| Asmat
significa "gente de madera" Entre pantanos y selvas, medio perdido en la costa sureste de la isla
indonesia de Papúa vive el grupo étnico de los asmat, unas 70 mil personas que tienen la
reconocida cualidad de ser en esta parte el mundo, quienes mejor manejan el tallado en
madera.
Realizar complejas esculturas o estilizadas figuras les viene
por tradición, y también por muchos años fueron ferozmente perseguidos por
coleccionistas privados, quienes en su afán de hacerse de una talla legítima, eran
capaces de llegar hasta una zona donde la prudencia siempre es poca cuando no se es nativo
del lugar.
Por el nombre asmat se conoce también la región de
unos 19 mil kilómetros cuadrados donde vive esta comunidad y que forma parte del Parque
Nacional Lorente, Patrimonio de la Humanidad.
Tallar maderas no es para ellos solamente un modo de perpetuarse por medio
del arte; es una ceremonia para la que se preparan con tiempo, eligen a los mejores
guerreros y ataviados con sus trajes salen a buscar un árbol específico: el designado
por la inspiración.
Indonesia es quizás el único país que tiene la más
variada muestra de arte primitivo, sin dudas, por la riqueza humana que proporciona el
hecho de estar formada por más de 15 mil islas ubicadas a lo largo del ecuador , donde
habitan unos 500 grupos étnicos muy diferentes entre sí y se hablan más de 560 lenguas.
Cada isla posee variadas formas de manifestar su cultura,
desde las máscaras danzantes y los kris (cuchillos) de la isla de Java, las esculturas en
madera de Sumatra, Sulawesi, Borneo, Timor e Irian Jaya, los textiles de la isla de Sumba,
las vajillas Sasak procedentes de la isla de Lombok, los útiles de trabajo pétreos
papúes, sus escudos y esculturas ancestrales, sin olvidar las exquisitas tallas
balinesas.
En el caso particular de los asmat hay toda una mística,
basada en la creencia de que la vida, el arte y la naturaleza, crean una armonía mediante
la cual se mantiene en equilibrio el frágil paso entre la vida y la muerte.
Por ello, creen que nadie se muere de viejo, simplemente la
gente deja este mundo porque su alma ya está preparada para vivir en el cuerpo de otro.
Este sentido de la existencia los hizo durante muchos años coleccionar las cabezas de sus
enemigos y practicar el canibalismo, hace relativamente poco tiempo.
Vistos por los ojos de los foráneos, los asmat impresionan,
y mucho más si se conoce de antemano sus viejas costumbres. Sucede que siempre fueron
guerreros, luchaban contra otras tribus o se defendían, y también sembraban el pánico
con sus vestimentas y lanzas entre los blancos que se adentraban en sus dominios buscando
sus tallas de madera y husmeando en sus ritos sagrados.
Este espíritu bélico se manifiesta aún en sus fiestas y
representaciones esculturales, donde el guerrero demuestra fuerza, aunque también
erotismo. Bailan de forma sensual, pero con un claro mensaje: la guerra, la muerte y el
sexo, son casi una sola cosa.
Gustan de vivir en pequeñas villas ubicadas en los bordes de
los ríos o directamente sobre los pantanos; sus calles son pasarelas y las casas se
construyen sobre pilotes.
En su mayoría son monógamos; las mujeres respetadas son las
que proveen buena parte de la alimentación, en tanto los varones, protegen, cuidan,
buscan árboles, tallan.
En la controvertida balanza de la justicia moderna, aún se
les critica por su pasado caníbal, aunque se les reconoce que siempre vivieron en
perfecta armonía con el entorno y son capaces de crear maravillas de madera con las
manos.
Los asmat son en definitiva otro de los tantos grupos humanos
a los que habría que necesariamente salvar; son parte del mismo mundo donde también hay
armas sofisticadas que dan espanto y otros guerreros a los que no siempre se les dice
"bárbaros".
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