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¿Dónde rayos cayó el rayo?

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En las películas de terror, un rayo bien contundente y en plena noche, es lo más socorrido para cerrar el círculo del miedo. Pero si la imagen fue filmada en la Antártida, es una farsa, pues en ese lugar de la Tierra es donde único no caen rayos.

No solamente en el cine, para muchas personas sentir tronar o ver un rayo les causa verdadero pavor, al punto de estar considerada entre las fobias y se llama ‘’brontofobia’’.

El temor por este elemento natural tan frecuente en el mundo tiene sus antecedentes con toda seguridad desde que comenzó la vida en el planeta, porque a los truenos y rayos le temen humanos y animales.

Particularmente los etruscos contemplaban atentamente las tormentas y, en especial, los rayos, porque les servían para el oráculo: si caían hacia el este se consideraban favorables, pero si lo hacían hacia el noroeste, se preparaban para recibir desgracias.

Tanta divinidad se confería a los rayos, que a quien le cayera uno encima se le considerada una persona marcada por la suerte y allí mismo la enterraban. Los tiempos han cambiado y ahora a quien le suceda tamaña desgracia, si sale con vida, sólo tendrá una buena historia que contar.

No solo los etruscos, también los griegos, romanos, eslavos, asiáticos y africanos tomaron el misterio de ese fuego salido del cielo y lo colocaron junto a sus dioses más poderosos.

En Cuba, introducido por la religión africana, contamos con la vigorosa deidad de Changó, dueño del rayo, el trueno y el fuego y cuyo color, - rojo- simboliza el poder.

Hoy cualquiera sabe que los rayos son parte de las más de 45 mil tormentas eléctricas que según los estudiosos, suceden todos los días en todo el mundo, ocurren con mayor frecuencia en primavera y verano y con particular fuerza en las regiones tropicales y subtropicales.

El jefe del Departamento de Pronósticos, del Instituto cubano de Meteorología, Doctor José Rubiera, explica que los rayos no son otra cosa que la interacción que ocurre entre la tierra y las nubes que forman una tormenta eléctrica.

Mientras que las nubes de una tormenta tienen cargas negativas y positivas, la tierra normalmente en sus capas superiores las tiene negativas, surgiendo así una verdadera controversia de energías.

Cuando el potencial eléctrico entre tierra y nubes es de 100 a mil millones de voltios se genera en el aire un canal ionizado, por el cual viaja lo negativo de la tierra a las nubes y viceversa.

Al encontrarse ambos elementos,…!rrrrm! se produce la primera descarga eléctrica, el rayo, un proceso que resulta más difícil de explicar que de suceder, pues todo ocurre en apenas segundos.

Aunque las tormentas tienen la virtud de avisar, los relámpagos se ven y los truenos se sienten, se considera que a causa de los rayos mueren más personas en el mundo que las que provocan huracanes y tornados.

De las cien descargas eléctricas que se producen en el planeta cada segundo,

las estadísticas dicen que cuestan la vida de cien estadounidenses cada año, otro centenar de brasileños, y en Cuba el promedio registrado entre 1987 al 2005 fue de 75 fulminados.

Estas poderosas tormentas eléctricas que circulan durante segundos entre cielo y tierra y cuya temperatura alcanza hasta 30 mil grados centígrados – o dicho más claro: cinco veces la temperatura del sol- no deja sano nada de lo que toque.

Si algo tiene de místico la caída de un rayo sobre un ser vivo es que quien supera la prueba, puede hablar de ‘’milagros’’

Esas nubes cargadas de electricidad que chocan entre ellas y lanzan sus cargas hacia la tierra, tienen cómplices que les ayudan en su infausta tarea: los edificios, los árboles, antenas, torres y otros elementos elevados.

 

Al llegar a la superficie terrestre, el agua, como buena conductora, hace también lo suyo, por eso, una de las recomendaciones más conocidas es no ducharse cuando hay tormentas.

No tome como una exageración si el peluquero lo deja a medio pelar porque hay tormenta, las puntas de las tijeras son un lugar ideal para atraer a un rayo.

Tampoco hable por teléfono, ni se quede en el mar, bájese del caballo si está montando, aléjese de los árboles y en el caso cubano, de las palmeras.

En Cuba, asegura el doctor Rubiera, las cifras hablan: la mayor parte de las muertes por descargas eléctricas se producen en personas de 16 a 30 años de edad, en zonas rurales, son más comunes en el mes de julio, un tercio de los casos son mortales y el 70 por ciento de los que sobreviven quedan con severas secuelas permanentes.

Provocan en el mundo además la muerte de miles de animales cada año, incendios, rompen equipos electrodomésticos, interfieren en las comunicaciones, y hasta ahora solo sirven para destruir, aunque en este mismo instante más de un científico se esté rompiendo la cabeza para algún día utilizar su carga de energía en el consumo eléctrico, pero ese minuto no ha llegado.

Los rayos no se pueden evitar, pero sí esquivarlos con medidas de precaución sencillas. Ya sabemos que no son enviados por dioses tremendos, ni una suerte divina, son parte de la vida misma del planeta y hay que convivir con ellos.

Pero ojo, de los 16 millones de tormentas eléctricas que ocurren cada año - menos en la Antártida- alguna nos puede tocar, porque después del trueno, la verdad es que nadie sabe dónde rayos va a caer un rayo.

 

 

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