| Faraones,
pirámides y humor del bueno Por: Margarita Carmona (AIN)
La obra del escritor norteamericano William Jacob Cuppy (1884-1949) no fue
muy extensa, pero desde los títulos de sus libros (Cómo distinguir a tus
amigos de los monos, Cómo convertirse en
fósil y La decadencia y caída de casi todo el
mundo) ya dicen que estamos frente a un hombre que hizo de la sátira su
modo de ver y presentarnos el mundo.
Fue además un notable caricaturista gráfico y también en
este campo usó con maestría la gracia y la ironía, que además de hacer reír- cualidad
que es puramente humana- nos pone a pensar.
La decadencia
fue editado en Cuba por la
Colección Cocuyo en 1971 del pasado siglo y aunque se imprimieron 20 mil ejemplares,
quien tiene uno, no lo suelta y se lo piensa dos veces para prestarlo.
En este libro, en el capítulo dedicado a Keops, carga su
humor en los faraones y nos divierte de lo lindo contando cómo aquellos majestuosos
caballeros egipcios hacían construir enormidades de piedras para que una vez muertos,
fueran metidos bajo un laberinto de túneles con toda la riqueza posible.
Señala Cuppy que la obra de Keops fue la gran pirámide de
Gizeh, cuya fecha de construcción data del año 3050 ane. Por supuesto no fue el faraón
quien levantó ni siquiera la primera piedra, fueron otros los que tuvieron que mover y
encaramar los casi dos millones 300 mil bloques de piedra caliza de dos toneladas y media
cada una.
Decir que los que arrastraban piedras eran felices es falso,
pero tampoco todos los que trabajaban en esas reales obras eran esclavos famélicos. Hubo
de todo, porque parece que los egipcios que mandaban entonces tenían bien claro que era
más rentable tener espaldas fuertes para llevar piedras de un sitio a otro y para eso,
había que comer.
A pesar de la creencia de que bajo las pirámides el sagrado
cuerpo del faraón y su familia se guardarían para siempre y de ahí a la inmortalidad
sólo había un paso, recuerda Cuppy cargado de razón, que a la corta o a la larga, los
ladrones entraban.
Humor fino utiliza el escritor al recordar que en la era
moderna, nos rompemos la cabeza pensando cómo en aquella remota época podía hacerse una
pirámide.
Así lo explica: Lo cierto es que construir
una pirámide es una tarea bastante fácil, aparte el levantamiento de las piedras. Todo
es cuestión de apilarlas en forma decreciente. Colocando cuidadosamente las sucesivas
capas una sobre otra, muy pronto se obtiene la pirámide. No se puede evitar.
Hay una realidad irrefutable: las tumbas faraónicas fueron
saqueadas siempre, no solamente por ladrones vulgares, también cuando un faraón - y hubo
bastantes- andaba corto de fondos, le echaba mano a las tumbas de los demás, incluso para
construir la propia.
Sobre el tema, el egiptólogo británico Nicholas Reeves sabe
mucho, pues lleva más de 25 años estudiando el famoso Valle de los Reyes en Egipto.
Está visto que los ladrones terminan descubriendo esa
puerta, ese hueco que más nos empeñamos en tapar. Y en el caso de las reliquias
antiguas, no hace tantos años que la civilización moderna empezó a cuidarlas como
realmente merecen.
En tanto esto ocurría, los saqueadores de tumbas hacían su
agosto y también las tropas extranjeras que invadieron para colonizar, colaboraron en el
saqueo. El resultado es la desaparición de verdaderos tesoros o simplemente su
destrucción total.
Tanto Egipto como otros sitios que guardan verdaderas
maravillas de la antigüedad del mundo tienen ahora leyes muy estrictas que controlan el
contrabando.
De hecho robar las tumbas de las enormes pirámides fue un
trabajo que dio comida a muchas familias y era como toda labor ilícita, una cadena
maldita que empezaba en la necesidad o el deseo, pasaba por el soborno y de ahí directo a
los agujeros secretos que los arquitectos reales planeaban y creían invulnerables.
Aunque aún existe y no es poco- el contrabando de
piezas valiosas, al menos hay un freno. Ya no cortan las manos, la nariz, ni mandan al
exilio a quien robe una tumba como ocurría en la época de los faraones, ahora van a la
cárcel.
Pero cuando Cuppy escribió su libro La
decadencia , no había leyes tan estrictas. Quizás por ello dijo sobre la
pirámide de Gizeh:
Aunque esa mole resultó un fracaso como tumba,
constituye hasta hoy una de las maravillas del mundo por ser la cosa más grande que se
haya construido jamás con un fin tan equivocado.
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