Marcos Alfonso
Servicio Especial de la AIN
La magistral estrategia librada por Fidel desde la Sierra y luego de
su entrada a Santiago de Cuba, por primera vez en su historia, propiciaba que el Ejército
Rebelde y el pueblo tomaran las riendas del poder para labrar el destino futuro de la
Nación.
A partir de entonces, muchos serían los desafíos para los cubanos,
y la Revolución no se detendría ante nada ni nadie. El poder del pueblo comenzaba a
andar por todo el archipiélago.
Ya desde el temprano tres de enero de 1959 se constituía el
Gobierno Provisional Revolucionario y se efectuaba, en Santiago de Cuba, la primera
reunión del Consejo de Ministros el cual, dos días después, se trasladaba hacia la
capital de Cuba.
Ese propio día tres, hace ahora 50 años, con el Comandante en Jefe
Fidel Castro a la cabeza, se iniciaba la Caravana de la Libertad, la cual recorrería todo
el país como señal inequívoca del triunfo de las fuerzas revolucionarias.
A su paso por las diferentes provincias y regiones, el líder la
Revolución pronunció numerosos discursos y adoptó decisiones claves que incluyeron
nombramientos de los nuevos representantes en las funciones públicas y militares, así
como estableció el orden y el poder revolucionario.
La llegada a La Habana de Fidel aconteció el ocho de enero. En
medio de la apoteosis, pronunció un histórico discurso en el otrora Campamento Militar
de Columbia, en el cual manifestó la necesidad de la unión de todas las fuerzas
revolucionarias como vía para la consolidación del poder del pueblo y encarar todo tipo
de conjuras y maniobras del enemigo externo, vigentes el propio primero de enero.
Durante su alocución advirtió que la dirección de la Revolución
sabría armarse de la paciencia requerida para asumir todas y cada una de las
responsabilidades que implicaban la asunción popular al gobierno.
En medio de aquella histórica intervención, Fidel ladeó su rostro
hacia el Comandante Camilo Cienfuegos y le preguntó:
--¿Voy bien, Camilo?
A lo que el carismático jefe guerrillero le respondió:
--¡Vas bien, Fidel!
Aquellas frases signaron eterno simbolismo cuando decenas de palomas
surcaron el espacio de lo que sería en breve tiempo Ciudad Libertad, y una de las aves,
de color blanco, se posó en el hombro del líder del Moncada, el Granma y la Sierra
Maestra.
Durante jornadas previas a la huelga, los militantes del Movimiento
26 de Julio que permanecían encarcelados o en la clandestinidad, salieron a las calles
con sus brazaletes. Las campanas de las iglesias en las urbes repicaron y en muchas
ventanas y balcones fue colocada la bandera cubana.
Cientos de automóviles recorrían las plazas sonando sus claxon y
los cubanos se concentraban espontáneamente en los lugares públicos, como plazas y
parques, para dar rienda suelta a sus sentimientos de triunfo.
La huelga general revolucionaria iniciada con el llamamiento hecho
por Fidel, y que evitó las maniobras de los elementos del batistato bajo dirección del
Departamento de Estado de EE.UU., finalizó el cuatro de enero, cuando el propio
Comandante en Jefe, desde Camagüey, convocó a los trabajadores a reiniciar sus faenas
para que no se afectaran los servicios y la economía del país.
Los acontecimientos que se sucedieron tras las llegada de Fidel y
los combatientes del Ejército Rebelde a La Habana, sentaron las bases para que se
iniciara la nueva marcha: la de la Revolución, la cual, a lo largo de esta media centuria
de su advenimiento, ha debido encarar retos que echaron por tierra los planes de sus
enemigos.