Contra los no culpables
Néstor Núñez
Parecería que los "cabeza rapadas", los de las calles y
los que ostentan cargos representativos, ganaron la batalla en Europa. La xenofobia y el
racismo, estimulados por los que quieren presentar los males sociales y laborales como
derivados de la masiva llegada de extranjeros, sentó reales bases con fuerza de ley.
El Parlamento Europeo, a cuenta de ultraconservadores, manipuladores
y gente violenta, y en medio de la división de la izquierda sobre la medida, aprobó
finalmente la llamada "directiva de retorno", que asume medidas extremas contra
los inmigrantes indocumentados.
El legajo establece, entre otras disposiciones punitivas, detención
para los extranjeros sin papeles aunque no medie orden judicial, prisión de hasta 18
meses, y deportación con la advertencia de que no podrán viajar a Europa en cinco años
so pena de ser castigados severamente. No escapan menores ni féminas.
La Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) aseguró de
inmediato que varios puntos del texto son incompatibles con las obligaciones de los
Estados miembros de la Unión Europea, pero lo cierto es que las contadas objeciones en el
Parlamento regional no fueron tomadas en cuenta.
Por su parte, el movimiento SOS Racisme calificó de vergonzosa la
adopción de la directiva, que "atenta contra los ideales de libertad y convivencia
que portan los padres de Europa".
"Es inadmisible que se decida el encierro de personas
vulnerables, como menores extranjeros o extranjeros enfermos, con el único motivo de que
están en situación irregular a la vista de la legislación de los países de
acogida", recalcó en texto de esa entidad.
La directiva recibió 367 votos a favor, 206 en contra y 109
abstenciones, y salió adelante gracias al respaldo del Partido Popular Europeo, los
liberales y la derecha nacionalista.
La reacción no se hizo esperar. El presidente boliviano, Evo
Morales, aún antes de la votación, instó a los eurodiputados a no asumir semejante
engendro, que desconoce las verdaderas causas de la emigración tercermundista, es decir,
la explotación ancestral por Occidente del resto de las naciones del orbe.
Por su parte Ecuador reaccionó oficialmente con una agria condena,
en tanto parlamentarios peruanos dijeron que no menos de 200 mil compatriotas pueden ser
apresados y devueltos desde el Viejo Continente, donde sobreviven asumiendo los trabajos
que los locales no quieren desempeñar.
En fin, que la añeja, culta, flemática y señorial Europa vuelve a
dar una "civilizadora" lección: nada hay de común entre el explotador y el
explotado. |