| Mencía Calderón, "la
adelantada" Por: Margarita
Carmona
En Asunción, la capital
paraguaya, hay una estatua y también una calle con el nombre de mujer a quien muchos
consideran "la madre española del área del río de la Plata".
La calle comienza en la avenida General
Máximo Santos, se extiende hasta la avenida Intendente Guggiari, antigua calle
Castilla, en el Barrio Pinozá del Distrito Lambaré*.
Allí una placa recuerda a Mencía Calderón de Sanabria,
metelinense por haber nacido en el municipio de Medellín y extremeña por pertenecer esta
zona a la provincia española de Badajoz.
Habían pasado 28 años de
la llegada de los españoles a América cuando en 1520 nació esta dama que, quizás sin
proponérselo, fue una de las muchas que con el tiempo ayudó a dar un vuelco a esa mezcla
humana que somos hoy en estas tierras americanas.
Cuando esto ocurría, por la mente de nadie podía pasar la
idea de que al finalizar el siglo XX con razones científicas, nos harían ver una
realidad impensada: la raza es una sola, la humana.
No se acabaron los colores distintos de la piel, pero sí
somos el resultado de un origen común y para que rabien los racistas, sabemos ya que
salimos de un mono africano evolucionado.
Cuando doña Mencía nació y cuando luego, veinteañera, se
casó con el también metelinense don Juan de Sanabria, la idea de viajar a América era
poblar estas tierras
para ellos nuevas y formar familias, en aquellos lugares donde los indios
habían sido los verdaderos reyes.
Para realizar el proyecto trajeron a 50 muchachas casaderas
incluidas las tres hijas de Mencía y Juan rumbo al sur americano. Partieron el 10 de
abril de 1550 en la nao San Miguel y dos bergantines que se hicieron a la mar en Sanlúcar
de Barrameda. El 15 de junio de ese mismo año abandonaban Canarias hacia el Atlántico
abierto.
No era doña Mencía quien podía realizar semejantes planes.
Darle tamaño poder a una mujer en aquellos tiempos era algo que ni siquiera pasaba por la
mente. El poder era masculino y salvo excepciones, las reinas eran reinas porque se
casaban con un rey.
Sucedió que el esposo de Mencía había obtenido el título
de "adelantado" y era suyo el derecho a hacer la expedición, pero murió
de fiebres tercianas y hemorragia cerebral antes de llegar al océano.
La viudez la golpeó, pero había vendido todos sus bienes y
como sus biógrafos coinciden en que era emprendedora y poseía cualidades excepcionales,
las usó en su beneficio.
Apeló a las mismas leyes que le negaban el derecho, aunque permitían la existencia de un
"presta nombre", y el título de "adelantado" pasó a su
hijastro de 16 años, Diego de Sanabria. En realidad, la "adelantada" fue ella.
No fue coser y cantar el camino que emprendieron, los vientos
llevaron las naves hasta las costas africanas, fueron despojados por piratas franceses,
pidieron ayuda que nadie les dio y de algún modo terminaron en Brasil.
Divididos en tres grupos de expedicionarios, volvió a pedir
una ayuda que nunca tuvo y decidió junto a los suyos salir a pie hasta Asunción, a donde
llegaron más maltrechos que vivos a mediados de 1556.
De sus propias hijas, solo se recuerda a María y la también
llamada Mencía, ya casadas con dos capitanes; la tercera debió morir en la travesía.
Diego se ahogó en las costas brasileñas, pero llegaron de un modo u otro y por caminos
distintos a su destino final: Asunción.
Existe, fechado en 1564, un breve relato escrito por ella
donde cuenta las penurias sufridas durante una expedición que dejó para la historia el
ejemplo del empeño.
Por la vía de muchas de las familias asentadas en Paraguay y
de sus propias hijas, nacieron con el tiempo varios que serían futuros líderes criollos
destacados en campos distintos, como un hijo de María Fernando del Trejo y
Sanabria quien llegó a obispo en Tucumán y Juan de Garay, quien establecido en
Buenos Aires fundó Santa Fe.
Este octubre se cumplirán 516 años del día que los
primeros españoles pusieron un pie en América. Sabemos que hubo de todo: injusticias y
aberraciones, vinieron malvados y aventureros, pero también gente buena cargada de
sueños, y aunque pocas, las primeras mujeres fueron capaces de caminar por las selvas con
aquellas ropas que hoy solo se ven en teatros y museos.
Es noble entonces pensar también en los que de un modo u
otro nos pudieron dejar unos bisabuelos nacidos en tierras españolas para formar lo que
somos hoy, y que resumo en los versos del Poeta Nacional cubano Nicolás Guillén, ese de
la piel casi oscura y el pelo lacio, cuando escribió:
"San Berenito y otro mandado, todo mezclado,
Negros y blancos desde muy lejos,
Santa María, y uno mandado,
Todo mezclado
" (**)
(*) Datos aportados por el Sr. Augusto Campos Caballero,
Embajada de la República del Paraguay en La Habana.
(**) "Son 16", Nicolás Guillén |