El
Diablo los junta
La Habana, 30 may (AIN) Como era de esperar, W. Bush decidió que el
terrorista Luis Posada Carriles no pagará por sus crímenes, tan siniestros como los del
11 de septiembre del 2001, como recompensa por sus "servicios prestados" a la
CIA y a la fobia de la Casa Blanca contra la Revolución cubana.
En comentario que publica hoy Granma con el título: Tradición
familiar del clan Bush, el diario recuerda que el actual Gobierno de EE.UU. erige
cárceles internacionales, incluso secretas, reniega de convenios internacionales para
juzgar sin garantías procesales a sus cautivos de la guerra antiterrorista, pero da cubil
a connotados asesinos de ciudadanos de Cuba y otras naciones.
Añade que Orlando Bosch, Posada Carriles, Pedro Remón, Guillermo
Novo Sampoll y Gaspar Jiménez Escobedo, entre otros, tienen sus manos manchadas de sangre
sin que la justicia norteamericana, y mucho menos la actual administración, los lleven al
banquillo de los acusados por sus crímenes de lesa humanidad.
Quedan impunes así los asesinos de Sergio Pérez Castillo,
funcionario cubano que perdió la vida en el bombazo que destruyó, el 3 de abril de 1972,
el piso 12 del edificio de oficinas de la Misión Comercial de la Isla en Montreal.
Granma indica que un documento del FBI, emitido el 16 de agosto de
1978, consigna: "En junio de 1974 (Orlando) Bosch admitió haber enviado paquetes
bombas a las embajadas de Cuba en Lima, Perú; Madrid, España; Ottawa, Canadá y Buenos
Aires, Argentina".
También el 9 de agosto de 1976 secuestraron, torturaron y
desaparecieron a Jesús Cejas Arias y Crescencio Galañena Hernández, acreditados en la
Embajada de Cuba en Buenos Aires.
Eran los tiempos de la criminal organización llamada (CORU),
fundada por Bosch, Posada Carriles y otros secuaces, que en ese propio año ejecutaron
decenas de acciones terroristas contra entidades cubanas y de otros países
latinoamericanos y europeos que mantenían relaciones con Cuba.
Granma, en otro artículo que publica hoy con el título ¿Dónde
está ahora Posada Carriles?, revela que los dos siniestros personajes del mundo de la
violencia y el crimen: Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, conspicuos terroristas del
continente americano, se les ve ahora juntos, caminando en animada charla por los salones
del Club Big Five, sitio más distinguido y elegante de Miami, como si fueran dos simples
inocentes, haciendo planes para una próxima fiesta de carnavales de ese lujoso lugar. |