¿Caso
cerrado?
Por Néstor Núñez
Servicio Especial de la AIN
El criminal descansa plácidamente. Al menos eso es lo que
está sucediendo con el asesino Luis Posada Carriles a instancias de la Casa Blanca, luego
de dos años de su entrada ilegal a los Estados Unidos y de la inducida decisión de una
jueza que le otorgó la libertad porque Washington todavía no se anima a calificarlo de
terrorista.
No obstante, el secretario de estado norteamericano para América
Latina, Thomas Shannon, declaró hace muy poco que para su gobierno el asunto de Posada
Carriles no está concluido, y que la Casa Blanca "sigue las investigaciones".
A quienes han seguido el proceso la proclama del funcionario suena
sin dudas extraña. Porque si ciertamente para Shannon a estas alturas nada está
terminado, es evidente que al gobierno de W. Bush solo le resta completar el montaje de
protección y complicidad levantado en torno a quien fuera uno de sus más connotados
agentes, "virtud" que, dicho sea de paso, el asesino se ha encargado de
recordarle constantemente.
En cuanto a la supuesta investigación que aún necesita la
administración norteamericana, no puede resultar una excusa más inconsistente y
burlesca.
Y es así que, luego de utilizar a Luis Posada Carriles como agente
CIA desde los sesenta de la pasada centuria hasta los años ochenta, es decir, por más de
dos décadas, aún no existe en Washington un conocimiento claro de su aviesa personalidad
y de cuanta fechoría es capaz de realizar. Entonces bien cabe una revisión de los
órganos gubernamentales de espionaje, de seguridad y policiales.
Para no pocos el calificativo de "idiotas" quedaría muy
ajustado a quienes dicen no saberlo todo, aunque ciertamente la experiencia indica que
estos pueden ser violentos, crueles y brutos, pero para nada resultan imbéciles.
Evidentemente lo que queda definitivamente a la luz es la intención
oficial norteamericana de seguir entreteniendo a la opinión pública con más y más
excusas e invenciones, mientras el criminal descansa plácidamente en un "lugar
seguro" de Miami, lejos del "acoso" de la prensa, atendido por los mafiosos
cubano-americanos ligados a la administración de George W. Bush, y con la boca bien
cerrada en torno a sus estrechos vínculos con la horda que hoy dirige los destinos de los
Estados Unidos. |