Idalmis Rodríguez
El poeta cubano Juan Clemente Zenea, quien vivía desterrado en México, al
conocer del fallecimiento de Adah Menken expresó en versos:
Y hoy sé, oh dolor, que ya desapareciste/
Y que no quedan de tu amor, Dios mío,
si no una tosca cruz y un sauce triste/
Llorando a orillas del extranjero río.
Le acechaba el recuerdo y la nostalgia de
aquella vivazmuchacha, a quien amó a los 20 años y no olvidó nunca, ni en el destierro
ni en la prisión.
La había conocido en el Teatro Tacón, en La Habana, en la
representación de un número riesgoso de la pieza "Los piratas de la sabana",
en la cual aparecía a caballo, vestida con poca ropa, muy ajustada a su cuerpo.
Tenía las piernas atadas con gruesas sogas al corcel, que ante la
expectación del público emprendía una veloz carrera, desbocado, y se perdía en el
fondo del profundo escenario.
Al término de la representación, los asistentes vibraban de
entusiasmo y los aplausos eran dirigidos más a la espléndida hermosura de la artista que
a su osadía.
Era una muchacha de tez mate, de ojos grandes de un verde suave y
exótica figura.
Los periodistas habaneros la esperaban en el camerino. Uno de ellos,
dedicado a las informaciones de teatro y poeta además, de temperamento soñador y
sensible, la aguardaba visiblemente emocionado: era Juan Clemente Zenea. Así surgió
entre ambos una intensa pasión amorosa.
En las noches paseaban Zenea y Adah por la Plaza de Armas, donde una
banda militar ofrecía conciertos. Pero ella tuvo que embarcar e irse, aunque el amor
juvenil del poeta por la bella extranjera no quedó olvidado y brotó en sus versos.
Adah había nacido en Nueva Orleáns hacia 1835, de familia judía.
Comenzó a estudiar baile, y llegó a actuar en el teatro de la Ópera de esa ciudad.
Ingresó en una compañía que la llevópor Texas, México y Cuba.
Como actriz era deficiente, pero su figura, vestimenta ajustada y
bailes espectaculares atraían la atención. En los escenarios internacionales se le
conocía como "La dama desnuda".
En 1857 se casó con el músico Alexander Meneken, pero el
matrimonio no fue duradero. Solo dos años después contrajo nupcias en Nueva York con Jun
C. Heenan, campeón de boxeo de los pesos completos, quien la abandonó al poco tiempo.
Se iniciaba entonces la etapa más brillante de su carrera.
Recorrió Estados Unidos interpretando el melodrama Mazzepa.
En 1861 apareció en los escenarios de Europa. Los teatros se
abarrotaban. El público quería conocer no solo a la artista espectacular, sino a la
mujer de la cual se murmuraba por sus amoríos con personajes importantes de Inglaterra y
Francia.
No era una mujer vulgar, publicó dos libros de versos. Dicen que
fue muy amiga de Dickens, Víctor Hugo y Alejandro Dumas, padre.
Su nombre estuvo escandalosamente vinculado al famoso autor de Los
Tres Mosqueteros. Cuentan que en 1865 un fotógrafo indiscreto tomó un retrato donde
aparecía sentada en las piernas del famoso novelista, a quien sonreía.
Dumas demandó al atrevido ante los tribunales, pero le fue adverso
el juicio.
Las copias de la foto circularon por toda Europa. El célebre
escritor español Azorin poseía una de ellas y la describió en su libro Lecturas
Españolas.