
Por: Margarita Carmona (ACN) |
Uno de los
glaciares más imponentes del mundo es el Perito Moreno, considerado la octava maravilla
por sus espectaculares vistas. Está ubicado en los territorios del sur que comparten
Argentina y Chile y además de su belleza, es una de las reservas de agua dulce más
importantes del mundo. Debe su nombre a
Francisco Pascasio Moreno, explorador y fundador entre otras instituciones, de la Sociedad
Científica Argentina. |
Perito Moreno está
como puesto por la mano de un mago en una zona rodeada de bosques y montañas, dentro del
Parque Nacional Los Glaciares que fue creado en la sureña provincia argentina de Santa
Cruz en 1937 y dentro de las 724 mil hectáreas que abarca, hay 356 glaciares.
En el lado argentino, el glaciar se extiende sobre el Brazo Sur del
Lago Argentino, con un frente de cinco kilómetros de longitud y sesenta metros de altura.
A diferencia de otros glaciares, donde sólo se producen
desprendimientos, Perito Moren ofrece un fenómeno natural único: la ruptura eventual de
inmensos bloques de hielo. Pero no hay peligro, quien visite este maravilla de la
naturaleza puede contemplar el espectáculo desde instalaciones creadas a unos 400 metros
de distancia. Más cerca no tiene sentido, porque es enorme.
Los glaciares no
son bloques muertos de hielo duro, se mueven, y el Perito Moreno, impulsado suavemente por
las aguas subterráneas también lo hace con una velocidad medida, de unos dos metros
diarios y 700 metros al año.
La vida de este glacial en particular funciona así: frente a la
Península de Magallanes, la pared de hielo del glaciar avanza hasta que corta el lago
Argentino en dos, bloqueando el Canal de los Témpanos, y dando origen a un dique natural.
Las aguas del Brazo Rico del lago Argentino suben de nivel,
comienzan a presionar y erosionar la masa de hielo, la pared del glaciar se ablanda en sus
fragmentos más débiles y por ahí se filtra el agua, hasta desplomarse con un estruendo
imponente.
El
proceso de ruptura de los hielos es un espectáculo que se repite a lo largo de los años,
con más o menos demora, en dependencia del nivel de empuje de las aguas. La última
ruptura comenzó a producirse el 10 de marzo de 2006 y culminó tres días más tarde.
Si bien este regalo de la naturaleza parece sacado de un cuento de
hadas, encontrar esa zona sureña del continente americano, plagada de glaciares,
naturaleza increíble y flora y faunas de paraíso, no fue así tan fácil.
Mucha gente dejó parte de su vida en hallar el mundo entonces
desconocido que colinda con las aguas bravas y frías donde los Océanos Pacífico y
Atlántico se juntan.
Uno de ellos, fue el argentino Francisco Pascasio Moreno, quien
según cuentan, heredó de una tía abuela paterna -que no conoció- el interés por
coleccionar curiosidades. Dicen que en los lejanos años 1800 recorría las provincias
locales buscando todo lo que creía de interés.
Por historias familiares conoció Perito Moreno las
peripecias de aquella dama y a los 12 años ya tenía una colección impresionante de
fósiles y a los 20 su padre le regaló una casona de 200 metros cuadrados para que
metiera en ella todos sus tesoros.
En esta misma época, - corría el año 1872- publicó su primer
trabajo científico y un año después se marcha a lomo de mula a recorrer la Patagonia.
Fue un promotor de ideas, fundó instituciones, creó expectativas y
siguió con mala salud buscando tesoros que luego donó a su país.
Leyendo sus datos, es evidente que fue este hombre algo más que un
científico y de ningún modo cabe llamarle aventurero, porque esta etiqueta recuerda más
a los locos buscadores de fama.
Su pasión por saber y descubrir la apoyó con amor y paciencia Ana
María Varela, la mujer con quien tuvo siete hijos y que murió muy joven a los 29
años de fiebre tifoidea- El viudo se hizo cargo de los cuatro niños que quedaron con
vida y siguió trabajando.
Las caminatas por sitios vírgenes, ayudado a veces por los
indígenas patagónicos, aconsejado por los ancianos de las tribus y navegando en
embarcaciones en las que hoy nadie se aventuraría, no lo pararon.
Como tampoco las tensiones que en aquellos tiempos dividían a
chilenos y argentinos por metros más metros menos de tierra, agua o hielo.
Murió Perito Moreno a los 67 años. Había nacido en Buenos Aires
el 31 de mayo de 1852. Quedó su obra, sus tesoros guardados en museos y el buen recuerdo
de una vida dedicada a la magia de los que saben buscar y encuentran.