| Ilegalidades
de Bush en el caso de Posada CarrilesPor
Ángel Rodríguez Álvarez
Con la liberación del terrorista internacional Luis Posada
Carriles, la Casa Blanca puede ser calificada, más allá de las agresiones a Afganistán
e Iraq, en contumaz violadora de disposiciones legales norteamericanas y de varias leyes,
resoluciones y convenios internacionales sobre esta materia.
Comencemos por lo interno. En primer lugar, la víctima es la tan
publicitada y recurrida Ley Patriota, una de las principales medidas adoptadas por
Washington tras los atentados del 11.9. y cuyo contenido extremo llevó a Bush a proclamar
que " quien proteja a un terrorista, quien alimente a un terrorista, es tan
terrorista como él".
En el plano internacional, EE.UU. se ha situado a la cabeza de
quienes desconocen olímpicamente las normas que garantizan la convivencia organizada y
pacífica de las naciones del orbe, y valga el "mérito" no solo por los
torturados de Abu Grahib y Guantánamo y los secuestrados en cárceles clandestinas
regadas por Europa.
Esa condición es merecida, entre otros incumplimientos, como
veremos, por "ignorar" el Convenio sobre extradición suscrito con Venezuela en
1922, en virtud del cual la Unión está obligada a enviar allí al asesino para ser
juzgado por la muerte de las 73 personas a bordo del avión cubano, siniestrado por Posada
y sus mercenarios, el seis de octubre de 1976, frente a las costas de Barbados.
Pero también Bush ha convertido en papel desechable el Convenio de
Montreal para la Represión de Actos Ilícitos contra la Seguridad de la Aviación Civil,
aprobado por la ONU en 1971 y en vigor desde enero de 1973.
Hay más. El gobierno estadounidense olvidó sus obligaciones con el
Convenio Internacional para la Represión de los Atentados Terroristas cometidos
con Bombas, discutido detenidamente y aprobado de manera unánime en la Asamblea General
de Naciones Unidas, y puesto en vigor en 2001 apenas cuatro meses antes del derribo de las
Torres Gemelas.
¿Y qué decir de la Resolución 1371 del Consejo de Seguridad del
máximo organismo internacional, aprobada a instancias de la Casa Blanca, solo 17 días
después de que el World Trade Center fuera derribado con sus casi tres mil víctimas?
Todos los Convenios y Resoluciones citados establecen las
más severas condenas al terrorismo, obligan a las naciones a la adopción de medidas
internas y de cooperación internacional para combatir el
flagelo y tienen como figura jurídica común la extradición de los
autores de tales episodios, para ser juzgados en el país que así lo solicite.
De ese modo el país más poderoso del planeta, con un gigantesco
aparato de inteligencia y un presupuesto multimillonario para responder a su
autoproclamado liderazgo en la batalla mundial contra el terrorismo, se burla de los
deseos y vocación pacifistas de la humanidad.
Después de eso, ¿podrá alguien creer en la voluntad y sinceridad
expresadas en las constantes diatribas de Bush, y de la veracidad de sus listas de
naciones terroristas entre las que, para colmo, Estados Unidos no se incluye?
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