El Che que yo conocí
Testimonios de compañeros que conocieron al
Guerrillero Heroico
Por: José Mayo
Servicios Especiales de la AIN
Crear muchos Vietnam en América Latina
Entre los combatientes internacionalistas que
participaron en la lucha guerrillera en Bolivia, junto al Che estuvo Leonardo Tamayo
Núñez, quien después sería uno de los tres únicos sobrevivientes cubanos de la
heroica contienda.
Siendo un adolescente de 15 años de edad se incorporó al Ejército
Rebelde en la Sierra Maestra y tomó parte en numerosos enfrentamientos armados contra los
militares batistianos en las lomas orientales y en los llanos camagüeyanos y villareños
bajo el mando del Guerrillero Heroico.
"Junto al Che no solo aprendí a ser guerrillero, sino que con
él se forjó mi conciencia de internacionalista. Durante la lucha insurreccional contra
la dictadura impuesta por Estados Unidos en Cuba, él nos decía que tras el triunfo de la
Revolución Cubana había que continuar combatiendo por la libertad de otros pueblos
latinoamericanos".
También conocido como Urbano, porque ese era su nombre en la
guerrilla boliviana, Tamayo fue integrante de la escolta del Comandante y, además, su
ayudante hasta que en 1966 nutrió las filas del grupo de revolucionarios cubanos que se
adiestró en la zona montañosa de Cayajabos, en la provincia de Pinar del Río.
A ellos se les comunicó en la segunda quincena de septiembre del
mismo año, que un ciudadano español, amplio conocedor de la estrategia y la táctica de
la guerra de guerrillas, se iba a hacer cargo del entrenamiento de ellos en el lomerío
pinareño.
"Cuando tuvo lugar el encuentro nos sorprendió ver a un hombre
calvo y canoso, con espejuelos y vestido con traje y cuello y corbata."
El comandante Raúl Menéndez Tomassevich los presentó, uno a uno,
al visitante ibérico, y al concluir expresó: "Mire, doctor, este es el grupo al
cual usted entrenará".
Entonces el especialista en insurgencia con el acento
característico de los hispanos preguntó a Tomassevich si debía decirles algo, a lo cual
respondió: "Bueno doctor, si usted quiere".
Se quedó mirando a sus discípulos e hizo silencio durante breves
minutos, hasta que exclamó con tono argentino:
"¡Ustedes son unos comemierdas!"
De pronto, Jesús Suárez Gayol, quien murió combatiendo en
Bolivia, al descubrir quien era el supuesto ibérico, expresó con alegría: "Coño,
si es el Che"
Y fue el primero en abrazarlo, seguidamente todos los demás lo
imitaron. "A partir de entonces el Che dirigió la preparación guerrillera, que fue
bastante rigurosa y extenuante, porque él nos indicaba que el lugar donde íbamos a
llevar a cabo la lucha guerrillera era inhóspito y peligroso, y por tanto había que
adiestrarse lo mejor posible".
Antes de partir Guevara les informó que el destino era Bolivia.
"El nos explicó que esta nación andina era una de las más pobres de América
Latina, y que estaba en el corazón de América Latina. Por ello desde su territorio
mediterráneo, al consolidarse el movimiento guerrillero, saldrían las columnas con
insurgentes para crear muchos Vietnam en aras de lograr, como dijera Martí, la segunda y
definitiva independencia de la región al sur del río Bravo".
No olvida Urbano, de origen campesino y hoy coronel del Ministerio
del Interior, que el Guerrillero Heroico afirmaba que la libertad y la soberanía
latinoamericana fueron frustradas por la oligarquía vendepatria y entreguista en
contubernio con la plutocracia yanqui, y aseguraba que existían condiciones objetivas y
subjetivas para convertir en realidad el sueño de Bolívar, Sucre, San Martín, Artigas,
Morazán y otros patricios que lideraron la gesta emancipadora de principios del siglo XIX
contra el colonialismo español.
La exigencia del Che en el Ministerio de Industrias
En los primeros años del triunfo de la Revolución surgió el
Ministerio de Industrias, y como su titular fue nombrado el Comandante Ernesto Che
Guevara, quien incorporó como cuadros de dirección de este organismo gubernamental a
varios oficiales del Ejército Rebelde.
Entre ellos estaba el capitán Julio Chaviano, designado director de
la Empresa Consolidada de Conformación de Metales.
"El Che era muy exigente con dirigentes y trabajadores del
Ministerio de Industrias, lo que aseguraba que en el mismo se alcanzara un alto nivel de
organización empresarial, y, por supuesto, de disciplina laboral y eficiencia productiva,
y en el caso de los dirigentes administrativos tenían que conocer, sin excusa ni
pretexto, todo lo que sucedía en las instalaciones bajo su jurisdicción".
El ahora jubilado Chaviano combatió junto al Che en la región
villareña en los últimos meses de 1958 y tomó parte en numerosos combates contra la
soldadesca batistiana hasta el derrocamiento de la tiranía. Después se mantuvo en las
filas del Ejército Rebelde hasta que decidió convertirse en dirigente empresarial.
"Recuerdo que en noviembre de 1964 se inauguró por el Che en
Santiago de Cuba el Combinado 30 de Noviembre, donde se iban a producir desde tornillos
hasta cubiertos de mesa, y él hizo un recorrido por los talleres."
A su paso por diferentes lugares de esa unidad fabril, acompañado
por Chaviano y el jefe de producción de allí, Guevara se interesó por diversas
cuestiones del proceso productivo.
"En realidad yo no conocía muchos detalles de la maquinaria ni
me preparé para satisfacer el interés del titular de Industrias, en caso de que
formulara algunas inquietudes, y por eso me sorprendió al preguntarme: Chaviano
¿de
cuántas revoluciones son los tornos que hay aquí?
Imagínese usted, aquello me cayó encima como un jarro de agua
fría. Yo estaba en la Luna de Valencia. Entonces me viro hacia el jefe de producción
inquiriéndole con mi mirada que ofreciera la respuesta, y por suerte entendió mi señal,
y me sacó del apuro al contestar."
El entrevistado consideró que su jefe administrativo no
continuaría preguntando, pero se equivocó, porque este no cesó en su empeño por
precisar pormenores de la fábrica santiaguera.
"Por supuesto que fue el jefe de producción del lugar el que
siguió respondiendo, y por tal razón al concluir el recorrido me dijo: Chaviano
tan pronto regreses a La Habana me vas a ver porque quiero que me expliques el aporte que
estas haciendo a la ciencia de dirección en el socialismo."
Quedó sorprendido el interpelado por lo que le había expresado el
Che, y consternado y preocupado quiso que fuera más explícito, y entonces le comentó
con tono de extrañeza:
"Pero comandante
¿yo un aporte?"
El silencio se adueñó del lugar, y solo fue interrumpido por la
voz firme y serena del argentino-cubano:
"Sí, tu estas haciendo un gran aporte a la dirección de
empresas en el socialismo, porque estas dirigiendo sin saber un carajo lo que
diriges."
El encuentro entre ambos se efectuó días después en la capital
cubana, y los señalamientos críticos del comandante guerrillero en ese entornes, y otros
posteriores contribuyeron a que Chaviano, según reconoció en sus declaraciones, mejorara
su labor como dirigente empresarial en el Ministerio de Industrias.
Entre los más brillantes y capaces jefes
guerrilleros
Una de las enfermedades que afectaban a los guerrilleros en la
Sierra Maestra era el paludismo.
Los pocos médicos o estudiantes de medicina que formaban parte del
Ejército Rebelde no disponían muchas veces de los medicamentos necesarios, para curar a
quienes contraían este tipo de padecimiento.
A los 15 años de edad el holguinero de origen campesino Jesús
Parra se integró a un grupo guerrillero que operaba, a finales de 1957, en los llanos del
río Cauto, bajo el mando del capitán Orlando Lara.
"Antes de incorporarme a la guerrilla de Lara había
participado en varias acciones de la lucha clandestina, porque era miembro del Movimiento
26 de Julio, y tras ser detenido por policías batistianos, los cuales me amenazaron de
muerte, decidí alzarme."
En esa zona oriental se enfermaron Lara y otros compañeros de
lucha, y se les ordenó trasladarse hacia el caserío de Vegas de Jibacoa, ubicado en las
estribaciones de la Sierra Maestra, para recibir atención médica.
"Al llegar a ese lugar encontramos a Celia Sánchez, quien
pertenecía a la comandancia de Fidel, y ella con la amabilidad y ternura que la
caracterizaba conversó con nosotros, nos indicó que permaneciéramos allí en espera del
galeno del Ejército Rebelde, quien llegaría de un momento a otro."
Al poco rato se apareció un hombre barbudo, con una pipa en la
boca, vestido de verde olivo, una boina negra en la cabeza y montado en un mulo. Una
mochila en la espalda y una subametralladora en el hombro. Fue presentado como el médico
del Ejército Rebelde. Era Ernesto Guevara.
"Luego de saludarnos afectuosamente, me preguntó: ¿Vos qué
sentis?
"Por el acento de su voz comprendí que no era cubano, pero no
pude adivinar de que país era natural. Le expliqué que tenía fiebre, sentía frío y
sudaba mucho. El me mandó a quitarme la camisa, me puso un estetoscopio en la espalda y
me pidió que tosiera y abriera la boca.
"Al finalizar el examen me confirmó: Vos tenes paludismo, y no
tengo ningún medicamento para esa dolencia.
"Seguidamente extrajo de su mochila un cartucho con aspirinas y
depositó en la mano derecha de Parra un puñado de ellas, mientras le indicaba:
"Te tomas dos aspirinas cada seis horas, toma mucho líquido y
descansa que vas a mejorar."
El joven insurgente obedeció y se quedó en el lugar del encuentro,
en tanto el Che se dirigió a un área cercana para entrevistarse con Fidel. Transcurridas
dos horas se reencontró con él en el mismo sitio, y este se interesó por cómo seguía
de salud.
"No se conformó con que le comunicara que sentía una ligera
mejoría, e indagó sobre la tropa guerrillera a la cual pertenecía. Además, me propuso
unirme a su columna, y tras responderle de forma afirmativa, me mandó a montarme en su
mulo, detrás de él, y me dio su arma."
Ambos se encaminaron hacia la zona de Minas de Frío, y de ahí
enrumbaron su peregrinar por las lomas en dirección a Altos de Mompié, donde estaban
acampados sus hombres. A partir de entonces, Parra se convirtió en uno de los rebeldes
que combatió con el Guerrillero Heroico en la sierra y el llano.
"También fui una especie de ayudante o secretario del Che
porque en uno de los campamentos que tenía la columna de él hallé una pequeña maquina
de escribir, y un libro de mecanografía, y decidí aprender esa técnica cuando no estaba
en combate.
Un día en que practicaba se paró el Che al lado mío, y me
preguntó: ¿Vos sabes escribir a máquina? Le aclaré que estaba aprendiendo, y me
sometió a una prueba al dictarme una carta para Fidel. Al terminarla revisó el texto, y
me señaló que no tenía faltas de ortografía. Eso me agradó porque yo interrumpí mis
estudios de Primaria en cuarto grado, debido a que empecé a ayudar a mi padre campesino
en las labores agrícolas"
Por pertenecer el actualmente jubilado Jesús Parra al pelotón de
la comandancia en las fuerzas rebeldes del Che, pudo apreciar las virtudes y condiciones
excepcionales de ese descollante paladín de la lucha latinoamericanista y
antiimperialista, quiena juicio del entrevistadofue uno de los más brillantes
y capaces jefes guerrilleros del mundo, e, incluso, un extraordinario teórico de la
estrategia y táctica de la guerra de guerrillas. (Por José Mayo)
Duelo a tiros con una avioneta en el Escambray
En octubre de 1958 la Columna Número 8 Ciro Redondo, bajo el mando
del Comandante Ernesto Che Guevara, arribó a las montañas del Escambray para llevar a
cabo la lucha guerrillera en la zona central del país.
Poco antes, el Coordinador del Movimiento 26 de Julio en la antigua
provincia de Las Villas, Enrique Oltuski, recibió una carta firmada por el máximo
dirigente de esa organización insurreccional y Comandante en Jefe del Ejército Rebelde,
Fidel Castro. En ese texto se le orientaba que prestara apoyo a la tropa guerrillera
procedente de la Sierra Maestra.
En una de las ocasiones en que Oltuski se trasladó al lugar
montañoso donde se hallaba el Che para determinar cómo los luchadores clandestinos
villareños respaldarían con ropas, alimentos y armas a los "barbudos" de verde
olivo, pudo comprobar el valor personal de este, y su extraordinario espíritu humanista.
De aquel inolvidable momento, recuerda que " faltaba poco
tiempo para que anocheciera, cuando caminábamos ambos por un sendero de la serranía del
Escambray y mientras hablábamos de diversos temas relacionados con la lucha guerrillera,
de pronto se apareció una avioneta disparando contra nosotros.
"Ese aparato-precisa - era utilizado por la jerarquía militar
batistiana para atacar a los rebeldes por esos dominios y su base de operaciones se
ubicaba en la ciudad de Santa Clara".
Resalta Oltuski que "al presenciar que las balas calibre 50
impactaban alrededor de los dos, decidí abandonar precipitadamente el sitio, y emprendí
una veloz carrera en dirección a varios árboles que se hallaban en las cercanías, con
el propósito de protegerme de los proyectiles. Al llegar allí, asomé mi cabeza, y
observé al Che disparando su fusil contra la avioneta enemiga, a pesar de que las balas
provenientes de la nave levantaban a su alrededor el polvo, tras penetrar en la
tierra."
Añade que en ese instante pensó que el Che iba a morir en su
inusual y desventajoso duelo con el piloto y el artillero de la avioneta; pero ocurrió lo
inesperado ya que aquellos al parecer se acobardaron ante el heroico enfrentamiento del
valiente guerrillero, o algunos de ellos fue herido por sus disparos.
"Lo cierto es que cuando cesó el singular combate- subraya el
testimoniante -, veo que el Che mira hacia varios lugares tratando de encontrarme. Fue
entonces que salí de mi refugio hacia él, mientras me preguntaba avergonzado: ¿Cómo me
paro delante de este hombre que derrochó tanto coraje frente al enemigo?"
Y continua explicando: "Al llegar ante él bajé la vista
porque me sentía apenado por lo sucedido, mas me sorprendió su reacción ya que me puso
la mano en el hombro y a la vez me decía con voz amable y fraterna: No te preocupes, esto
quedara entre nosotros. Y lo cumplió al pie de la letra pues este hecho jamás se
conoció por él, sino fue revelado por mí al cabo de los años."
El actual asesor del Ministerio de Industria Pesquera asegura que
desde que conoció a Ernesto Guevara en el Escambray hasta que lo vio por última vez en
La Habana, poco antes de incorporarse el Guerrillero Heroico como combatiente
internacionalista a las acciones armadas en el Congo y Bolivia, le impresionó la solidez
de su conciencia comunista, la profundidad de su pensamiento político, la firmeza de su
decisión por ofrendar su vida por la causa de los desposeídos, y su inconmensurable
espíritu humanista. (Por José Mayo)
Pensé que iba a estudiar Matemática
Durante la década del 50 del pasado siglo, los jóvenes argentinos
Alberto Granado (Petiso) y Ernesto Guevara (El Pelao) viajaron en una vieja moto por
varias naciones suramericanas.
En esa época Granado era médico, y tras graduarse había laborado
en un leprosorio de la provincia de Córdoba; mientras Guevara, a quien sus amigos
pusieron ese sobrenombre porque se cortaba muy corta la cabellera, estudiaba medicina en
Buenos Aires.
"Yo lo conocí practicando fútbol en Córdoba, antes de irse
él para la principal ciudad argentina a estudiar medicina. Yo pensaba al igual que otros
de sus amigos que iba a estudiar Matemática, porque tenía facilidad para esa asignatura,
y nos sorprendió que escogiera la medicina."
El entrevistado subraya que siempre se sintió atraído por viajar
para conocer muchos lugares y a sus gentes, lo que también era del agrado de El Pelao.
Ambos disfrutaron de las bellezas de la naturaleza en varias
excursiones en las montañas cordobesas, donde acampaban en tiendas de campaña.
"En diciembre de 1950 salimos de Buenos Aires, donde residía
en ese momento la familia Guevara. El primer país recorrido fue Chile y de allí
enrumbamos hacia Perú, en un camión cargado de botellas de refrescos ya que la moto
estaba rota. Visitamos el Cuzco, la vieja capital del imperio incaico y en la cual
habitaba un colega que conocí en un congreso internacional."
"El doctor Antonio Pesce no me identificó inicialmente debido
a mi deteriorada imagen, pero después se dio cuenta quien yo era. Le dijimos que
queríamos ir a la ciudad sagrada de Machu Pichu. El nos resolvió el viaje en un tren
especial sin tener que pagar los pasajes. Allí permanecimos varios días viendo la
monumental obra arquitectónica construida por los incas en Los Andes."
El Petiso estaba interesado en conocer un leprosorio ubicado en la
zona de Huambo, a cuatro mil pies de altura, y hacia allí dirigieron sus pasos.
"En Huambo no había médicos y solamente atendía a los
leprosos una enfermera. Allí estuvimos ayudándola pero a los pocos días determinamos
seguir el periplo, no sin antes ser testigos de las acciones humillantes que cometían
autoridades locales contra los indios. Yo quise intervenir para defenderlos pero El Pelao
lo impidió al señalarme:
"Mirá que vos sois pelotudo porque quieres resolver solito lo
que no han podido hacer ellos todavía."
"Cuando volvimos a Lima, el doctor Pesce nos instaló a
trabajar en un leprosorio; pero como la comida estaba mala, él nos invitaba a cenar todas
la noches a su casa, junto a la familia."
El anfitrión peruano de Petiso y El Pelao había escrito un libro
titulado Latitudes de Silencio, y les entregó el manuscrito para que valoraran su
contenido.
"En la cena de despedida, ya que el doctor nos gestionó el
viaje hacia un leprosorio situado en la localidad de San Pablo, a orillas del río
Amazonas, él nos expresó: -Bueno, ya están a punto de irse y todavía no me han
comentado nada de mi libro"
La respuesta de Guevara no se hizo esperar: "-Mirá, doctor,
parece mentira que un hombre tan inteligente como usted, y con su capacidad y valor haya
escrito un libro tan mediocre. Este libro es negativo porque describe el supuesto
fatalismo de los indios, que en verdad refleja el punto de vista de usted; pero no el de
ellos
"
El científico agachó la cabeza, y con voz temblorosa dijo:
"-Tiene razón, Ernesto."
"Yo me molesté con lo dicho por El Pelao, y cuando estábamos
lejos de la vivienda del medico peruano, le dije: -Mira Pelao, que vos sois hijo de
El pobre hombre nos ha dado comida, trabajo, dinero y viajes, y lo único que
quería de nosotros es que le diéramos la opinión de su libro, y vos le decís algo
desagradable.
Granado y Guevara marcharon hacia el leprosorio de San Pablo. Algún
tiempo permanecieron en ese sitio, donde se unieron al personal médico que atendía a los
enfermos, hasta que acordaron continuar el recorrido en una balsa que nombraron
Mambo-Tango por la imponente y peligrosa vía fluvial hasta la localidad colombiana de
Leticia.
"Allí para subsistir nos convertimos en entrenadores de
fútbol durante varios días hasta que volamos en un hidroavión hasta Bogotá, donde
cierto día fuimos detenidos por la policía ya que El Pelao se negó a entregar un puñal
que utilizaba como corta-papeles. Gracias a la intervención del cónsul argentino nos
liberaron y con la ayuda monetaria de estudiantes universitarios compramos los pasajes en
ómnibus para Venezuela."
En la patria de Bolívar concluyeron su emocionante y aleccionador
periplo por varios países suramericanos. Petiso ingresó en la nómina de un leprosorio
de Maiquetía; mientras El Pelao regresó en un avión de transporte de caballos de
carreras a Argentina para cumplir el compromiso con su madre, Celia de la Serna, de
realizar los últimos exámenes para obtener el título de médico.
"No nos vimos más hasta que volvemos a encontrarnos en Cuba,
donde él había participado bajo la dirección de Fidel Castro en la guerra de guerrillas
contra la tiranía batistiana, y se convirtió en comandante del Ejército Rebelde. Cuando
llegué a La Habana en 1960 pregunté por él, y me informan que era Presidente del Banco
Nacional de Cuba. Voy de inmediato a verlo a su oficina, y cuando estamos frente a frente,
tras saludarme afectuosamente, me preguntó a boca de jarro:
¿Cómo está el científico? , y yo le respondí: ¿Cómo está el
comandante?.
Nos reímos los dos al unísono, y nos sentamos a conversar tomando
mate, como en los viejos tiempos."
Granado, a petición del Che, se quedó en Cuba para ofrecer sus
conocimientos científicos a la Revolución Cubana, y desde hace casi medio siglo es uno
de los tantos argentinos y de otras nacionalidades que construyen junto al pueblo cubano
la nueva sociedad que soñó su amigo El Pelao. (Por José Mayo con datos del libro
"Con la adarga bajo el brazo", de Mariano Rodríguez)
Preocupación por la salud de sus semejantes
Ernesto Guevara formó parte de la expedición del yate Granma como
médico y ejerció sus conocimientos facultativos durante la lucha armada no solo con los
integrantes del Ejército Rebelde, sino también con la población civil a la par que
sobresalía como jefe guerrillero frente al enemigo.
Después del triunfo revolucionario de enero de 1959, su vocación
estuvo siempre presente cuando fue requerido como especialista.
Quien fuera viceministro primero de Industrias y después titular
del Azúcar, Orlando Borrego, estuvo presente en un hecho que, a su juicio, demostró la
extraordinaria sensibilidad humana del Guerrillero Heroico.
"Estaba en mi oficina reunido con un director de empresa y de
pronto este cayó al piso con contracciones en el rostro y raros movimientos en su
cuerpo."
Borrego se dirigió a la oficina del Che para pedirle su presencia
como médico, y este se encaminó rápidamente hacia el lugar. "Lo examinó, e
informó a los presentes que era una taque de epilepsia. Le pregunté si lo trasladábamos
hacia un hospital, y me indicó que era necesario esperar a que se recuperara. Entonces se
sentó al lado del enfermo, le puso un cojín detrás de la cabeza, y empezó a tomarle el
pulso a cada rato."
Borrego recuerda que el Che le preguntó si no sabía que el
director de la empresa era epiléptico, y ante su respuesta negativa, entonces le
aconsejó que había que preocuparse constantemente por la salud de los dirigentes y
trabajadores del Ministerio de Industrias.
"Cuando el enfermo abrió los ojos, lo sentamos en una silla, y
en su cara se reflejó la sorpresa al ver a su lado al Comandante, quien indagó con
palabras afectuosas los antecedentes de su padecimiento.
"Al comprobar que ya se sentía mejor se despidió de él, me
aconsejó llevarlo a su vivienda y ocuparme de que recibiera la adecuada atención."
Posteriormente, el titular de Industrias insistió con Borrego que
se estableciera la debida atención médica a todo el personal de ese organismo y en
especial la medicina preventiva, lo cual se materializó poco después por la constante
preocupación del Che por la salud de sus semejantes. (Por José Mayo, con datos de
"Che: recuerdos con ráfagas", de Orlando Borrego)
Un guerrillero cubano en Suramérica
En una prisión de Argentina conoció el combatiente
internacionalista cubano Alberto Castellanos del asesinato del Che por orden de la CIA, en
la escuelita del poblado boliviano de La Higuera.
El permaneció varios años en ese establecimiento carcelario por
participar en los primeros años de la pasada década del 60 en la guerrilla de Salta que,
bajo la dirección del periodista argentino Jorge Ricardo Massetti, tuvo como escenario la
zona norte de la patria del Guerrillero Heroico.
"Me incorporé al grupo en una zona limítrofe con Bolivia, en
cumplimiento de una misión internacionalista que me confió el Che en agosto de
1963", afirma.
En ese momento Castellanos, hoy jubilado, se adiestraba en
conocimientos militares como Primer Teniente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)
en la escuela de oficiales de Matanzas, y en uno de los fines de semana, al regresar al
centro tras disfrutar de unas horas de pase en el seno familiar, le informaron debía
presentarse en la oficina del Che, ubicada en la Plaza de la Revolución.
"A mi me sorprendió la citación del entonces Ministro de
Industrias porque cada vez que recibía una queja de algunos de los que combatimos junto a
él en la guerra de liberación nacional en Cuba, nos halaba las orejas. Entonces empecé
a rememorar si había cometido recientemente alguna falta grave, pero en realidad no
había hecho nada criticable, y al día siguiente me dirigí a su encuentro".
Tan pronto como Castellanos estuvo frente al Che, este le expresó:
"¿Recuerdas vos de algo que me prometiste hace un
tiempo?"
El interpelado no respondió de inmediato porque le falló la
memoria, hasta que se acordó que en cierta ocasión le había asegurado que estaba
dispuesto a combatir con él en otros países por su libertad e independencia aplicando la
vía insurreccional.
Entonces le dije:
"Ah
sí, ahora recuerdo
¿cuándo nos vamos? "
Y el Jefe rebelde le ripostó:
"Párate porque la misión puede durar 20 años, o no regresar
más nunca a Cuba, y vos está casado, y tienes hijos".
Después que el testimoniante le reiteró con argumentos
convincentes su firme decisión de cumplir cualquier tipo de misión, Guevara le
manifestó:
"Bueno, vas a ir a un lugar, y allí vas a encontrar gente
conocida. Vos serás el Jefe hasta que yo llegue. Invéntate un cuento para tu familia por
si acaso te pierdes unos años, ellos no se preocupen demasiado por tu ausencia."
Y para terminar, le ordenó establecer contacto con quienes lo
adiestrarían para llevar a cabo la misión internacionalista, y le señalarían que era
en Bolivia.
"Yo no había viajado nunca fuera de la Isla, y para mí era un
gran deber revolucionario volver a combatir bajo el mando del Che en esa nación de
Sudamérica por su liberación del dominio oligárquico e imperialista."
Al arribar a la capital boliviana por vía aérea, Castellanos
entabló contacto con otros internacionalcitas cubanos, entre ellos, Ricardo Martínez
Tamayo (Papi), quien cayó combatiendo en ese país del altiplano en 1967.
Junto a ellos se encaminó hacia la zona selvática del departamento
boliviano de Tarijas, en la frontera con Argentina, donde encontraron a Massetti, también
conocido como Comandante Segundo y quien organizaba el frente guerrillero de Salta.
Como uno de los insurrectos argentinos se enfermó de cuidado, y no
podía continuar en el lugar, Castellanos se une a ese grupo de revolucionarios que
iniciarían la lucha armada por la segunda independencia de Argentina.
Por diversas rezones fracasó el movimiento guerrillero de Salta, y
sus integrantes fueron detenidos por las fuerzas militares, y condenados a prisión.
"Los uniformados del ejército argentino me interrogaron varias
veces para indagar quién era, y de donde procedía; pero la leyenda que me prepararon en
Cuba me permitió presentarme como peruano."
Durante varios años a Castellanos lo mantuvieron encarcelado en
Argentina, lo que impidió que se uniera al Ejercito de Liberación Nacional de Bolivia
junto al Che entre 1966 y 1967 al igual que otros compatriotas de la mayor isla del
Caribe.
"Cuando vi en un periódico argentino varias fotos de un
campamento guerrillero en Bolivia, entonces comprendí que el Che estaba en ese territorio
andino luchando por su libertad, pues ese sitio era parecido al que se instaló en la zona
de Caballete de Casa, en las lomas del Escambray, por orden de él.
"La publicación posterior en la prensa local de imágenes del
Guerrillero Heroico tras ser asesinado me conmovió tanto que tuve que contenerme con
fuerza para impedir que afloraran las lágrimas de dolor, o se me escapara algún tipo de
manifestación, y así evitar que se descubriera por los guardianes que era cubano".
Poco después de la heroica caída, Castellanos regresó a Cuba, y
no hace mucho tiempo publicó un libro en Argentina sobre sus vivencias y experiencias
guerrilleras en ambas naciones.
"Mi maestro no solo en la guerra de guerrillas fue el Che, sino
también en mi formación revolucionaria como lo fue, es y será siempre Fidel, y tengo
presente que el Che decía que con Fidel aprendió a ser un buen guerrillero y un mejor
revolucionario". (Por José Mayo)
Un médico cubano en el Congo
Varios médicos formaron parte del más de un centenar de cubanos
que dirigidos por Ernesto Che Guevara, decidieron en 1965 incorporarse a la lucha armada
en el Congo-Leopoldville (hoy República Democrática del Congo) para contribuir a la
liberación de ese país africano.
Uno de ellos, el doctor Rafael Zerquera, afirma que como integrante
de esa columna internacionalista recibió la orden de prestar asistencia médica a sus
compatriotas heridos y enfermos, pero estando en el territorio congolés bajo el mando del
Guerrillero Heroico este le orientó incluir en su quehacer profesional la atención
preventiva y terapéutica a la población civil.
"Recuerdo que en cierta ocasión se apareció él en donde yo
estaba acampado, en la zona de Kibamba, y me preguntó el objetivo de mi presencia en el
Congo. Tras responderle que era para curar a los internacionalistas cubanos, me rebatió y
aclaró: -No, usted vino a ejercer su profesión de médico con todos los que lo
necesiten.
"Entonces me indicó que lo acompañara junto con el traductor
a un recorrido por las inmediaciones del lugar, para consultar a los nativos enfermos, y
entregarles medicinas.
"Por supuesto, ello causó tanto impacto en los congoleses que
nunca antes habían conocido a un galeno y mucho menos recibir fármacos, que
posteriormente a mí no me alcanzaba el tiempo para ofrecer mis servicios facultativos a
los pacientes civiles".
Este septuagenario especialista cubano, quien interrumpió sus
estudios médicos en 1957 en la Universidad de La Habana por el cierre de esa casa de
estudios por la tiranía batistiana, obtuvo su título de Doctor en Medicina en la década
del 60 del pasado siglo, y fue uno de los primeros que practicó el servicio social en las
montañas orientales.
"Estando como médico en la zona montañosa de Santo Domingo,
en la Sierra Maestra, determiné incorporarme a la lucha guerrillera en cualquier país
del mundo, y poco después recibí la orientación de formar parte del contingente de
compatriotas que marcharon al Congo Leopoldville a solicitud del local Movimiento de
Liberación Nacional".
Antes de que Zerquera partiera de Cuba hacia el suroeste de Africa,
experimentó una de las más grandes alegrías de su vida.
"Fidel sostuvo un encuentro con quienes partiríamos, ocasión
en que explicó la trascendencia de lo que haríamos; pero sin especificarnos el país de
destino, y resaltó que recibiríamos una impresionante sorpresa que ni siquiera podíamos
soñarla al llegar al paradero final".
Al arribar por vía área a la capital de Tanzania en unión de
otros compañeros, fue recibido por el comandante Víctor Dreke.
"Entonces le llamó la atención un hombre de tez blanca con
apariencia física de profesor, incipiente barba y acento francés al hablar, quien nos
abundó en los objetivos y condiciones de la misión encomendada. Finalmente nos preguntó
si alguien sabia quién era él.
"Por rasgos de su rostro, y otras evidencias físicas supuse
que podría ser el Che, mas no me atreví a expresar nada por temor a cometer una
imprudencia, y ante la insistencia del interlocutor manifesté: -Me imagino que usted es
el Che".
"El admitió que era el Comandante Ernesto Guevara y resaltó
el motivo de su presencia en Tanzania, así como reafirmó su admiración por el líder
congolés Patricio Lumumba, quien fuera asesinado en 1961 por los testaferros de las
potencias neocoloniales, cuando ocupaba el cargo de jefe de gobierno del Congo
Leopoldville.
"Añadió que la misión internacionalista de los cubanos en
esa nación africana era difícil y riesgosa, podría durar varios años y asignó a cada
uno de los 14 presentes el nombre de guerra que en lengua swahili correspondía a
números.
"Desde entonces el Che fue conocido como Tatu (Tres), y a mi se
me nombró Kumi (Diez) porque había llegado a Tanzania al frente de nueve compañeros
cubanos. En poco tiempo se prepararon las condiciones logísticas y arribamos el 24 de
abril de 1965 a la zona congolesa de Kibamba.
"Allí nos alojaron en varias chozas y en una de ellas pasamos
la noche algunos de nosotros, entre ellos Guevara, quien fue el primero en levantarse al
día siguiente y marchar al frente del grupo hacia una montaña de cerca de dos mil metros
de altura, donde se radicó el campamento principal.
A mi se me ordenó quedarme en Kibamba para recibir a otros
combatientes cubanos que posteriormente se sumarían a la guerrilla y atender a los
enfermos cubanos y congoleses".
En una ocasión Zerquera se trasladó hacia ese lugar de difícil
acceso donde acampaba el Che, porque este estaba enfermo.
"Lo encontré muy mal de salud pues tenía fiebre y tos seca.
Le pregunté sobre el tratamiento que se le podía aplicar y después de sugerirme un
fármaco se lamentó de que no se dispusiera en ese momento.
"Para sorpresa de él abrí un pequeño maletín que contenía
varias medicinas, y que me habían entregado en Cuba para situaciones urgentes, y extraje
lo apropiado para curarlo. Al ver aquello me preguntó de dónde procedía, y me costó
trabajo convencerlo de que la aceptara, porque desde que llegamos a Kibamba me orientó
que las pocas medicinas se destinaran a la población nativa".
Al cabo de varios días mejoró su estado de salud y le indicó a
Zerquera regresar a Kibamba para atender a los pacientes del hospital rural instalado
allí con materiales rústicos.
No transcurrió mucho tiempo cuando el médico cubano volvió al
campamento principal en la montaña, pues el jefe guerrillero padecía de malaria.
"Ese mal, que es común en África, le causó hemorragias y
fiebre alta. Otra vez tuve que convencerlo de que me permitiera aplicarle el medicamento
apropiado que tenía conmigo, porque decía que debía dárselo a los enfermos
civiles".
De abril a noviembre de 1965 Zerquera se mantuvo en el hospital
rural de Kibamba, hasta que a finales de ese año, a solicitud del mando militar local del
movimiento guerrillero se emprende la retirada de los combatientes cubanos.
"Pocos minutos antes de que llegaran a territorio tanzano se
detuvieron las tres embarcaciones en que viajábamos por el lago Tanganika y se
concentraron para escuchar a Guevara, quien nos habló de la epopeya guerrillera que
habíamos protagonizado y nos exhortó a continuar luchando en otras partes del mundo por
la liberación de los pueblos del colonialismo, el neocolonialismo y el
imperialismo"-
Al regresar a Cuba, Rafael Zerquera se mantuvo en los servicios
médicos de las FAR, donde alcanzó el grado de Teniente Coronel, y se especializó en
epidemiología.
Un decenio después retornó al continente africano como médico
militar en Angola, donde el sueño libertario del Che en África se convirtió en
realidad. (Por José Mayo)
Ser ejemplo era su mejor forma de dirigir
Joel Pardo residía con sus padres y 14 hermanos (cinco hembras), en
la zona de Dos Brazos de Peladero, en la Sierra Maestra, cuando a partir de diciembre de
1956 se desarrolla allí la guerra revolucionaria dirigida por Fidel Castro.
Como varios de sus hermanos, él se incorporó a los insurgentes.
El primero de los Pardo que se relacionó con el Ejército Rebelde
fue Israel, quien colaboró con el médico de nacionalidad argentina Ernesto Guevara de la
Serna, quien brindó atención sanitaria a varios heridos tras el combate de El Uvero.
En julio de 1957 el Che y sus hombres se encuentran con Fidel, quien
determina formar la Columna No. 4 bajo su mando y le otorga el grado de Comandante.
Los 74 guerrilleros de la nueva agrupación, entre ellos Israel,
recibieron la orden de operar en la zona de El Hombrito, al este del Pico Turquino.
"Yo me había unido a la columna No. 1 José Martí",
afirma Joel Pardo.
"Poco después ambas columnas se encontraron e Israel me
embulló a conocer al Che. Otros cinco de nuestros hermanos ya formaban parte de la
guerrilla, y por eso el comandante de boina negra me dijo bromeando:
"Vos me podes decir si los Pardo van a cogerse la guerra para
ellos". Los que estaban presentes en ese momento se rieron por la ocurrencia del
argentino, quien me impresionó por su afabilidad, sociabilidad y virtudes como un hombre
excepcional y paradigmático", relata Joel".
En el combate del Firme de Nevada, en noviembre de 1957, este fue
herido de bala en el torso.
"Fui atendido por médicos guerrilleros en el hospital rural de
La Pata de la Mesa, donde también estuvo el Che porque una bala lo hirió en un pie en el
combate de Altos de Conrado, en diciembre de 1957.
Allí, mientras nos restablecíamos, él se preocupó de que
eleváramos el nivel educacional, y envió una joven muchacha a que nos diera clases de
superación porque él siempre expresaba que para ser más útil a la Revolución había
que saber y conocer.
"Yo me siento orgulloso de haber estado subordinado a los
mejores jefes de la guerrilla, entre ellos el Guerrillero Heroico, a quien recuerdo
siempre con admiración como mi maestro en la estrategia y técnica combativas y en mi
formación revolucionaria.
Junto a él aprendí a ser más humano con mis semejantes, y a
consagrarme a la Revolución. Lo que lo distinguía y lo hacia ejemplar era que mostraba
con sus actos lo que predicaba con la palabra.
El era muy humano, pero también exigente en cuanto a la disciplina.
En los combates siempre hizo gala de su valentía, capacidad de mando y de su brillante e
inusual estrategia y técnica militares. Se ganaba la autoridad en sus subordinados con su
valor y coraje, y con su integridad y solidaridad", expresa Joel Pardo.
"En los enfrentamientos de Minas de Frío, y Vegas de Jibacoa,
y en otros tomé parte bajo el mando del Che. En uno de ellos, en el de La Severiana, no
lejos de Buey Arriba, él sufría de un fuerte ataque de asma.
Yo estaba cerca de su posición y vi cómo se paraba para disparar
contra los guardias a fin de que sus hombres pudieran retirarse, porque nos superaban en
hombres y armamentos.
"De pronto lo pierdo de vista, y pensé que lo habían herido o
matado, y me dirijo hacia su posición. Lo encontré detrás de una piedra grande donde se
refugió porque casi no podía respirar. Lo ayudé a salir de allí bajo las balas.
"El tenía una voluntad de hierro para vencer las dificultades
cualesquiera que fueran, porque para él la mejor forma de dirigir en la guerrilla era con
el ejemplo personal", destaca el hoy jubilado teniente coronel de las FAR. (Por José
Mayo)
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