| Selma Lagerlof: Primera
Nobel de LiteraturaPor:
Margarita Carmona (AIN)
Por muy avanzado que fuera el país
donde naciera una mujer, incluso si pertenecía a una capa social acomodada, en 1858 las
damas tenían que andar con mucha paciencia y pie de plomo.
Es cierto que por esos años en el mundo ya no quemaban
brujas, pero destacarse en cualquier aspecto de la vida era para ellas un esfuerzo mayor.
Y así fue la vida de Selma Lagerlof, sueca nacida en la
sureña provincia de Marbanka el 20 de noviembre de 1958 y que a los 51 años se
convirtió en la primera mujer en obtener el Premio Nobel de Literatura.
Nació en el seno de una familia de comerciantes, de esas a
las que les gusta construir una casa para toda la vida: sólida y con aires de eternidad.
Selma fue la penúltima de cinco hijos, pero en el tiempo en
que todos eran niños, la familia no podía avizorar que un día se quedarían con casi
nada.
De la influencia que tuvo su madre, Elisabet Lovisa, se sabe
poco, porque
recordemos en aquel entonces las mujeres influían solamente para inculcar
buenos modales y adornar a las hijas en el arte de hacer feliz al posible esposo.
Su padre, Eric Gustaf, fue un teniente escribiente del
Regimiento de Värmland, propietario rural, al parecer muy simpático y poco hábil en el
manejo de sus propiedades. Su afición a la bebida se sumó al descalabro que llevó a la
familia a perder con el tiempo aquella casa, Marbacka, hecha inicialmente para nacer y
morir.
El destino de sus hermanos fue diverso. La mayor de las
hermanas, Anna, murió tempranamente de tuberculosis en 1875. Y era casi natural pues es
ese año de su fallecimiento faltaban 53 para que el mundo conociera la penicilina.
Fue su hermano mayor, Johan, quien ayudó a Selma a seguir
estudiando, y cuando como emigrado en Estados Unidos le fue mal, la ya maestra de escuela
lo apoyó económicamente hasta su muerte.
En su Diario confiesa que era torpe en la cocina y
peor en el bordado. Aunque se le recuerda como una persona algo introvertida, le ayudó
mucho ser afable, y ello la llevó a tener amistades como Elise Malmros, una empleada
bancaria que la hizo conocer la vida más allá de la pequeñez de su ciudad natal.
La Anciana Agneta, su otra novela, es un ejemplo de
ello. Allí está reflejado de algún modo el entorno de su vida: la pobreza, el
alcoholismo, la discriminación hacia la mujer y la ignorancia.
El Desagravio fue la primera novela que le editaron a
esta mujer, que nació hace 146 años. Estaba inspirada en su propia imagen y de algún
modo, también en la de sus amigas y la familia. Y es que no podía ser de otro modo; el
mundo entonces era demasiado grande para una muchacha que, además, parece sufrió de
displasia infantil de cadera, sin que nunca recibiera tratamiento.
Seguramente por este impedimento, desde los siete años leyó
cuando libro estuvo cerca de sus manos, observó la vida y se puso a escribir.
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