Por Elena Milián
Servicio Especial de la AIN
La vocación democrática de esta tierra, histórica, genuina, anda
en rostros y manos de un pueblo, cuando se aproxima este domingo 20 la elección de los
mil 201 delegados a las Asambleas Provinciales del Poder Popular y los 614 diputados al
Parlamento.
Una prueba dinámica, la capacitación de más de 190 mil ciudadanos
a laborar en los colegios y el contacto de los candidatos con alrededor de millón y medio
de electores, son apenas rasgos evidentes de la esencia participativa de estos comicios
generales, muestra del perfeccionamiento de la democracia.
Comprender el sistema político del país presupone remontarse a la
Primera Asamblea Legislativa celebrada el 10 de abril de 1869, pocos meses después del
inicio de la guerra contra la metrópoli española, y desde ahí hasta el triunfo de la
Revolución en enero de 1959, hecho que propició condiciones para ejercer las ansias
constitucionalistas y parlamentarias.
Esos derechos, no pocas veces escamoteados, hallaron entonces la
vía expedita. La consulta con las masas sentó pautas, si bien durante los primeros 15
años los máximos esfuerzos se dirigieron a la lucha por la supervivencia frente a
constantes agresiones de sucesivos gobiernos estadounidenses.
Tras esa etapa pudo plantearse la institucionalización, para
aprobar en 1976 las medidas más importantes en ese sentido, entre ellas la creación de
los órganos del Poder Popular y la primera Constitución Socialista, cuyo artículo
encabezador define: "Cuba estado socialista de trabajadores, independiente y
soberano, organizado por todos y para el bien de todos...".
Tales preceptos guiarán otra vez al pueblo, convocado al voto
unido, a las urnas de unos 39 mil colegios activos en la nación, cifra superior a los
establecidos cuando la selección de los delegados a nivel de circunscripción en octubre
pasado, en pos de facilitar la labor de las mesas encargadas ahora de computar los
resultados de dos sufragios, con boletas diseñadas al efecto.
Este incremento obedece también a no tratarse de elegir el delegado
a escala de las barriadas, característica que permite al ciudadano, en llamadas
excepciones, votar en sitio diferente al establecido por su lugar de residencia, y por ese
motivo se abrieron colegios en hospitales y terminales de transportación para garantizar
el ejercicio a todos de sus derechos.
Lo más trascendental de estos comicios en cuanto a diferencia
ética entre este sistema y el capitalismo recae en la selección de los candidatos,
quienes no gastan un centavo en propaganda y solo se exponen públicamente su retrato y
biografía.
Cuba plantea el voto unido no como movimiento de unanimidad falsa,
sino porque los nominados son el resultado de las propuestas de las comisiones de
candidatura compuestas por las organizaciones de masas y sociales, presididas por la CTC,
es decir, nacieron del pueblo. A la par el proceso electoral cobra un significado
particular en el actual contexto, como indican expertos, pues el enemigo está pendiente
de si se erosiona el consenso popular, pretensiones urgidas de mostrar al mundo que somos
un haz de voluntades, herencia del pensamiento de próceres de la talla inmensa de José
Martí, precursor de la necesaria unidad latinoamericana.
Frente al proyecto desestabilizador e injerencista del imperialismo,
nuestro plan se basa en pilares de unidad, independencia, soberanía, Patria, Revolución
y socialismo, que no son mera consigna, sino acto de conciencia, y prueba de ello lo
constituye la posibilidad existente de votar por uno, por varios o por todos, según la
decisión personal.
Jamás se laceran las libertades cívicas del pueblo, un pueblo de
alta escolarización (unos 800 mil graduados universitarios y sedes de estudios superiores
en cada municipio) y de elevada cultura política, por el contrario, se trata de respaldar
a candidatos escogidos en virtud de méritos propios y no de influencias, como señaló
Fidel en los comicios generales de 1992-93.
Dijo entonces también el Comandante en Jefe ante los candidatos:
"... confiamos en el espíritu patriótico y revolucionario de nuestro pueblo y en
que actuará a la altura de las circunstancias en este combate,... nos conviene un país
unido, nos conviene un país fuerte...".
Contempló asimismo en aquel momento la posible actitud de quienes
quieren la destrucción del proceso revolucionario, con la anulación de boletas u otras
artimañas. Hoy el panorama se repite en mercenarios internos pagados por el gobierno
norteamericano.
El despertar de este domingo, por tanto, será el de la meta de
defender la herencia de una educación, una cultura, una idiosincrasia. Será una nueva
oportunidad de que cada hombre y mujer sepa cuán importante es como individuo y en
colectivo, si de garantía de futuro se trata.