La Habana, 15 may (AIN) Sin justicia, el mundo no podrá sobrevivir, afirmó
hoy Giustino di Celmo, padre de Fabio, el joven italiano muerto durante la escalada de
atentados con bombas contra instalaciones turísticas cubanas en los años 1997 y 1998.
El anciano compareció como testigo de cargo en el juicio político
en tribunal antiterrorista La juventud acusa a Luis Posada Carriles y el gobierno de los
Estados Unidos, vista oral y pública que concluirá esta tarde luego de dos intensas
jornadas en el Centro Recreativo Juvenil José Antonio Echeverría.
Conmovida, la sala escuchó el testimonio de Di Celmo, quien
aseguró que, a pesar de haber combatido en la Segunda Guerra Mundial, hasta aquel
fatídico cuatro de septiembre de 1997 jamás había sabido lo que es el miedo, ese que
sintió cuando pensó cómo darle la terrible noticia a la madre de Fabio.
Consideró que la decisión de liberar a Posada Carriles en Estados
Unidos, sin cargo alguno, y la no menos inconcebible actitud del gobierno de ese país de
impedir que sea reconocido y juzgado como un terrorista, constituyen una burla a la
memoria de Fabio y de las muchas otras víctimas de sus crímenes.
Casi 10 años han pasado y aún espero que se haga justicia, por mi
hijo asesinado, pero sobre todo para este pueblo, que tanto ha sufrido por las agresiones
y ese bloqueo infame y genocida del gobierno de Estados Unidos, recalcó Giustino di
Celmo.
Ante el Tribunal Antiterrorista también comparecieron Marisol
Vizoso, con secuelas permanentes de la explosión de una de las bombas en el Hotel
Nacional de Cuba, y Santiago Eliseo Álvarez, quien recogió el cuerpo casi sin vida de
Fabio di Celmo para ayudar a trasladarlo al hospital.
Escuchado fue, asimismo, el testimonio de Chang Álvarez, con 13
años de edad cuando corrió peligro mortal al estar muy cerca, junto a otros niños que
como él participaban en un torneo de ajedrez, de un artefacto explosivo colocado en el
hotel Comodoro y que decidió llevarse a casa, al creer que se trataba de una calculadora.
En nombre de su pueblo, el joven salvadoreño José Oswaldo
Granados, quien estudia en Cuba, ofreció disculpas a la Isla por el proceder de hombres
como Raúl Ernesto Cruz León y Otto René Rodríguez Llerena, capaces de servir a Posada
y al gobierno de EE.UU. en su macabro empeño de destruir a la Revolución mediante actos
terroristas.
Los testigos han insistido en que las autoridades cubanas pusieron
oportunamente en manos del gobierno norteamericano toda la evidencia necesaria, sin que
hasta el momento se haya recibido respuesta y tampoco el más leve indicio de un cambio en
su política.