmentos de vidrio volcánico.
Los seres humanos expuestos a los efectos de estas cenizas
pueden resultar afectados en las vías respiratorias, presentar también daños oculares,
irritación cutánea y otros efectos indirectos.
Una página web japonesa que describe estos síntomas,
señala que en algunas erupciones, las partículas de cenizas pueden ser tan finas que al
respirar se introducen profundamente en los pulmones y bronquios, aun cuando se use
tapaboca.
La irritación nasal, de garganta, posible tos seca y
malestares en el pecho son otras secuelas de una exposición breve a la materia lanzada
por las montañas y en la medida que mayor sea el contacto, la salud puede peligrar tanto
en humanos como en los animales.
Datos proporcionados por el sitio web de la Asociación
Internacional de Vulcanología y Química del Interior de la Tierra advierte que tanto el
contacto prolongado con las cenizas como la fineza de las partículas pueden derivar en
graves problemas pulmonares, incluida la silicosis, cuya cura tarda años en los
individuos sanos.
Cuando un volcán erupciona provoca también entre otros
males, las afectaciones de las vías de comunicación con sus secuela de accidentes, el
agua se contamina, los techos de las casa pueden hundirse por el peso del polvillo y las
generadoras de energía eléctrica, agua y gas colapsan si con invadidas por millones de
partículas.
A pesar de tanto peligro, las tierras que rodean a estas
montañas de fuego son preferidas por sus magníficas condiciones para cultivar, y es por
eso, y por el amor al sitio donde se vive y trabaja, que muchas personas se niegan a
abandonarlas y echan su vida a la suerte: explota o no explota.
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