| Borramos gracias
a un árbol Por:
Margarita Carmona
Para eliminar los errores
hechos con el lápiz, e incluso con tinta, usamos la goma de borrar, un artículo
indispensable en un escritorio y que como todas las cosas, tiene su historia propia.
Las gomas, también llamados borradores, están hechas entre otros con el titinilio, un
plástico que se obtiene combinándolo con su pariente, el vinilo.
Antes, lo más común era borrar las equivocaciones con miga
de pan, pero en el caso específico de esta sustancia natural, la historia comienza en
1876 cuando el botánico inglés Henry A. Wickham sacó ilegalmente de Brasil semillas del
único árbol del mundo que producía caucho: el siringa.
Se hicieron plantaciones del árbol del caucho, conocido en portugués como
"seringueira" en Malasia, Birmania, Ceilán y África subsahariana.
"La gracia" del inglés puede ser vista de dos
modos. Por una parte, aunque lo hizo sin permiso, permitió que otras naciones produjeran
caucho, pero también les quitó a los brasileños la primacía de ser los únicos, ya que
38 años después del robo, la cantidad de caucho obtenido de plantaciones superaba la
extraída de árboles silvestres amazónicos.
La materia prima de las gomitas de borrar sale de este
árbol, que mide entre 20 y 30 metros y cuyo tronco recto llega a los 60 centímetros; su
madera es blanca y liviana.
Las hojas son compuestas trifoliadas, alternas, de 16
centímetros de longitud, por 6 a 7 centímetros de ancho y caen parcialmente durante la
estación seca, no sin antes tomar una coloración rojiza.
El árbol del caucho produce frutos desde los cuatro años de
edad y solamente hasta los 25. Tal vez porque su vida productiva es algo breve, en Brasil,
le endilgan la jocosa mala fama de ser poco dado a la vida sexual. Precisamente la palabra
portuguesa "seringueira" quiere decir eso mismo: que no copula.
Sin embargo da frutos. Unas grandes cápsulas de cuatro
centímetros de diámetro ricas en aceite.
Desde que los exploradores descubrieron que el árbol podía
ser muy útil, lo pusieron a trabajar. Para extraer la resina que guarda en su tronco es
necesario hacer un corte con forma de V.
El látex extraído contiene 30 a 36% de hidrocarburo del
caucho; 0,5% de cenizas; 1,5% de proteínas; 2% de resina y 0,5% de quebrachitol.
Había comenzado la "fiebre del caucho", que
aparejada al desarrollo de la industria comenzó a llenar al mundo, entre otros muchos
objetos útiles, de gomas para autos y borradores para eliminar los errores sobre el
papel.
Borrar con migas de pan es historia pasada, ahora existen
gomas adecuadas para cada tipo de trazo: blanca para el lápiz; azul para la tinta;
amarilla para determinados trabajos de arquitectura; de migajón para delicados trazos con
el grafito, y la negra, para hacer bromas porque no borra nada.
La que se usa para hacer desaparecer la tinta es producto del
desarrollo, pues contiene minúsculos trocitos de metal que borran bien, pero tienen el
inconveniente que si se nos va la mano, rompemos hasta el papel.
Lo más cómodo es el líquido corrector, una suerte de
pintura blanca que de un brochazo hace desaparecer todo lo que le caiga debajo, pero puede
que a la larga se ponga amarilla.
El caucho no solamente sale de siringa brasileño; también
se obtiene una buena resina de otros dos tipos de árboles repartidos por el mundo, pero
sin desdorar ni opacar tampoco a los modernos compuestos sintéticos para hacer gomas,
este tiene como hemos visto una leyenda más auténtica. Sobre él cayeron, desde la
historia de un robo, hasta los chistes locales.
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