La Habana, 15 may (AIN) Cuba se cuenta entre las principales víctimas de ese
doble rasero que en materia de terrorismo aplica el gobierno de Estados Unidos, aseguró
hoy uno de los testigos de la acusación en el juicio político contra Luis Posada
Carriles y el imperio.
El teniente coronel Roberto Hernández Caballero sustentó esta
afirmación en su experiencia como investigador cubano que ha sido llamado a declarar en
algunos procesos judiciales en ese país, sin que la abundante y probatoria evidencia
aportada acerca de la actividad terrorista contra Cuba haya servido para lograr una justa
sentencia.
Habló, por ejemplo, de su participación en el juicio a los autores
del secuestro de un avión en Cuba para viajar a la Florida, a los cuales el jurado
declaró inocentes, luego de apenas 30 minutos de deliberaciones, a pesar de que tal
acción califica como terrorista y quedó probada fehacientemente.
Desestimadas fueron, también, las muchas pruebas que sobre el tema
presentamos en el juicio en Miami a Fernando González, Gerardo Hernández, Ramón
Labañino, Antonio Guerrero y René González, los Cinco héroes cubanos presos en Estados
Unidos por ayudar a prevenir y frustrar las criminales acciones que desde ese país se
llevan a cabo contra la mayor de las Antillas, recordó.
Había que ver a los fiscales en la vista oral, estaban tan ansiosos
por impedir que se hablara más del asunto, que llegaron a amenazar a miembros de grupos
extremistas anticubanos con enjuiciarlos, si de sus actividades terroristas daban cuenta
al ser llamados por la defensa como testigos de descargo, explicó.
Hernández Caballero prestó declaración esta mañana en el juicio
político en tribunal antiterrorista La juventud acusa a Luis Posada Carriles y al
gobierno de Estados Unidos, a propósito del repaso a la escalada de atentados contra
instalaciones turísticas cubanas en 1997 y 1998, terribles sucesos en cuya investigación
participó.
Expertos y jóvenes que han estudiado minuciosamente el caso,
también comparecieron en esta segunda y última jornada de la vista oral y pública y sus
testimonios revivieron la barbarie de un plan cuidadosamente diseñado por Posada Carriles
con apoyo y financiamiento de la Fundación Nacional Cubano-Americana.
Aquella escalada fue concebida con el deliberado propósito de
sembrar el dolor y la muerte y de hacer colapsar el turismo, sector emergente y pujante de
una economía que intentaba entonces salir de una crisis derivada del recrudecimiento del
criminal bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, el derrumbe del campo socialista y la
desaparición de la Unión Soviética.
Las confesiones de autores materiales de esas acciones y las propias
declaraciones del acusado al The New York Times, en julio de 1998, confirman que
mercenarios como los salvadoreños Otto René Rodríguez Llerena y Raúl Ernesto Cruz
León fueron reclutados, entrenados, abastecidos y financiados personalmente o por mandato
expreso de Posada Carriles.
Estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado, dijo
cínicamente ese asesino al citado diario norteamericano, para justificar la muerte del
joven turista italiano Fabio di Celmo, víctima fatal de una escalada terrorista, causante
de otros graves daños humanos y materiales.
Giustino di Celmo, padre de Fabio, compareció también en este
juicio para ofrecer un conmovedor testimonio de su vida antes y después del cuatro de
septiembre de 1997, fatídico día en que una bomba colocada en el hotel Copacabana segó
la vida de aquel joven alegre, bueno, enamorado de la vida y de Cuba.