Marie Brizard: historia y leyenda
Hace
algunos siglos, cuando la sociedad daba una oportunidad había que tomarla, de lo contrario, nada, se pasaba al olvido.
Hablar de oportunidades para destacarse o
sobresalir en el caso de los hombres era un poco menos engorroso, pero cuando se trataba
de una dama, la cosa cambiaba casi siempre para mal.
Por sólo situarnos en el siglo XVIII
francés, recordemos que también allí el futuro para las mujeres estaba bien claro:
saber llevar una casa, ser buena esposa, y madre ejemplar.
Si algo
fallaba por ejemplo una buena dote, se era rigurosamente fea, o se tenían ideas en
la cabeza, el destino también estaba marcado: al convento o a cuidar sobrinos y
ancianos.
Pero a veces las cosas variaban; en un
momento intereses económicos se movían, las mentalidades se hacían más flexibles y era
ese el minuto para tratar de salirse de la senda.
Algo así le ocurrió a la francesa Marie
Brizard, cuya fecha de nacimiento se pierde en la ciudad de Burdeos, pero sí se conoce
que era la mayor de 15 hermanos.
Existe una hermosa leyenda sobre ella:
cuentan que era muy noble de corazón y por ello, cuidó a un marinero que llegó enfermo
de un viaje a las Antillas. En agradecimiento, él le contó el secreto de cómo preparar
un licor que curaba y además era delicioso.
Como a estas alturas hay pocos secretos
que sean realmente secretos, se sabe que entre otras cosas, contenía limón, café, coco,
plátano, anís y amaretto. Este hecho ocurrió en 1750.
Y comenzó la bella Marie a preparar
licores, con tanto éxito que en 1755 ya estaba fundada en Burdeos, puerto de mar,
para mejor suerte y con la ayuda de su sobrino Juan Bautista Roger, la sociedad
Marie Brizard y Roger, fabricantes del delicioso anisete.
Aunque no eran los únicos, fueron los que se impusieron en el mercado hasta el sol de
hoy, cuyos licores ahora más variados se venden como pan caliente por su delicada
preparación y las formas sofisticadas de los envases. Llevan su sello personal porque un
detalle que no dije: era una mujer muy bella.
No todo fue coser y cantar, tanto Marie
como Roger debieron enfrentar una etapa difícil durante la Revolución y el Imperio,
cuando por razones políticas un bloqueo impidió la normal llegada del azúcar.
Otro inconveniente surge entre 1900 a
1902, cuando comienza, fomentada por los
médicos una campaña a favor de la higiene y a la vez, un movimiento cívico de
protesta contra el alcoholismo.
Naturalmente, la empresa Brizard
defendió sus bebidas apelando a la cordura humana, porque era cierto que se bebía
bestialmente.
Los problemas más difíciles de resolver
son aquellos donde todas las partes tienen un poco de razón. Ya en la década de los
años 90 del pasado siglo, hace rato se conocían los efectos dañinos del alcohol y las
cartas estaban sobre la mesa: de un lado, los médicos diciendo que los excesos son malos
y del otro, las conciencias particulares exagerando en adicciones.
Aunque parece breve, esta es la historia
muy resumida de los licores de Marie, una joven que rompió el molde y ahora,
con toda justeza, aparece como una de las primeras mujeres empresarias. Marie murió en
1801 a los 86 años.
Nadie podría imaginarse que
empezaríamos el siglo XXI con tantas prohibiciones, pero no olvidemos que los extremos
son malos, hasta para aconsejar.
Los científicos y en particular los
doctores, que cada día descubren maravillas nuevas, tienen las riendas de la razón en
sus manos. Es optativo asumir sus verdades.
De todos modos, ahí están el anisado y
otros alcoholes. Beberlos con discreción es al menos una posibilidad, ahora cuando
por prescripción médica comer y beber tiene
que ser tan breve como un epitafio.
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